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La cuenta atrás para el regreso de El Diamante comienza a llegar a su fin. El cofrade malagueño Rafael López Taza, que en mayo anunció que se haría cargo de la mítica cafetería de Pozos Dulces, en el Centro de Málaga, ha confirmado a este periódico que el local volverá a abrir sus puertas, si todo va bien, en la primera quincena de octubre.

Todavía no hay un día concreto marcado en el calendario. López Taza sí tiene claro que será en las próximas semanas, algo más de cuatro meses después de anunciar en sus redes sociales que sería él quien recogería el testigo de Francis Cerezo y Mariví Castillo.

El bar, uno de los más queridos del centro histórico, regresará con un nombre ampliado, El Diamante "Taberna del Taza", y con más horas de servicio. En sus últimos tiempos solo abría para los desayunos, y el nuevo responsable quiere recuperar el mediodía.

Los desayunos seguirán siendo la base del negocio. Como subrayó López Taza en mayo, "eso es un clásico". A ellos sumará lo que entonces describió como "un buen tapeo, un buen vino, una buena cerveza", con productos de Málaga y Andalucía en su mayor parte.

Cuando dio a conocer el proyecto, escribió en Facebook que volver a abrir El Diamante suponía "devolverle vida a un lugar lleno de historias, encuentros y recuerdos". Explicó también que lo movía "poder aportar como malagueño mi granito de arena y rescatar ese bar, guardando su esencia e intentando mejorar todo lo que pueda".

El nombre de esta nueva etapa guarda un doble homenaje familiar. Su abuelo paterno trabajó de joven como camarero en El Diamante, y su madre y sus tíos, los Taza, nacieron en la propia calle Pozos Dulces, a unos metros de la puerta del bar.

Así, trata de rendir tributo a esa rama materna y es, al mismo tiempo, un guiño a su propio apodo, ya que en Málaga son muchos los que lo conocen como "el Taza" por su segundo apellido.

El nombre de Rafael López Taza es especialmente conocido en el mundo cofrade. Durante 16 años fue hermano mayor de la Hermandad de la Sagrada Cena, que le concedió su Medalla de Oro, y en 2024 llegó a encarnar al Rey Gaspar en la Cabalgata Oficial de Reyes Magos de Málaga, que siempre viene de la Agrupación de Cofradías.

Profesionalmente ha ejercido como delineante y ha desarrollado su carrera como jefe de obra, primero en edificación y en los últimos años como supervisor de obras ferroviarias del AVE. De joven tuvo una breve experiencia con un pequeño bar rociero que solo abría por las noches, pero con El Diamante llega su primera vez al frente de un negocio de mayor medida.

El Diamante

El Diamante acumula más de siete décadas de historia. Sus raíces se remontan a 1949, cuando José Gálvez Toro y su mujer, Aurora Toro Alcaide, fundaron en la calle Compañía un pequeño bar al que llamaron El Brillante.

El precio del alquiler los empujó a trasladarse a Pozos Dulces, donde lo rebautizaron con el nombre que ha llegado hasta hoy. Según contó el hijo del fundador a La Opinión de Málaga, don José quería que todo lo que hacía "brillara".

En aquellos primeros años el local servía sobre todo desayunos y tapas que cocinaba la propia Aurora. Por aquella barra pasó como camarero el abuelo López, un dato que su nieto rescata ahora como un círculo que se cierra.

Tras la muerte de don José en 1991 llegó al negocio Francis Cerezo, con 22 años, recién terminada la mili y sin encontrar trabajo como electricista. Lo que iba a ser una salida provisional se convirtió en el oficio de su vida.

En 1997 Francis se quedó al frente del bar junto al camarero Pedro. A su lado estuvo siempre Mariví, primero novia y después esposa, su compañera inseparable detrás del mostrador de mármol.

Durante más de 30 años el local mantuvo su esencia frente a modas, crisis y la pandemia de 2020. Sus señas de identidad fueron el pitufo de salchichón de Málaga con mantequilla "Zas", la leche con fresa y un trato tan cercano que muchos clientes se cobraban ellos mismos con el datáfono y recogían su mesa como en casa.

La pareja se despidió del negocio por motivos de salud, ya que la incapacidad reconocida a Francis les obligó a poner fin a más de 3 décadas de trabajo. Ya cuando anunciaron la marcha ambos dejaron claro que querían traspasar el negocio y que confiaban en que Málaga arropara a los nuevos responsables con el mismo cariño que ellos habían recibido.

Si se cumplen los plazos, antes de que termine la primera quincena de octubre el Centro recuperará uno de sus referentes, con su leche con fresa, sus pitufos y una barra por la que, décadas atrás, ya pasó un López y que aún resiste ante tanto brunch y tostadas con aguacate y salmón.