Publicada

Tocar, alimentar, sostener en brazos o fotografiarse con fauna silvestre en cautividad es una realidad extendida por toda España.

Así lo revela una investigación realizada por la coalición ecologista InfoZOOS, integrada por las fundaciones FAADA y ANDA, que ha localizado cerca de cuarenta establecimientos en el país que comercializan este tipo de interacciones físicas con animales salvajes.

El mapa resultante evidencia que, lejos de ser incidentes aislados, estas dinámicas forman parte de una oferta de ocio generalizada en el territorio nacional.

Estas propuestas suelen venderse al público como experiencias pedagógicas, familiares o de concienciación medioambiental. Pero, en realidad, como advierten las organizaciones promotoras, acarrean en realidad graves amenazas para la integridad de los asistentes, la salud colectiva y el equilibrio de los propios animales.

La alarma es especialmente preocupante en complejos que reciben anualmente a miles de alumnos y núcleos familiares, donde la cercanía con especies silvestres se normaliza como un juego inofensivo ignorando sus peligros intrínsecos.

Desde la coalición recuerdan que la fauna no doméstica mantiene sus reacciones instintivas y comportamientos impredecibles, sin importar que hayan sido criados en cautiverio o muestren tolerancia hacia las personas.

Un animal en una jaula. FAADA

Eventos como mordiscos, arañazos o maniobras defensivas imprevistas pueden desatarse en cualquier instante, exponiendo a empleados y visitantes a daños que se podrían evitar.

Un problema de bioseguridad

A la seguridad física se añade un problema de bioseguridad de gran escala. La mayoría de las patologías infecciosas humanas proceden del reino animal y tres de cada cuatro enfermedades emergentes son de carácter zoonótico.

Por esto, la proximidad estrecha potencia el intercambio de virus y bacterias en ambas direcciones. Este peligro se multiplica cuando las especies sufren un estrés crónico derivado del manoseo constante por parte del público.

Virginia Iniesta, veterinaria de FAADA, incide en que carece de sentido impulsar estas actividades en una época marcada por el enfoque global One Health (Una Sola Salud), que vincula el bienestar humano, animal y ambiental.

Según indica, es incoherente el fomento de escenarios que aumenten la transmisión de enfermedades de forma innecesaria.

Las granjas escuelas

Estas especies exóticas no solo se han introducido en los llamados zoos, sino que han llegado a espacios orientados a la infancia, como algunas granjas escuelas.

Según InfoZOOS, se está transmitiendo a las nuevas generaciones un concepto equivocado de la naturaleza, exhibiendo a los animales como figuras sumisas concebidas para el divertimento, en lugar de respetarlos como seres con necesidades individuales.

Desde el punto de vista del bienestar animal, se recalca que las sesiones de fotos y la manipulación forzada cronifican el miedo y desajustan la conducta de las especies, algo incompatible con los objetivos de conservación que deberían regir estos centros.

La investigación también desenmascara a aquellos negocios que se amparan bajo la etiqueta de "refugios" para captar clientes.

La coalición aclara que las verdaderas entidades de rescate y rehabilitación de fauna jamás permiten el contacto directo con el público general, ya que su prioridad absoluta es el aislamiento del animal para mitigar su estrés y asegurar su recuperación.

El documento elaborado recopila de forma detallada los establecimientos que operan bajo estas fórmulas con la meta de exigir reformas legislativas y administrativas que pongan fin a este tipo de explotación.

Asimismo, Alberto Díaz, director de ANDA, concluye con un llamamiento a la responsabilidad ciudadana para dejar de consumir y financiar estos servicios, recordando que detrás de una aparente fotografía inocente se esconde el sufrimiento animal y un mensaje que legitima el abuso de la fauna salvaje.