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"Soy el primer activista por los animales al que han encarcelado en Marruecos", afirma Ali Izddine, presidente y fundador de la Société Protectrice des Animaux du Maroc y coordinador de las protectoras de animales de Marruecos, en una entrevista con Mascotario.

Lleva años luchando contra su propio gobierno para intentar mejorar el bienestar de los animales. Ha estado al frente de muchas batallas y rescates y, aunque cansado, no se rinde.

Hace un tiempo intentaron imputarle cargos muy graves y estuvo casi dos meses en la cárcel. Le persiguieron por denunciar el plan de exterminio de cuatro millones de perros relacionado con la organización del Mundial de 2030 y por conceder entrevistas a medios internacionales.

"Entendieron que yo estaba dañando su imagen, el turismo y la organización de la Copa del Mundo, cuenta". Recibió cargos surrealistas, pero peligrosos: le acusaron de ser agente de Israel y del Mossad, caníbal que da los restos a los perros o traficante de órganos humanos enviados a Israel.

Estuvo dos meses encarcelado y finalmente fue declarado inocente y puesto en libertad. Pero le repetían que, si querían, podían tenerle allí hasta después de 2030.

El Mundial de 2030

Esa fecha marca un límite. España, Portugal y Marruecos están organizando conjuntamente el Mundial de 2030 y fue el rey Mohamed VI quien anunció la participación de su país, lo que vincula su imagen directamente con el cumplimiento de los compromisos internacionales.

Cuando Marruecos presentó su candidatura, todos los países firmaron que no maltratarían animales. "Eso ya había sido un problema en Brasil y Rusia: cuando la FIFA manda sus delegaciones, no miran solo estadios, sino también infraestructuras, seguridad, salud pública… y ven los perros en la calle", explica el activista.

Las autoridades marroquíes temen que la Federación Internacional de Fútbol considere que los perros callejeros son un riesgo para turistas y aficionados, por posibles ataques o por la rabia. Para protegerse, el país prometió no matarlos y aplicar el programa TNVR.

Trap-Neuter-Vaccinate-Return: capturar, esterilizar, vacunar y devolver a la calle. Es el método recomendado por la Organización Mundial de la Salud y ha demostrado funcionar en otros países, como Reino Unido, Canadá, Australia y Turquía.

Sin embargo, Ali cuenta que, en la práctica, siguen matando a los perros por todo el país: "Con disparos, envenenamientos o encerrándolos en centros donde desaparecen. Tenemos vídeos de animales asesinados y arrojados al basurero".

Campos de exterminio

Los centros que prometieron organizar para aplicar el TNVR en realidad tiene un funcionamiento macabro: llevan allí a los perros y ya no vuelven a ver la calle. "Están hacinados, débiles y vulnerables. No hay respeto a las libertades del animal. Es un almacén de perros, no un programa de control ético", explica.

Cuando en Agadir construyeron el centro animal piloto del TNVR, una amiga suiza de Ali, con más de mil perros en refugio, firmó un convenio con la ciudad. "Yo le advertí de que la usarían como Cruz Roja para legitimar un campo de concentración. Al principio colaboró, pero después de ver la realidad ha decidido retirarse".

Sin embargo, parece ser que no es el Rey quien manda aquí. Ali cuenta que, además de ser muy querido, le gustan los animales y tiene muchos perros. En 2017 le enviaron una carta pidiéndole que pararan las matanzas. Respondió indicando que iba a dar instrucciones para que se dejara de matar perros y se aplicara el programa recomendado. "En 2019 seguían matando perros. Alegaban retrasos por el covid. Ahora estamos en 2026 y nada ha cambiado en lo esencial", indica.

Quien manda en este asunto, asegura Ali, es el Ministerio del Interior, aunque también participan el de Sanidad, la Orden de Veterinarios y el Ministerio de Agricultura a través de la ONSA. El Estado utiliza los medios públicos para hacer operaciones de propaganda, mostrando una realidad falsa de cuidado animal mientras las matanzas continúan fuera de cámara.

Ali Izddin con su perro. Ali Izddin

Durante años le propusieron terrenos y presupuestos para "recoger" a todos los perros. Pero, en realidad, querían un vertedero, no un programa TNVR: llevarlos allí cada día y luego dejar de darle las ayudas económicas necesarias. Hay intereses geopolíticos detrás de esta historia, pero no hacen desaparecer los cadáveres de perros.

"Estamos sobre el terreno, con vídeos, datos y testimonios. No somos una herramienta de ningún país extranjero: defendemos animales y eso molesta". Ahora, en Casablanca se ven cada vez menos perros. "Son víctimas de su bondad y se dejan capturar". Mientras, todavía hay muchos gatos: esquivos, desconfiados, huyen y se esconden de las manos desconocidas.

Una vida dedicada a los animales

Ali ha vivido en cuatro continentes y 15 países: Estados Unidos, Canadá, Noruega, Dinamarca, Suecia, Francia, España, Alemania… Pero al final decidió regresar a Marruecos para ayudar a su tierra.

Eligió dedicar su vida a los animales porque "son los más débiles" y, ayudándoles, también protege a los humanos, bajo el principio de una sola salud. En su protectora rescatan animales enfermos o accidentados, los alimentan, aplican el programa y los devuelven al territorio, supervisando que no sufran maltratos ni conflictos.

Intentan perseguir casos de maltrato, pero sin una ley de protección animal eficaz, casi nunca pasa nada en los tribunales. Sin embargo, Ali no puede vivir de eso. Solo alimentar bien a un perro cuesta entre 20 y 30 euros al mes y las operaciones rondan, como mínimo, los 400 euros. Necesitan miles de euros al mes; por eso él trabaja como consultor para empresas extranjeras. No reciben ningún aporte económico del gobierno: se mueven con sus propios recursos.

Crearon Adopet, una plataforma que reúne todas las funciones necesarias: permite poner en adopción cualquier animal y que otros lo adopten, anunciar la pérdida o el encuentro de una criatura. Es global, abierta a cualquier país.

La violencia traspasa

Su implicación es total y en su voz se perciben rabia y tristeza, pero, sobre todo, ganas de mover hilos y cambiar la situación. La masiva cantidad de animales callejeros no es un fenómeno exclusivo de Marruecos: pasa en muchos países en desarrollo.

"Una perra tiene dos celos al año, con varias camadas, y la gente abandona los cachorros en la calle". Algunos vienen de hogares, otros llevan generaciones naciendo allí. Son víctimas de las decisiones políticas y del abandono.

Según él, matar a los perros no resuelve el problema, sino que lo empeora: "La naturaleza odia el vacío. Estos animales controlan ratas y otros vectores. Las matanzas alteran la dinámica de las manadas y favorecen la expansión de enfermedades".

La rabia se transmite de perro a gato y de gato a niño; un arañazo puede pasar desapercibido y ser mortal semanas después. Pero el Gobierno, en vez de aplicar la ciencia, utiliza esa tragedia para justificar la matanza y decir a los occidentales: "Ves, los perros son un peligro".

Al mismo tiempo, ver animales tiroteados o envenenados provoca traumas psicológicos. Estudios de criminología muestran que muchos asesinos en serie comenzaron maltratando animales y luego compañeros de escuela, parejas, familiares… "La violencia se reproduce".

Muchos turistas y niños ven la violencia hacia los animales en Marruecos, se impactan y se llevan ese trauma de vuelta a sus países. Es un problema global que nos incumbe a todos y, como concluye Ali, "la violencia no se queda en la frontera".