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Durante los últimos días, los múltiples accidentes ferroviarios ocurridos en diferentes puntos del país han requerido la intervención de equipos especializados de búsqueda y rescate. En estas operaciones, la colaboración de los perros entrenados ha sido fundamental para localizar tanto a supervivientes como a víctimas.

Álvaro Martínez, responsable de la disciplina de perros de búsqueda y rescate en la Real Sociedad Canina de España, explica que "los perros que trabajan bajo el marco de la Real Sociedad Canina son, en realidad, miembros de unidades de la Guardia Civil con una formación muy específica".

"El trabajo de un perro especializado en la búsqueda de cadáveres no difiere demasiado del de los perros dedicados a la detección de explosivos o drogas, al menos en lo que respecta al adiestramiento y la metodología", señala Martínez.

El proceso de adiestramiento

"El entrenamiento se basa en el condicionamiento clásico, como en el experimento de la campana de Pavlov", añade. "Se enseña al perro que, tras responder correctamente a un estímulo u orden, recibirá un premio".

Los adiestradores utilizan esta técnica para "engañar" positivamente al perro: el animal busca lo que se le pide a cambio de un refuerzo, generalmente un juguete o una pelota. En el caso de los perros de cadáveres, se utilizan restos humanos reales con fines de entrenamiento.

Según Martínez, "a través del Instituto Anatómico Forense o de determinados hospitales, siempre con las autorizaciones judiciales necesarias, se obtienen muestras como un fragmento de dedo, piel o incluso un miembro amputado". Estas muestras se esconden durante las prácticas, y el perro recibe su recompensa al localizarlas.

"Se empieza con restos de gran tamaño —un cuerpo completo o una extremidad— y luego se avanza hacia muestras más pequeñas, como sangre o tejidos. Esa precisión es esencial para colaborar en investigaciones judiciales", puntualiza.

El proceso completo de adiestramiento puede prolongarse cerca de un año y requiere una selección genética muy cuidadosamente planificada. "No queremos un perro nervioso o impulsivo, sino uno tranquilo, metódico y con gran capacidad de concentración", afirma Martínez.

Temperamento y razas más comunes

En intervenciones recientes, los equipos caninos han tenido que buscar restos minúsculos, como un dedo o una mano, que emiten una cantidad de olor muy reducida comparada con la de un cuerpo entero. "Ese trabajo minucioso es vital tanto para la investigación judicial como para que las familias puedan despedirse dignamente de sus seres queridos", subraya el adiestrador.

Las razas más utilizadas en este tipo de tareas son el pastor alemán y el pastor belga malinois, por su inteligencia, resistencia y obediencia. Sin embargo, también se emplean labradores retriever o border collies debido a su nobleza y ductilidad.

"Necesitamos perros valientes, capaces de saltar dentro de un vagón, trabajar en la oscuridad y desenvolverse entre polvo, fuego o humo", explica Martínez. Sin embargo, advierte que los perros procedentes de protectoras suelen plantear más dificultades. "No saber qué vida han tenido puede ser un problema: después de meses de entrenamiento, un miedo o trauma desconocido puede provocar un fallo en una intervención crítica".

Por eso, la selección individual de cada ejemplar resulta determinante. Martínez insiste: "Buscamos un perro con buen temperamento, equilibrado y valiente ante situaciones adversas. Estas cualidades no dependen estrictamente de una raza concreta. Cada perro es único y su carácter, personal e irrepetible. Hay ejemplares de cualquier raza capaces de desempeñar un trabajo excelente, y también los hay que, pese a pertenecer a razas consideradas ‘idóneas’, no responden al perfil buscado".