Las claves
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Sobre el verde y montañoso paisaje de la Alta Axarquía se alzan pueblos blancos que merece la pena descubrir. Uno de ellos es Alfarnate, que ostenta el lujo de ser el más alto de toda la provincia (925 metros en Monsalud). Pese a su altitud, sus calles son llanas pero el enclave, privilegiado: al sudeste encontramos la Sierra de Camarolos; al oeste, la Sierra del Jobo; al noroeste, el pico Chamizo; al sur, la Sierra de Enmedio y el pico Gallo y la Sierra de Alhama de norte a sureste.
La ermita de la Virgen de Monsalud, a la que los devotos rinden culto cada septiembre, es la Madre y patrona de Alfarnate. La talla que ahora se puede visitar no es en realidad la original; esta fue destruida en 1936 a consecuencia de la Guerra Civil y provocó la pérdida de tallas y cuadros y borraron del mapa la antigua Cruz pública y el Vía Crucis del Santo Cristo.
La construcción de este rincón de poco más de mil habitantes esconde una peculiar leyenda: el paraje donde se construyó es el mismo en el que un vecino presenció la aparición de la Virgen cuando buscaba la procedencia de los ladridos de un perro.
Además, Alfarnate goza de una de las ermitas con las rentas más altas de la diócesis por la cantidad tan ingente de devotos y las tierras que permitían el mantenimiento del templo.
Dotada de dos plantas y parecida a la casa consistorial, dependiendo de cómo se mire, la perspectiva es diferente. Si la miramos de frente subiendo por la calle Ermita, nos topamos con una fachada blanca; pero si la miramos desde atrás, encontramos la verdadera piel del siglo XVI.
El brote de fiebre tifoidea azotó Málaga con 52 muertos y 3.000 personas afectadas. En 1962, cuando alcanzó Alfarnate, los vecinos se protegieron en la Virgen y, de hecho, se cuenta que no se registró ninguna muerte. Esta interpretación de intercesión de la patrona dio lugar a su coronación oficial dos años después.
Pero si quieres arañar más en la belleza de la Axarquía, este pueblo es uno de los ideales. Se caracteriza, aparte del cobijo rodeado de montañas en el que se sitúa, por ser el único pueblo de toda Málaga que cultiva cerezas.
Aunque su vecino Alfarnatejo y él antes formaban parte de “Los Alfarnates”, en el siglo XVIII se produjo su escisión definitiva. La plaza de Nuestra Señora del Pilar es paso obligado y punto de encuentro de ferias y fiestas, al igual que el romántico callejón Aljófar.
Fuera del municipio se pueden divisar con facilidad pozos, campos de olivo, cerezos y trigo y los paseos en marzo permiten disfrutar de los campos de cerezos en flor.
Pero, cuando termines de comer sopa de cachorreñas, morrete de papas y setas, porras o migas no olvides fotografiar la placa que reza: “Enamórame en el campo, en esta calle o en la cárcel, qué importa mientras sea en Alfarnate”.
