Las claves
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Hay pueblos que no aparecen en las rutas habituales ni en las listas de destinos de moda, porque conservan intacta su esencia. Así es Moclín, un municipio del poniente granadino que combina pasado medieval, tranquilidad y buena gastronomía.
Situado sobre una colina y presidido por un castillo de origen nazarí, Moclín fue durante siglos una plaza clave en la frontera del antiguo Reino de Granada.
Hoy, su casco histórico conserva ese aire de pueblo fortaleza, con calles empinadas, casas blancas y miradores desde los que se dominan extensos campos de olivos y, en días despejados, la silueta de Sierra Nevada.
Pero si hay algo que termina de convencer a quienes llegan hasta aquí es la mesa. En Moclín se come muy bien, y además se hace como siempre: sin florituras, con producto local y recetas heredadas.
Uno de los nombres que más se repite entre vecinos y visitantes es el Restaurante La Plaza, ubicado en pleno centro del pueblo. Es uno de esos establecimientos donde la cocina tradicional se mantiene fiel a sus raíces.
Muy cerca, Bar La Ruta se ha convertido en otro punto de referencia. Frecuentado tanto por habitantes de la zona como por senderistas y viajeros ocasionales, es ideal para tapear o comer de manera informal.
Qué visitar
El gran protagonista es el Castillo de Moclín, una fortaleza de origen nazarí perfectamente integrada en el paisaje.
A los pies del castillo se extiende el casco histórico. Otro punto de interés es la Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, construida tras la conquista cristiana y ejemplo del patrimonio religioso que se fue levantando sobre antiguas estructuras defensivas.
Para los amantes de la naturaleza, Moclín es también un buen punto de partida para recorrer la Ruta del Gollizno, uno de los senderos más conocidos de la zona. El camino combina pasarelas, puentes colgantes y tramos entre tajos y ríos.
El municipio se completa con pedanías como Tiena o Puerto Lope, cada una con su propia identidad y rincones tranquilos.
