Málaga entra en una semana decisiva para el futuro de la Nueva Rosaleda.
Con los ecos del ascenso del club de Martiricos a Primera División, tras superar al Almería, aún resonando en las calles de la capital de la Costa del Sol, las tres administraciones propietarias del estadio —Ayuntamiento de Málaga, Junta de Andalucía y Diputación Provincial de Málaga— toman las riendas del asunto.
Los máximos responsables de cada una de estas instituciones conocerán los detalles finales del estudio técnico encargado a la UTE formada por TYPSA y Fenwick Iribarren, responsables del análisis de viabilidad de las distintas alternativas.
El valor de esta cita se eleva dado el nuevo escenario en el que va a competir la entidad blanquiazul.
El proceso de análisis puso en el foco un total de cinco emplazamientos potenciales. Las primeras semanas de análisis permitieron descartar dos opciones —Lagar de Oliveros y la Manzana Verde— por sus limitaciones urbanísticas, de accesibilidad o de compatibilidad con los requisitos del proyecto.
Las tres localizaciones que quedaron fueron:
- La ampliación del actual estadio de La Rosaleda: A la ventaja de su ubicación, en un entorno urbano consolidado y con fuerte arraigo social, hay que oponer trabas como el impacto que tendría sobre el viario perimetral (la ampliación inicial implicaba ocupar la calle aledaña), la necesidad de reubicar temporalmente usos afectados y el difícil encaje de un estadio de máximo 45.000 espectadores junto al cauce del Guadalmedina.
- Terrenos de la Universidad: Entre sus valores se encuentra, no sólo que tiene superficie suficiente para albergar el estadio imaginado, sino también para ejecutar usos complementarios que permitan maximizar la explotación comercial del complejo. Y esa es una de las claves del proyecto en el que el Ayuntamiento viene trabajando desde hace años.
El análisis preliminar destaca que el terreno seleccionado, con 66.037 metros cuadrados de suelo y un techo edificable de 14.441 metros cuadrados cuenta con unas condiciones de accesibilidad extraordinarias. Algo favorecido por la cercanía del trazado del Metro, de líneas de autobús y de red viaria.
A esto hay que añadir que el planeamiento urbanístico ya está aprobado, mientras que la urbanización se encuentra avanzada. El inconveniente mayor se relaciona con las posibles afectaciones sectoriales de carácter aeronáutico, hidrológico y viario. - El sector de San Cayetano: Este emplazamiento es el que viene contemplado en el actual Plan General de Ordenación Urbanística (PGOU) en caso de plantear la construcción de un nuevo estadio.
Aunque se trata de una zona con gran disponibilidad de suelo (124.893 metros cuadrados) y capacidad de crecimiento a largo plazo, requiere de la ejecución de nuevas infraestructuras de movilidad y la redacción y tramitación del planeamiento y la ejecución de la urbanización.
Muestra de ello es que están pendientes el Plan Especial, el plan de urbanización y el plan de sectorización. Y eso es lo mismo que hablar de muchos años de tramitación.
El estudio analiza criterios como la viabilidad urbanística, la accesibilidad, la disponibilidad de suelo, el impacto en la movilidad y la capacidad de integración urbana.
El pliego técnico establecía que el futuro estadio deberá cumplir los requisitos de categoría UEFA Nivel 4, lo que implica una capacidad estimada de entre 45.000 y 55.000 espectadores, además de estándares avanzados de seguridad, accesibilidad y operación.
En este contexto, el informe de las consultoras es clave para orientar la decisión final, aunque no tendrá carácter vinculante. La última palabra corresponderá a las tres administraciones implicadas.
Aunque el análisis técnico contempla ventajas y desventajas en cada alternativa, la opción de mantener el estadio en su ubicación actual parece ganar peso en el debate. Al menos en la posición del alcalde, Francisco de la Torre, quien ya se ha expresado públicamente sobre ello.
Una apuesta que, a ojos de los técnicos municipales, se topa con obstáculos de envergadura, como la proximidad del río. Ante esta realidad existe un anteproyecto elaborado en el año 2012 por el arquitecto José Seguí que defiende la viabilidad de ampliar hasta las 50.000 butacas.
