El mayor fabricante de vehículos a nivel mundial mueve ficha en el tablero de la política industrial de la Unión Europea. Toyota acaba de pedir una serie de medidas a la Comisión Europea y al Gobierno británico para defender su posición como actor de relevancia en el Viejo Continente.
Y lo hace en un momento en el que Bruselas prepara la Ley de Aceleración Industrial (IAA, por sus siglas en inglés) con el fin de proteger su industria automovilística. Una norma que avanza tras el acuerdo alcanzado entre Francia y Alemania en materia de emisiones y del "Made in Europe".
Cabe recordar que el grupo automovilístico nipón cuenta con seis fábricas en Europa y otras tres en la Unión Europea (Francia, República Checa y Polonia). A nivel laboral, Toyota emplea en Europa a unos 25.000 trabajadores.
En el caso de la Comisión Europea, Toyota pide a Bruselas que considere a Japón, Reino Unido y Turquía como socios de confianza, países en los que el gigante automovilístico nipón tiene presencia industrial. Así, propone rebautizar el "Made in Europe" por el "Made with Europe".
"Toyota considera que limitar el ensamblaje a la Unión Europea transmitiría una señal equivocada a los inversores que llevan años apostando por la región", explica el fabricante.
Así, Toyota considera que el valor de un vehículo fabricado en Europa va mucho más allá del origen de sus componentes: también incluye la ingeniería, la investigación y el desarrollo, el ensamblaje y el empleo cualificado que hacen posible su producción.
Además, Toyota pide que los requisitos de contenido local recogidos en el "Made in Europe", de hasta el 70%, se alcance tres años después de su entrada en vigor.
Asimismo, el gigante automovilístico nipón pide que este contenido local se calcule sobre el valor del vehículo a salida de fábrica e incluya el valor generado por la ingeniería, la investigación y el desarrollo, así como el ensamblaje final.
El borrador de la IAA también contempla que el 85% de las ventas totales de un fabricante europeo cumplan con la regla de que el 70% de su contenido sea fabricado en Europa para poder acceder a los incentivos. Toyota pide fijar un umbral más realista en el 70%.
Fijar un umbral más realista para las ventas totales de vehículos, del 70 %, que incentive la producción local y evite el 85 % propuesto, que generaría riesgos de cumplimiento desproporcionados.
No son las únicas demandas. También pide no aplicar más normativa al sector del automóvil antes de 2030, aplicar "criterios coherentes" en la contratación pública, los incentivos y las flotas corporativas, y excluir temporalmente los vehículos de pila de combustible de hidrógeno.
Yoshihiro Nakata, presidente y CEO de Toyota Motor Europe, ha señalado que "Toyota no es un invitado en Europa. Somos un fabricante europeo y queremos que la industria automovilística europea tenga éxito”.
"Para ello, es necesario establecer normas que reflejen la demanda real de los clientes, permanezcan abiertas a todas las tecnologías capaces de reducir las emisiones de CO2 y reconozcan la importante contribución de los socios estratégicos de confianza", ha apuntado el directivo.
Reducción de emisiones de CO2
En lo relativo a la reducción de emisiones de CO2, Toyota pide establecer un periodo de cumplimiento de cinco años, de 2028 a 2032, que permita suavizar la transición en torno a 2030 y 2031.
El mayor fabricante de vehículos a nivel mundial también se posiciona en la reducción de emisiones de CO2 del 90% para 2035.
Eso sí, demanda flexibilidades adicionales vinculadas a los combustibles renovables y al acero verde para cubrir la diferencia restante.
En el caso de los vehículos comerciales, Toyota pide a Bruselas una reducción de emisiones del 35% en 2030 y del 80% en 2035.
Transición realista en Reino Unido
En el caso de Reino Unido, Toyota ha valorado positivamente la revisión del mandato ZEV por parte del Gobierno británico.
Por ello, ha demandado establecer "objetivos realistas" para 2030, con una cuota máxima de vehículos de cero emisiones del 50%, en el caso de los turismos, y del 40%, en el caso de los vehículos comerciales ligeros, acompañada de medidas de flexibilidad.
La multinacional japonesa asegura que, a sólo tres años vista, las decisiones de inversión que se tomen ahora determinarán la producción hasta más allá de 2035.
También pide definir el marco regulatorio para 2035, ampliar las medidas de flexibilidad hasta entonces y reconocer los combustibles renovables como vía para reducir las emisiones. Además, demanda al Gobierno británico que aproxime su calendario al europeo.
Así las cosas, el mayor fabricante mundial de vehículos pide flexibilizar varias medidas en un momento en el que Bruselas perfila la normativa con la que quiere proteger la industria europea. Prueba de cómo la globalización ha dado paso a una regionalización.
