Las inundaciones provocadas por la borrasca Leonardo han golpeado con una dureza histórica a Andalucía y han dejado en primera línea una realidad muchas veces invisible: la vulnerabilidad de los animales, domésticos y salvajes, cuando el agua lo arrasa todo.
Durante los últimos días, la tormenta ha descargado lluvias muy intensas sobre casi todas las provincias andaluzas, especialmente Cádiz, Málaga, Jaén y Córdoba.
En lugares como Grazalema se han registrado más de 500 litros por metro cuadrado, el equivalente aproximado a la lluvia de todo un año concentrada en muy poco tiempo.
Esta acumulación ha desbordado ríos como el Guadalete o el Guadalquivir, ha anegado carreteras, campos y viviendas, y ha obligado a evacuar a unas 4.000 personas en la comunidad.
En este paisaje de emergencia, miles de animales han quedado atrapados: mascotas en casas rurales, perros en refugios precarios, ganado en marismas y fincas, fauna salvaje sin posibilidad de huir.
Entre el barro y el agua
En las zonas rurales de Jerez de la Frontera, donde la crecida del Guadalete ha inundado barriadas como Las Pachecas o San Isidro de Guadalete, la Guardia Civil ha tenido que emplear lanchas y hasta helicópteros para sacar a vecinos y a sus animales.
En uno de los rescates más difundidos, el Grupo Especial de Actividades Subacuáticas accede con una lancha neumática a una vivienda rodeada por el agua para llevarse a las mascotas de una familia, mientras otra es evacuada en helicóptero.
Las imágenes muestran salones convertidos en estanques y perros que pasan de una ventana al regazo de los agentes, empapados y temblorosos, pero vivos.
Granada ha sido escenario de otras escenas igualmente dramáticas: en Huétor Tájar, dos perros de raza pastor alemán quedaron atrapados en una finca completamente inundada, exhaustos, sin fuerzas casi para mantenerse a flote.
Agentes de la Guardia Civil, con ayuda de dos operarios de ADIF, entraron en el agua hasta rescatarlos, llevándolos a un terreno seco en evidente estado de debilidad. En Benalúa de las Villas, otros dos perros tuvieron que ser sacados de un sótano inundado, en un operativo a contrarreloj para evitar que se ahogaran.
Estas historias, que circulan en vídeos y crónicas, reflejan un patrón: los animales quedan atrapados donde se sienten seguros —una casa, un garaje, una finca—, pero esos refugios se convierten de repente en trampas bajo el agua.
La protectora de Los Barrios
Mientras las autoridades activan planes especiales para proteger a la población humana, muchas protectoras y santuarios de animales viven estas inundaciones en un limbo organizativo.
En el Campo de Gibraltar, por ejemplo, la perrera de Los Barrios ha tenido que lanzar llamamientos urgentes para evacuar a decenas de perros ante el riesgo de que el agua alcanzara los cheniles, apoyándose en voluntarios y adopciones de emergencia.
El Partido Animalista PACMA ha aprovechado esta situación para denunciar una carencia estructural: los refugios y santuarios no aparecen de forma expresa en el Plan Territorial de Emergencias de Andalucía.
La formación reclama que se elabore un mapa de todos estos centros, muchos situados en zonas rurales e inundables, y que se integren en los protocolos oficiales para poder coordinar su evacuación igual que se hace con colegios o residencias.
En esos refugios se concentran cientos de perros, gatos y otros animales que dependen totalmente de sus cuidadores y que, sin respaldo institucional, quedan expuestos a una "tragedia previsible" cada vez que la meteorología se desborda.
Salvar a contrarreloj una forma de vida
El temporal no solo ha afectado a las mascotas y a los animales de refugio, sino también al ganado que vive en zonas inundables como las marismas de Doñana.
En la comarca de Huelva, ganaderos y yegüerizos han evacuado alrededor de mil cabezas de ganado —yeguas, vacas, ovejas— de la Marisma Gallega, trasladándolas a cotas más altas para evitar que quedaran atrapadas por la subida del agua.
Se prepara además el traslado de unas 350 reses más desde la zona de Las Marismillas, donde se espera que llegue un nuevo volumen de agua en los próximos días. Muchos de estos animales están preñados o en plena época de pariciones, lo que añade urgencia y riesgo al operativo.
Las crónicas desde Doñana hablan de pastores que conocen cada recodo de la marisma, acostumbrados a seguir los ritmos del agua, pero que ahora se ven forzados a maniobras mucho más rápidas por la intensidad de las lluvias y la saturación de los cauces.
No solo está en juego el bienestar inmediato de los animales, sino también la continuidad de razas ligadas al territorio, como la yegua marismeña, y una forma de ganadería extensiva que depende de estos ecosistemas inundables.
Tenerlos en cuenta
Las escenas de estas inundaciones muestran hasta qué punto los animales forman parte de las emergencias, aunque a menudo no se les tenga en cuenta en los papeles.
Los servicios de rescate, como la Guardia Civil, la UME y los bomberos, incluyen cada vez más a los animales en sus operativos, pero lo hacen muchas veces desde la buena voluntad, sin protocolos específicos que indiquen qué refugios hay que evacuar primero, qué recursos se necesitan o quién asume la coordinación.
Organizaciones animalistas y profesionales del sector insisten en que, en un contexto de fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes, dejar a los animales fuera de los planes de emergencia significa condenarlos a morir ahogados, encerrados o abandonados en instalaciones que se sabe que están en riesgo.
Integrar a refugios, explotaciones ganaderas vulnerables y santuarios en la planificación oficial, elaborar mapas de riesgo específicos y formar a los equipos de rescate en protocolos para animales son pasos clave para que, cuando vuelva a llover sobre mojado, no haya que improvisar otra vez entre el barro y la urgencia.
