Así lucía el edificio de Correos en las primeras horas de la tarde de este martes. El Frente Obrero desplegó ayer una pancarta blanca, de grandes dimensiones, con el rostro del ministro de Consumo, Alberto Garzón.

Noticias relacionadas

Asimismo, en el cartel se puede leer una protesta en contra de los altos precios de la subida de la luz, que en esta jornada ha batido otro récord y todo apunta a que seguirá su escalada en los primeros días de septiembre, coincidiendo con la vuelta al cole. Hoy costaba 132,47 euros el megavatio por hora.

Así, también se manifiestan contra las casas de apuesta, que en los últimos años se han situado en mayor medida en los barrios obreros. Además, es un tema de actualidad, ya que justamente hoy ha entrado en vigor la ley que regula la publicidad de las casas de apuestas, que afecta, entre algunas cosas, a que los equipos de fútbol no puedan llevar logos de estas casas en sus camisetas.

En la pancarta, además, se puede leer "construyamos el frente obrero". Ha sido el Frente Obrero quien ha llevado a cabo esta acción y así lo han hecho saber en redes sociales. Este periódico también ha podido confirmar que a las dos de la tarde las puertas laterales del edificio, colindantes con el río, estaban abiertas de par en par, lo que parece mostrar que a esa hora alguien ya se encontraba dentro del inmueble.

Fuentes municipales confirman a EL ESPAÑOL de Málaga que técnicos de la Gerencia Municipal de Urbanismo contactarán con la mayor brevedad con los propietarios del edificio, ya que es a ellos a quien compete la retirada del cartelón desplegado.

El edificio de Correos pasó a ser propiedad de la Junta de Andalucía como pago del Estado por la deuda histórica con la comunidad. Hace un año y medio, la Junta lo vendió a un fondo inversor israelí. Hasta el momento se han barajado diferentes usos: oficinas, hotelero u hospitalario, sin haber fructificado ninguno de ellos.

Desplegar esta pancarta en un edificio como el de Correos tiene, además, un elemento simbólico de protesta social. Estas instalaciones fueron propiedad del Gobierno y hoy son soporte para una crítica contra la imparable subida de la luz y la presencia de casas de apuestas en barrios humildes.