Un perro.

Un perro. istock

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Los expertos coinciden: los perros no hablan, pero nos "gritan constantemente" cuando están incómodos

Los perros a menudo intentan comunicarse mediante indicadores físicos sutiles que sus dueños suelen pasar por alto o malinterpretar debido a su sutileza.

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¿Alguna vez has sentido que tu perro intenta decirte algo pero no logras descifrarlo? Aunque no utilicen palabras, los caninos envían mensajes de forma constante.

La dificultad radica en que gran parte de su lenguaje corporal se compone de gestos tan sutiles que suelen pasar desapercibidos en la convivencia diaria o, lo que es peor, confundirse con comportamientos tiernos o simplemente curiosos.

Aprender a leer estos mensajes no solo previene problemas de conducta en el hogar, sino que permite fortalecer la convivencia.

"Los perros no hablan, pero gritan constantemente. El problema es que muchas de las señales que nos envían son tan sutiles que las pasamos por alto o peor aún, las malinterpretamos", advierte el educador canino Enric. Aprender a identificarlas "llevará vuestro vínculo a otro nivel".

Bostezos fuera de contexto y lambetazos breves

El primer indicador de molestia es el llamado bostezo falso. Salvo que el animal se esté despertando de la siesta, realizar este gesto durante una consulta veterinaria, un abrazo infantil o una reprimenda no refleja cansancio.

"Ese bostezo es una señal de desplazamiento. Tu perro está intentando liberar tensión y autotranquilizarse porque la situación le supera. Es su forma de decir: 'Estoy incómodo, por favor baja la intensidad'", señala el experto.

Ante este comportamiento, lo más adecuado es analizar el entorno y darle espacio.La segunda señal consiste en lamerse el hocico rápidamente (lip licking).

No ocurre al terminar de comer, sino como un movimiento fugaz de lengua cuando alguien se le aproxima o le habla con tono serio.

"En este caso es una señal de calma. El perro te está pidiendo paz, te está diciendo que no quiere problemas. Es un gesto muy rápido, casi un destello, pero que si lo detectas a tiempo puedes evitar que el estrés suba de nivel. Si por ejemplo lo hace mientras lo acaricias, detente: te está diciendo que ya ha tenido suficiente", advierte Enric.

El 'ojo de ballena' y la sacudida de reajuste

El denominado "ojo de ballena" se manifiesta cuando el perro gira ligeramente la cabeza pero mantiene la mirada fija en un punto, dejando al descubierto la parte blanca del ojo (la esclerótica).

"Es una señal clarísima de ansiedad o de que el perro se siente amenazado y está protegiendo algo. Lo vemos mucho cuando los perros están comiendo y alguien se acerca, o cuando un extraño intenta tocarles un juguete. Si ves el ojo de ballena no te acerques más; tu perro te está dando una advertencia visual antes de tener que gruñir", detalla el educador.

Por su parte, la cuarta señal suele confundir a los tutores: sacudirse en seco sin estar mojado. Ocurre con frecuencia tras interactuar con otro perro o superar un momento de tensión.

"En etología lo llamamos reset y es literalmente sacudirse el estrés de encima. Es una señal excelente porque indica que el perro está intentando volver a la calma, pero también te indica que lo que acaba de pasar ha sido estresante para él", expone el especialista, aconsejando revisar las rutas de paseo si este comportamiento se repite constantemente.

Rigidez corporal y conductas descontextualizadas

Cuando un can se queda completamente inmóvil, con la mirada fija y el cuerpo tenso, no está simplemente concentrado.

"Realmente está en estado de shock o evaluando si debe atacar o huir. Es claramente el paso previo a una explosión de reactividad. Si tu perro se queda rígido al ver a otro, no esperes a que ladre: rompe esa fijación suavemente y llévatelo de ahí", subraya Enric.

Por último, aparecen las conductas de desplazamiento extrañas, como ponerse a rascarse la oreja frenéticamente o husmear una mancha del suelo justo en mitad de una sesión de adiestramiento.

"No es que tenga pulgas ni que haya encontrado un rastro de trufa; es que está frustrado o confundido. No entiende qué le pides y su cerebro desconecta haciendo otra cosa para aliviar la presión. Si esto pasa, deja de exigirle, baja el nivel de dificultad y vuelve a empezar con algo más fácil", concluye el educador.

Entender estas seis señales permite transformar la relación diaria, recordando que "un perro que se siente escuchado es un perro mucho más equilibrado y feliz".