Durante años, uno de los mitos más extendidos en el mundo del adiestramiento canino aseguraba que si tu perro buscaba refugio en ti durante una tormenta, un espectáculo de pirotecnia o una situación estresante, debías ignorarlo.
La creencia popular sostenía que al brindarle caricias o atención en ese momento, estabas "reforzando" su temor.
Hoy en día, la ciencia y la psicología animal han desmontado por completo esta idea. Si tu perro busca tu contacto cuando siente pavor, brindarle afecto no va a aumentar su miedo: le ayuda a gestionarlo.
"Hay un mito muy grande de que si el perro viene hacia nosotros buscando contención porque tiene miedo, no tenemos que abrazarlo y no tenemos que prestarle atención porque vamos a reforzar ese miedo", afirma Mel Brizuela.
En un podcast de Filosofía Animal, la educadora canina confiesa que, ella misma, trabajó durante años bajo ese paradigma. "Cuando yo me formé como educadora canina, me dijeron exactamente eso. Después tuve la suerte de estudiar psicología y pude entender más cómo son los mecanismos de aprendizaje y los condicionamientos".
El mito del "miedo reforzado"
Para comprender por qué es adecuado consolar a nuestras mascotas, es fundamental entender qué es el miedo desde un punto de vista biológico y psicológico.
A diferencia de un comportamiento consciente (como sentarse o dar la pata a cambio de un premio), el miedo es una emoción. No se puede "premiar" ni "reforzar" una emoción primaria involuntaria mediante condicionamiento operante.
Brizuela señala la incoherencia de pensar que un animal (o un humano) elija sentir pánico para obtener atención: "El miedo es una respuesta involuntaria del organismo. No se puede reforzar; por definición es una contradicción".
Nadie elige tener miedo para recibir un refuerzo. Es un sentimiento que aparece instintivamente. "Es una respuesta involuntaria que no elige el animal".
La analogía con la infancia
Para entender el impacto de nuestra reacción, Mel Brizuela propone una comparación muy directa con el comportamiento humano. Si un niño tiene miedo y viene a pedirnos ayuda, nadie duda que hay que ayudarlo. Con los perros es lo mismo.
"Si cuando tu perro tiene miedo, te busca es porque eres su lugar seguro, el mejor refugio que puede tener en el mundo. Acarícialo, apóyalo. No vas a estar reforzando el miedo, vas a estar ayudándolo a pasar mejor esa situación".
Cuando un perro te busca, está utilizando la figura de apego que ha construido contigo. Negarle la atención en ese instante no le enseñará a "ser más valiente", sino que incrementará su desamparo y su nivel de cortisol (la hormona del estrés).
Transmitir calma
Si tu perro acude a ti asustado, aquí tienes algunas pautas para transmitirle calma eficazmente. "Sé su calma, no su amplificador". La experta afirma que lo mejor que podemos hacer es acompañarlo con serenidad. "Evita hablarle con tono agudo o alarmado; utiliza una voz suave, pausada y firme".
Además, si lo pide, es fundamental proporcionarle contacto físico. "Acarícialo de manera pausada y firme. Las caricias lentas en el pecho o el lomo ayudan a reducir el ritmo cardíaco". Mientras que si el animal prefiere estar pegado a ti sin que lo toques, simplemente permítele permanecer a tu lado.
Crear un espacio de seguridad es fundamental para acompañar los miedos del otro. Facilitarle el acceso a zonas donde se sienta resguardado, bajo la cama, en su cuna, un transportín abierto o una habitación interior sin ventanas, es un primer paso importante para invitarle a cambiar su percepción.
En esos casos, si el perro prefiere esconderse y no busca contacto directo, respeta su espacio. Nunca lo obligues a salir ni lo expongas a la fuerza a aquello que le da miedo.
"Tu perro no te busca para "manipularte" ni para conseguir una golosina afectiva a costa de pasarlo mal. Te busca porque te considera su lugar seguro en el mundo", concluye la educadora.
Si tu compañero de cuatro patas acude a ti temblando, no dudes en acariciarlo, abrazarlo y hacerle saber que está a salvo.
