El cielo de Estepona (Málaga) es un campo de batalla en el que el azul de la claridad compite contra el gris de la humareda proveniente del incendio declarado en el mismo término municipal en la noche de este miércoles. Más de un millar de personas se han visto obligadas a desalojar sus casas por la rápida propagación de las llamas.

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El Ayuntamiento de la localidad ha habilitado el pabellón municipal de El Carmen como trinchera para aquellos ciudadanos que han sido evacuados de sus viviendas. En el recinto, el "panorama es muy duro", confiesa un voluntario de Protección Civil a EL ESPAÑOL de Málaga.

En el patio exterior del recinto, los más jóvenes corren y juegan al pádel en las pistas que el complejo deportivo tiene. No son muchos, pero se hacen notar. El inocente ruido de sus risas contradice el panorama que se vislumbra en el interior del pabellón.

Mientras carga su teléfono móvil en un enchufe para seguir la evolución del fuego, José Luis mantiene la cabeza apoyada en una encimera que separa la pista de baloncesto de un pasillo interior que conduce a unas escaleras para acceder al piso de arriba. Él está en el lado del parqué.

"Esto es desolador", son sus primeras palabras. Detrás de él hay alienada una gran cantidad de colchonetas que sirven de cama para aquellas personas que deban pasar allí la noche. José Luis está acompañado de sus dos hijos y de su mujer, que aguarda en un banco de fuera con su perro.

Imagen de uno de los focos del incendio.

Para este vecino de la urbanización de El Padrón, dentro del complejo vecinal de Forest Hill de Estepona, es la "segunda vez que me toca vivir esta situación". La primera vez que le desalojaron "un gracioso se dedicó a quemar un nido de avispas", explica mientras no pierde la mirada hacia la nada. Lleva despierto más de 29 horas:"es desolador pensar que no puedes volver a tu casa".

"Anoche, en torno a las 20 horas, comenzó un olor muy fuerte a quemado", expone. Asegura que llamaron en "varias ocasiones" a la policía, pero los agentes les pedían "tranquilidad, que el fuego está bajo y no parece que pueda llegar". Pero llegó.

El reloj marcaba las cuatro de la mañana cuando efectivos de la Policía Local de Estepona y voluntarios de Protección Civil tocaron la puerta de su casa. "Tenéis que salir de aquí. El fuego avanza muy rápido", les dijeron. "Cogimos lo puesto, lo que ves, y salimos corriendo", relata José Luis, resignado.

Pero esa sensación se le olvida cuando sus dos hijos corren hacia él: "papi, déjame las llaves del coche para ir a por el balón", interrumpe el mayor. El padre sonríe y se las da. No corren dos minutos cuando su hija entra en escena para seguir la estela de su hermano: "quiero coger mi muñeco", dice ella. Ese "sentimiento de soledad" del que habla José Luis se apaga como el agua lo hace con el fuego a unos metros de su casa.

Han intentado buscar refugio en otros lugares, pero no han podido. "He llamado a varios campings de alojamiento y me lo han denegado por tener mascota", denuncia. La noche de este jueves la van a pasar en una colchoneta posada en el suelo de la pista de baloncesto del pabellón municipal de Estepona.

Y junto a ellos, todas las personas que lo deseen y que no puedan acceder a su casa por el fuego. Es el caso de Isidro, un hombre mayor y que necesita de otra persona para desplazarse por su incapacidad. Está en una silla de ruedas.

O el ejemplo de una pareja que compite en una partida de ajedrez sentados en un banco en el exterior del recinto. "Esto es lo que hay y lo que nos toca", lamentan. Pero bromean y encuentran el lado positivo de la situación:"Así tenemos tiempo para conocernos mejor". Cerca de ellos se encuentra el personal sanitario y voluntarios de Protección Civil, acompañados por una patrulla de la Policía Nacional.

Pero un rayo de luz ha emergido en este -ya largo- tiempo que estas familias permanecen en el pabellón. Todos coinciden en que José es "una persona excelente". Se trata del dueño de un bar próximo a estas instalaciones, donde acude a comer y cenar todo aquel afectado que lo desee. "He intentado pagarle y no me ha dejado", nos confiesan.

José lo explica con sencillez: "Yo no quiero ser protagonista de nada, sólo poder ayudar a estas personas todo lo que esté en mi mano". Lo ha conseguido y así se lo agradecen. Este solidario gesto es un grito de aliento para el azul del cielo, que sigue batallando contra el gris de la humareda en Sierra Bermeja.