En noviembre de 2024 Europa estaba convencida de que Trump no regresaría al poder y que Estados Unidos siempre sería un socio fiable. Aún cuando se hablaba de Trump-proofing Europa, no existía un plan real. Era una negación del cambio tectónico en la política estadounidense. Estábamos cazando moscas.
En el imperio romano las campañas militares se financiaban con el tributum (impuesto extraordinario sobre los ciudadanos) y con el botín e indemnizaciones de guerra, que pronto pasaron a ser la principal fuente de entrada de metales preciosos (Cartago, Macedonia, Siria, etc.)
Detrás de la campaña de las Galias, estaba la fortuna de Craso, el hombre más rico de Roma, que financió a César a cambio de influencia política y expectativas de futuras ganancias. ¿Les suena?
El núcleo real de la financiación vino del saqueo sistemático de la Galia.
Cada victoria generaba botín: metales preciosos, ganado, bienes muebles, que se repartían entre el general, sus oficiales y las tropas, y que César podía monetizar rápidamente.
La captura masiva de prisioneros permitió vender decenas de miles de esclavos en los mercados mediterráneos, proporcionando liquidez enorme para pagar deudas, sobornar apoyos en Roma y mantener la lealtad del ejército.
Tras la conquista de una tribu o ciudad, se imponían indemnizaciones de guerra, tributos anuales y entregas de rehenes; esas cargas funcionaban como fuente fiscal estable que reforzaba su posición financiera.
Los recursos obtenidos en la Galia se usaron tanto para el esfuerzo militar como para la carrera política de César.
Canceló gran parte de sus deudas y pudo financiar una intensa propaganda (incluida la redacción y difusión de la “Guerra de las Galias”) y el soborno de personajes clave en Roma.
El pago generoso a sus veteranos y la promesa de tierras consolidaron un bloque militar y político personal, que sería decisivo en la guerra civil contra Pompeyo.
La campaña de las Galias fue, al mismo tiempo, una operación militar y una gigantesca operación de financiación personal y política, basada en convertir la conquista en flujo de caja. ¿Les suena?
Hace un año empezó la segunda era Trump. Con la vuelta de Trump, llegaron las humillaciones diplomáticas, presiones sobre Ucrania, desestabilización comercial y discursos hostiles hacia la UE. Europa reaccionó con indignación al verse tratada como adversaria y no como aliada.
El Sacro Imperio no se puede consolidar y se acaba fragmentando, con la excusa del cuius regio, eius religio, porque no contaba con un sistema de financiación estable y cada príncipe administraba su hacienda y aportación al ejército imperial.
El emperador no tiene una hacienda central fuerte: debe pedir contribuciones extraordinarias a los príncipes y ciudades mediante los Reichstage (dietas imperiales), como el “Common Penny” acordado en 1495 para financiar guerras contra otomanos y franceses. Lo más parecido a la UE era el Sacro Imperio.
¿Aprendimos la lección? ¿Federación, confederación? ¿Cesiones de autonomía y soberanía fiscal y militar?
A partir de Carlos V y Felipe II, la Monarquía Hispánica se convierte en ejemplo clásico de “Estado fiscal-militar”: renta ordinaria de la Corona (impuestos en Castilla, contribuciones de Aragón, Nápoles, Flandes…), más explotar las remesas de metales preciosos y recurrir masivamente al crédito (asientos con banqueros genoveses, juros sobre rentas futuras).
La banca de los Fugger fue clave.
Napoleón recupera el sistema de César. La guerra la sufraga el vencido, alimentando permanentemente el monstruo de la guerra autosostenido por la avaricia, y la ambición y con la excusa de llevar los valores de la revolución manu militari a todas partes.
Napoleón se apoya ante todo en un sistema de impuestos directos e indirectos reorganizado: contribuciones territoriales sobre la propiedad, impuestos sobre consumos y, en menor medida, recursos del Banco de Francia (crédito de corto plazo, nunca más del 10% del gasto).
Una parte fundamental procede de las contribuciones y requisiciones impuestas a Estados vencidos o aliados (indemnizaciones de guerra, mantenimiento de tropas de ocupación, confiscación de propiedades de enemigos), lo que desplaza la carga hacia el exterior mientras dura la expansión.
De España se llevaron lo más grande y lo que no pudieron lo destruyeron. A Pepe Botella lo cazaron en el País Vasco cargadito de arte. El felón de Fernando VII va y le regala a Wellington buena parte que se puede disfrutar en los museos de Londres como The Spanish “Gift”.
Tras la derrota de Napoleon de 1812, la base se estrecha: agotados los aliados y con territorios perdidos, el régimen recurre a más impuestos internos, a deuda de corto plazo (bonos) y a una presión fiscal muy elevada que hace al sistema financieramente frágil.
Sin dinero se acaba la fiesta y acabas en Santa Elena donde podrían acabar algunos líderes europeos que se pusieron a negociar y a ceder ante Trump. Europa intentó comprar estabilidad ofreciendo concesiones: más gasto en defensa, aceptación de acuerdos comerciales asimétricos, e incluso un tono reverencial hacia EE. UU.
La esperanza era preservar el apoyo estadounidense, especialmente para Ucrania. Cuanto más te agachas más te cuesta levantarte.
Vino luego la conciencia de que había cedido mucho sin obtener casi nada. El ridículo y el reproche de los europeos que tienen a sus líderes con el menor apoyo de la historia, desde Macron a Starmer.
Washington continuó ejerciendo presión, introduciendo amenazas arancelarias, debilitando a Ucrania e ignorando sensibilidades europeas. La desilusión fue profunda.
Esta semana empezamos a ver que Trump reculaba un poquito, por fin con lo de quedarse por la patilla con Groenlandia. No hace tanto que a nosotros nos hicieron lo mismo con Cuba y nadie movió un dedo, todo lo contrario, los franceses e ingleses se beneficiaron.
Parece que los amados líderes europeos van saliendo del KO. La UE interioriza que el viejo orden no regresará. Debe prepararse para un mundo en el que EE. UU. ya no es garante automático de su seguridad.
La "autonomía estratégica" deja de ser un concepto francés para convertirse en una necesidad continental. La competencia con EE. UU., incluso en comercio, se vuelve probable y hasta deseable y sana.
La amenaza de aumentos de aranceles a los países que ayudan a Dinamarca es lo que es. El impacto de los nuevos aranceles de Donald Trump contra varios países europeos como represalia por su colaboración militar con Dinamarca en Groenlandia suponen un 10% que se suman a los existentes (15% para bienes de la UE y 10% para Reino Unido), el efecto económico directo se considera modesto porque la mayor parte del coste lo asumen importadores y consumidores estadounidenses, no las empresas europeas.
Los nuevos aranceles añadirían apenas 0,04% de caída del PIB europeo, según estimaciones económicas. Incluso un aumento al 25% —prometido para el verano si Europa no cede sobre Groenlandia— apenas supondría 0,08% de impacto en la UE
Sorprendentemente, el PIB anualizado del tercer trimestre de EE. UU. ha mostrado fortaleza. La economía resiste y crece a pesar de los continuos bandazos del líder.
El verdadero riesgo no son estos aranceles concretos, sino una posible escalada hacia una guerra comercial profunda. Sectores europeos como automoción o equipamiento industrial son más sensibles, pero muchos grandes grupos ya han ajustado sus cadenas productivas para limitar el daño, produciendo más dentro de Estados Unidos o en terceros países.
La UE tiene una batería preparada de medidas, aranceles sobre 93.000 millones de euros en bienes estadounidenses (ya diseñados). Prohibiciones o controles de exportación en sectores donde EE. UU. depende de Europa (ASML, Airbus y Productos químicos y maquinaria donde la cuota europea supera el 95).
Los lobbyes de las Big Tech y gran banca de inversión hacen su trabajo a todos los niveles y aun, a pesar de que es flagrante, lo que sólo se plantea tímidamente endurecer la regulación digital contra Big Tech y el acceso de bancos y financieras estadounidenses al mercado europeo.
Hasta aquí todo bien, modo perder-perder y destrucción de valor para preservar la soberanía y autonomía. Vaya negociazo.
Pero Dinamarca se puso a vender bonos. Las tenencias extranjeras totales de bonos rondan los 9,1 billones de dólares (noviembre 2025) y resulta que no es China, es Europa, en conjunto, es hoy el principal bloque comprador: entre abril y noviembre de 2025 aportó el 80% de todo el incremento extranjero de tenencias de Treasuries, unos 240.000 millones de euros (aprox. 280.000 millones de dólares) de un aumento total de 301.000 millones.
Diversas estimaciones de mercado sitúan la cuota europea en torno a "casi el 40%" de las tenencias extranjeras de Treasuries, muy por encima de la posición de China.
El tontito y pacífico europeo, que no va con pistolas en la guantera, que trabaja y ahorra, invierte directa o indirectamente en financiar al que le trata como tonto.
Solo un gran fondo de pensiones europeo, ABP (Países Bajos), tenía aún unos 19.000 millones de euros en Treasuries en septiembre de 2025, pese a haber reducido posiciones desde unos 29.000 millones de euros el año anterior.
Como no escarmentamos ni hay una dirección estratégica y de seguridad común en la UE; como dejamos que el activo más importante, el ahorro de los europeos fluya libremente a cualquier parte, sin poner incentivos o frenos fiscales que modulen los flujos hacia donde conviene geoestratégicamente, resulta que la eurozona, en general, tiene una exposición muy superior a la economía estadounidense vía bolsa (S&P 500, Nasdaq, etc.) y crédito corporativo que vía deuda pública; es decir, la weaponización teórica de Treasuries sería simbólica comparada con la exposición a "corporate America". Es decir, que, si nos ponemos a vender bonos, y acciones, le hacemos un roto importante.
La orden Sell America de los daneses ha producido un pequeño ajuste esta semana en Wall Street, porque el mecanismo anti coerción se ha empezado a considerar, en serio.
El llamado "instrumento/mecanismo anti coerción" de la UE es una nueva herramienta jurídica que permite a la Unión responder a la coerción económica ejercida por países terceros, especialmente en el ámbito del comercio y la inversión.
Se considera coerción económica cuando un tercer país intenta presionar a la UE o a un Estado miembro para que cambie, adopte o retire una decisión (por ejemplo, una ley, una posición diplomática o una sanción) mediante la aplicación o la amenaza de aplicar medidas que afecten al comercio o a la inversión.
Es decir, no se trata solo de aranceles altos o restricciones comerciales, sino de que estos tengan una finalidad política clara: interferir en las decisiones soberanas de la UE o de un Estado miembro.
En Minnesota están a palo limpio. Resulta que no solo llevan décadas votando demócrata, sino que, en población blanca de Minnesota, el peso de los ascendientes europeos occidentales, en particular germánicos y escandinavos, es muy alto. Alrededor del 75% de la población tiene ascendencia europea occidental (alemanes 37%, Nórdicos 27%, irlandeses 12%)
Los noruegos de Noruega no están muy contentos tampoco. Los lazos culturales, históricos, e intereses compartidos, especialmente en el Atlántico Norte y el Ártico, influyen al país con el mayor fondo soberano del mundo con 1.9 billones (trillones) de dólares de los que la mitad están invertidos en EE. UU. En general poseen el 1.5% de las acciones cotizadas del mundo.
Si se combinan FDI (inversión directa exterior), bonos, acciones y otros activos, Europa es el principal inversor en la economía y los mercados de capital de EE. UU., mientras que las reservas oficiales en dólares de la UE son relativamente pequeñas frente al volumen de activos privados e institucionales europeos denominados en dólares.
Modular esos flujos, incentivando o penalizando por la vía fiscal, según convenga, puede ser más inteligente y dotar a Europa de instrumentos y fondos para plantar cara y defender la soberanía y el respeto a la legalidad internacional y la democracia liberal.
Comprando tanques y aviones hacemos todo lo contrario porque la verdadera materia prima de la guerra y el poder es el dinero. Usemos el nuestro mientras lo tengamos. O nos lo acabarán sacando del bolsillo.