Samuel Baeza
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La RAE define la palabra refrán como aquel “dicho tradicional gracioso u oportuno, que expresa una afirmación, una advertencia o un consejo, y que a veces contiene alguna rima”. El que seguro que pocos andaluces conocen se esconde en la obra Historias de Málaga: Barrios Trinidad y Perchel, en la que el escritor Antonio Hurtado (Málaga, 1954) narra sus vivencias en la década de los 60.

A su hermano Andrés lo emplearon como aprendiz en la armería Aguirre, una tienda de deportes que se encuentra bajando las gradas de la Tribuna de los Pobres y que sigue abriendo sus puertas 60 años después. Andrés le trajo a Antonio una vestimenta completa del Barça, incluidas las botas de tacón y el balón.

Ese día, de Reyes además, Antonio y Andrés jugaban al balompié con sus primos. Desde la calle Trinidad hasta la calle Fuente había varios kilómetros, pero a Antonio no le importó caminar con las botas de tacos. Al llegar a casa de sus primos, se quedaron boquiabiertos al verlo uniformado como un jugador de fútbol. Le quitaron la pelota y salieron corriendo a entretenerse en la planicie.

Se contaban qué habían traído los Reyes Magos. A unos, un camión amarillo o un balón de badana; a otros, coches de carreras o indios de plásticos. Presumían de sus juguetes: nada tecnológico, por supuesto.

Entre los chiquillos, Antonio recuerda a uno de ellos en especial. Sus padres eran más pobres que los del resto de niños, vivían en las cuevas de El Ejido, antes de que se construyera la Universidad de Málaga.

Cuando despojaban a los bocadillos del papel de estraza, la sensación era de pringosidad por el aceite que se le echaba al “hoyo” de pan. El que esa tarde traía una onza de chocolate era como si llevase oro; la envidia de todos.

Al niño más pobre le dieron algo de su bocadillo y, cuando se lo comió, corrió hacia su casa-cueva para traer una guitarra sin cuerdas, recogida por sus padres de la basura. Estaba muy agradecido a los Reyes por aquel regalo, pero como carecía de cuerdas, los niños le soltaron:

—Pero primo, si no tiene cuerdas, ¿cómo la vas a tocar?

El niño, sin cortarse, les soltó el refrán:

—¡Primo, primo, ¿qué me has traído? Una guitarra. No tiene cuerdas, ¡vete a la mierda!

Esta historia está basada en hechos reales y aquello de la guitarra era popular en su época; pero el refranero andaluz es bien extenso e incluye otras frases como “Higuito a higuito la viejecita se comió el ceretito”, que se refiere a la paciencia.

Otros como “Quien tiene un tío en Graná, ni tiene tío ni tiene ”, es decir, de poco vale presumir si luego las palabras no vienen demostradas. “Te sales de Málaga para meterte en Malagón” significa que dejas una situación difícil para entrar en otra peor, haciendo alusión al municipio manchego de la provincia de Ciudad Real por su parecido en el nombre con Málaga.

Ser de Málaga es saber que el ingenio nunca se olvida y que gracias a quienes decidieron plasmar sus memorias podemos recuperar parte de nuestra historia. Los refranes nunca caducan.