Apenas unos meses después de que Francis Cerezo y Mariví Castillo sirvieran sus últimos cafés tras 32 años al frente del negocio, El Diamante, cafetería icónica del Centro de Málaga, ya tiene quien recoja el testigo.
El malagueño Rafael López Taza, figura muy conocida en el mundo cofrade de la ciudad, ha anunciado a través de Facebook que será él quien levante de nuevo la persiana de uno de los locales más queridos del centro histórico, que pasará a llamarse El Diamante "Taberna del Taza".
El anuncio, cargado de emoción, lo ha hecho el propio López Taza en sus redes sociales. "Volver a abrir las puertas de Bar El Diamante no es solo recuperar un bar emblemático de Málaga; es devolverle vida a un lugar lleno de historias, encuentros y recuerdos", escribió.
El nuevo responsable reconoce que asume el proyecto "con muchísima ilusión, respeto por su esencia y ganas de hacer que vuelva a brillar como siempre mereció", y agradece a quienes han mantenido vivo el cariño por el local durante todos estos años. La reapertura, según ha adelantado, será "muy pronto", pero aún quedan días de limpieza para poner a punto el negocio.
Lo que pocos saben es que el lazo de López Taza con El Diamante viene de mucho antes. Su abuelo paterno, un López, trabajó allí como camarero siendo joven, un detalle que convierte esta reapertura en algo más que una operación hostelera: es también el regreso de un apellido a la barra donde estuvo hace décadas. A esa raíz se suma otra igual de personal, esta vez por línea materna.
Su madre y sus tíos, los Taza, nacieron en la calle Pozos Dulces, la misma vía en la que se ubica el bar. De ahí el nombre elegido para esta nueva etapa, "Taberna del Taza", un homenaje doble: rinde tributo a esa familia hija de Pozos Dulces y, al mismo tiempo, es un guiño a él mismo, ya que en Málaga muchos le conocen como "el Taza", por su segundo apellido.
En el cartel del bar quedan así reunidas, de algún modo, las dos ramas familiares: el López que sirvió cafés en El Diamante y los Taza que crecieron a unos metros de su puerta.
Aunque profesionalmente Rafael López Taza ha ejercido como delineante, ahora se mete de lleno en el mundo de la hostelería. Su carrera laboral se ha desarrollado siempre como jefe de obra, primero en edificación y, en los últimos años, como supervisor de obras ferroviarias del AVE.
Sí reconoce que, siendo joven, tuvo "sus pinitos" con un pequeño bar de ambiente rociero que solo abría por las noches, "pero no tenía nada que ver con lo que es El Diamante".
Preguntado por su motivación para dar este paso, asegura que lo que le mueve es "poder aportar como malagueño mi granito de arena y rescatar ese bar, guardando su esencia e intentando mejorar todo lo que pueda".
"He tenido el privilegio de aportar mi granito de arena como cofrade al mundo cofrade de Málaga, y ahora quiero aportar mi granito de arena como malagueño, rescatando este emblemático bar y poniéndolo en valor para todos los malagueños y todos los visitantes que quieran entrar a él", añade.
Una de las novedades que trae la nueva etapa es la ampliación del horario. En los últimos tiempos, El Diamante solo abría para los desayunos, y López Taza quiere recuperar "esas horas que ya se perdieron". Habrá, por supuesto, desayunos —"eso es un clásico", subraya—, pero también servicio al mediodía: "Un buen tapeo, un buen vino, una buena cerveza y con productos muy cercanos a Málaga y a Andalucía, todo muy de nuestra tierra, su mayor parte".
La filosofía, insiste, pasa por mantener intacto el espíritu del local. "El Diamante, además del desayuno y del tapeo, es un punto de reunión de personas, y eso es lo que intentamos. Que sea un punto de encuentro tanto para las familias, como siempre ha sido, como para los compañeros cuando salen del trabajo y para los amigos. Que sea un referente también en ese aspecto", expone.
Recuerda, además, las historias que le han contado siempre sus padres, sus tíos y tantos malagueños: cómo de niños, "cuando podían, por las circunstancias de la época", sus padres los llevaban a tomar leche con fresa al Diamante y era "un día especial".
Su nombre resuena especialmente entre los cofrades malagueños. Durante dieciséis años fue hermano mayor de la Hermandad de la Sagrada Cena, una de las corporaciones con más peso en la Semana Santa de la ciudad, que le concedió su Medalla de Oro en un emotivo homenaje hace unos meses.
Aunque esa etapa al frente de la junta de gobierno es la más visible, él mismo recuerda que lleva ligado a la Cena desde que nació. Es la hermandad de su vida.
Como curiosidad, en 2024 encarnó además a Su Majestad el Rey Gaspar en la Cabalgata Oficial de Reyes Magos de Málaga, una de las citas más populares del calendario festivo de la ciudad y una experiencia que él mismo describe como "un gran privilegio como malagueño".
Que sea precisamente una figura tan vinculada a la tradición y a la vida social malagueña quien tome el relevo añade una capa simbólica al traspaso. El Diamante, que ha sido durante décadas un punto de encuentro de vecinos, trabajadores del centro y algunos turistas, queda en manos de alguien que conoce bien la ciudad y su forma de vivir, algo fundamental en un momento en el que las voces críticas hablan de pérdida de identidad en el Centro de Málaga.
La noticia llega para tranquilidad de los muchos clientes que se quedaron huérfanos de barra cuando Francis y Mariví comunicaron su jubilación por temas de salud: la incapacidad reconocida a Francis obligó a la pareja a poner punto y final a más de tres décadas detrás del mostrador de mármol de Pozos Dulces.
Ya entonces, ambos dejaron entrever que el establecimiento no echaría el cierre del todo. Tenían la intención de traspasarlo y confiaban en que Málaga respaldara a quienes tomaran el relevo con el mismo cariño que ellos habían recibido. El anuncio de Rafael López Taza confirma ese deseo: El Diamante seguirá escribiendo su historia, aunque, como dijeron sus anteriores responsables, las páginas ya no lleven sus firmas.
Pocos locales del centro pueden presumir de tener una biografía tan larga. Las raíces de este negocio se remontan a 1949, cuando José Gálvez Toro y su mujer, Aurora Toro Alcaide, fundaron en la calle Compañía un pequeño bar al que llamaron El Brillante.
El precio del alquiler los empujó a mudarse a la calle Pozos Dulces, y allí decidieron rebautizarlo como El Diamante. La intención de don José, según contó su propio hijo a La Opinión de Málaga, era que todo lo que hacía "brillara", que fuera conocido.
En aquellos primeros años, el local servía sobre todo desayunos, además de tapas que cocinaba la propia Aurora. Fue en alguno de aquellos años cuando el abuelo López pasó por su barra como camarero, un dato que su nieto rescata ahora casi como un círculo que se cierra.
Tras el fallecimiento de don José en 1991, el bar entró en una nueva etapa. Francis Cerezo llegó al negocio con apenas 22 años, recién terminada la mili y sin encontrar trabajo como electricista, la profesión para la que se había formado.
Lo que iba a ser una salida provisional terminó convirtiéndose en su oficio para toda la vida. En 1997, cuando uno de los antiguos dueños se jubiló, Francis se quedó al frente del bar junto al camarero Pedro, también ya retirado. A su lado, Mariví, primero novia y después esposa, se convirtió en su compañera inseparable.
Durante más de treinta años, El Diamante mantuvo intacta su esencia en pleno centro histórico, resistiendo a las modas, como la del salmón y el aguacate para desayunar; crisis; y una importantísima pandemia en 2020.
Entre sus señas de identidad, los pitufos malagueños clásicos, especialmente el de salchichón de Málaga con mantequilla "Zas", leche con fresa y un trato cercano que convertía a los clientes en familia. Tanto, que muchos se cobraban ellos mismos con el datáfono y recogían su mesa como si estuvieran en casa.
Esa cercanía es, precisamente, el patrimonio intangible que hereda Rafael López Taza. Más allá del mármol de la barra, los azulejos o la fachada, lo que ha hecho de El Diamante un lugar especial son las generaciones de malagueños que han desayunado allí, compartiendo vivencias y charlas con sus responsables.
El nuevo propietario parece consciente de ello cuando habla de "respeto por su esencia" y de un lugar "lleno de historias, encuentros y recuerdos". En el post donde anuncia que pondrá en marcha de nuevo El Diamante se ve un dibujo con este pitufo de salchichón y su inconfundible leche con fresa.
Aún habrá que esperar unas semanas para ver cómo el Centro de Málaga recupera uno de sus referentes. Y que, después de las despedidas de Francis y Mariví, El Diamante siga haciendo lo que mejor sabe desde 1949... brillar.
