Murcia

El día que preguntaron en el Colegio Virgen del Rosario de Alhama de Murcia qué profesión querían ejercer los escolares, la pequeña María Rosario lo tuvo claro: "Dije que quería ser guardia civil". Por aquel entonces, no había mujeres en la Benemérita y en clase todos se echaron a reír -menos una docente-. "Una profesora me dijo: 'Persigue tus sueños'", recuerda con cariño esta agente, con 29 años de servicio, cinco ataques de ETA a sus espaldas, y que acaba de pasar a la historia en Jucil, como la primera asociada elegida en el Consejo del Instituto Armado.

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"Hay que cambiar muchas cosas en la Guardia Civil, como los medios materiales que llevan los compañeros, mejorar su seguridad y sustituir coches con 400.000 kilómetros, ofrecerles más formación, actualizar el material informático obsoleto, desengranar la normativa...", enumera María Rosario, sobre los propósitos que se ha marcado como uno de los seis vocales que Jucil ha obtenido en los comicios al Consejo del Instituto Armado, donde se ha convertido en la asociación mayoritaria al recibir el 45% de los votos.

María Rosario se conoce la Benemérita al dedillo, por su larga trayectoria y porque de casta le viene al galgo: "Me he criado en la Guardia Civil, soy nieta, hija, hermana, sobrina y prima de guardias civiles".

Esta agente de Seguridad Ciudadana, nacida hace 46 años en Valencia, ha vivido en primera persona algunos de los cambios del Instituto Armado como la progresión de la mujer en las distintas unidades. "Tenía seis años cuando le decía a mi padre que de mayor sería como él y siempre me respondía lo mismo: 'No hija, la mujeres no pueden ser guardias civiles'".

Jucil se ha convertido en la asociación con mayor representación en el Consejo del Instituto Armado.

- ¿Cuándo se incorporó usted al Instituto Armado?

- Como era estudiosa, en cuanto acabé el instituto, me preparé la oposición a la Guardia Civil en una academia de Alcantarilla y aprobé. Mi primer destino fue el Cuartel de Villatobas: un pueblecito de Toledo, de poco más de mil habitantes. Yo tenía 19 años y a los vecinos les extrañaba mucho verme porque fui la primera mujer que llegó a ese puesto. La gente me decía: 'Hija, ve con cuidado'. Otros me preguntaban: '¿Tú no harás noches?' o '¿Tú no saldrás a patrullar?' Y yo siempre respondía lo mismo: 'Soy como cualquier otro compañero'. Me hice guardia para ayudar a la gente.

Prueba de ello es que María Rosario nunca se ha arrugado ni siquiera ante la barbarie de ETA, cuando siendo una veinteañera la enviaron a la Costa Dorada: uno de los objetivos recurrentes de la banda terrorista dentro de sus 'campañas de verano'. "Le dio por poner bombas en Salou y hubo cinco ataques de ETA en un año y pico, pero no lo viví con miedo como mi familia".

- ¿Cómo afrontaba usted un servicio que le podía costar la vida?

- Sinceramente, en ese momento, cuando te avisan de que hay una bomba en un hotel, no piensas en ti, eso es en lo último en lo que piensas. La adrenalina nos hacía salir corriendo al hotel para despejar la zona, evacuar a la gente y entrar a buscar el explosivo sin chaleco ni medios de protección porque en aquel momento todavía íbamos con pantalón, camisa, zapatos de vestir, pistola y grilletes. Aquello que hacíamos era trabajo en equipo. Estuve en Salou y Tarragona, desde 1995 hasta 2008, y gracias a Dios en ninguno de los cinco avisos de bomba murió nadie, solo hubo algún herido.

De balcón en balcón

María Rosario nunca ha recibido una condecoración y se ha jugado la salud varias veces, a lo largo de su trayectoria en Seguridad Ciudadana, Policía Judicial... Valga como botón de muestra la persecución que protagonizó para cazar a un ladrón, saltando de balcón en balcón, en un quinto piso de Salou, las tanganas que atajó con turistas británicos borrachos de por medio, o la investigación que realizó estando embarazada sobre un caso de abusos sexuales de un padre a su hija en Valls.

"Soy muy protestona, reivindicativa y he discutido con todos mis jefes", apunta risueña esta guardia civil, como la principal causa de tener su palmarés de méritos en blanco. Y lo cierto es que siempre ha tenido un carácter sindicalista. Así lo demostró cuando presentó una instancia, junto a otros tres compañeros, porque estando de prácticas los enviaron a la garita de la Prisión de Ocaña, sin cobrar las dietas que les correspondían, en vez de estar fogueándose y aprendiendo a patrullar en la calle.

"La reclamación que hicimos entonces era impensable, nos dijeron que nos echarían de la Guardia Civil, pero logramos que nos pagasen las dietas a nosotros y a toda la promoción, y además, nos mandaron al puesto de Seguridad Ciudadana, en vez de estar en una garita porque no era nuestro sitio". María Rosario no es de las que se rinden. De hecho, sufre una malformación congénita degenerativa en la columna y han intentado prejubilarla siete veces, pero ella no ha dado su brazo a torcer.

"A los 23 años, me agaché para abrir un grifo y no me puede incorporar, desde entonces, me han operado siete veces de la columna y un Tribunal Médico me ha intentado jubilar en siete ocasiones porque dijeron que no volvería a andar debido a que mis discos intervertebrales están desechos, pero yo sigo luchando: ando y bailo con tacones", resalta motivada. "Puedo ocupar muchos puestos y en Seguridad Ciudadana nadie puede decir que trabajo menos que un compañero".

Cuartel de la Guardia Civil en la localidad de Alhama de Murcia.

Ese espíritu infatigable y luchador la ha llevado a ir ascendiendo en la estructura de Jucil. Unos años después de que la destinasen al Puesto de Alhama de Murcia, el que más mujeres tiene en plantilla de toda la Región, la agente María Rosario entró en un grupo de WhatsApp de la citada asociación profesional y se ofreció voluntaria para ayudar en trámites legales. De ahí pasó a ostentar la Secretaría Jurídica de Murcia, la Subsecretaría Jurídica Nacional y la Secretaría Nacional de Transparencia, hasta que la designaron como número 2 de la candidatura que lideraba Ernesto Vilariño para los recientes comicios al Consejo de la Guardia Civil.

Desde hace unos días, esta agente de Alhama de Murcia, ha logrado otro hito en la citada organización: convertirse en la primera asociada que entra como vocal en este órgano colegiado, donde las asociaciones profesionales de la Benemérita y los representantes de los ministerios de Interior y Defensa regulan las condiciones laborales de los agentes de todo el país y el funcionamiento del Instituto Armado.

- ¿Por qué escogió asociarse a Jucil?

- Me atrajo la unión de Guardia Civil y Policía Nacional para reivindicar algo en lo que creo firmemente: no ser un cuerpo de segunda. Hay una diferencia abismal entre el dinero que cobra un guardia civil y un mosso d'Esquadra. Pero no se trata solo de una cuestión material, sino también moral, somos la institución mejor valorada por la ciudadanía y eso nos lo tiene que reconocer el Estado. Yo no quiero ser más que un mosso d'Esquadra, yo quiero ser igual, y estar en Jucil es una forma de reivindicarlo.

- ¿Cuál ha sido la unidad que más le ha gustado de todas en las que ha podido prestar servicio?

- El actual EDOA: el Equipo de Delincuencia Organizada y Antidrogas. Es una unidad que te permitía empezar y terminar un trabajo. En Policía Judical, por ejemplo, iba a un homicidio y me limitaba a buscar pruebas, pero en Antidrogas empezaba una investigación desde cero y debía tener mis propias fuentes. Me encantaba empezar un trabajo y terminarlo: incautando yates con droga, alijos con 26.000 pastillas... El problema es que es una unidad incompatible con la vida familiar y como tengo dos hijos decidí pasar a Seguridad Ciudadana.

Los caballos de batalla

Ahora le toca trabajar para los 15.070 agentes que han votado a Jucil. El brazo de la plataforma Jusapol en la Guardia Civil ha obtenido seis vocales en el Consejo del Instituto Armado, lo que les permitirá representar a las escalas de suboficiales, cabos y guardias. Como vocal, María Rosario centrará su trabajo en "nuestros principales caballos de batalla": la equiparación salarial, las horas extra, las pensiones y la conciliación de la vida laboral con la familiar.

"Sigue habiendo disparidad en las nónimas y en las jubilaciones porque las bases reguladoras no son las mismas, a pesar de que tenemos un mismo pagador: el Ministerio del Interior", reflexiona María Rosario. "Vamos a luchar para que sea vinculante lo que se decida en el Consejo de la Guardia Civil, porque ahora mismo, aunque todas las asociaciones de profesionales nos pongamos de acuerdo en algo, luego la que finalmente decide es la Administración".

- ¿Cuántas mujeres están asociadas a Jucil?

- Eso es algo de lo que no hacemos ni estadísticas. Considero que la igualdad consiste en tratarnos a todos por igualdad, como personas, y que no dependamos del género. Todos somos guardias y arriesgamos nuestra vida en cada turno de trabajo.

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