Málaga

Cuando uno tiene dieciocho años, normalmente, trata de vivir nuevas experiencias: amigos, juergas, primeros amores… Pero también se ve obligado a dar uno de los pasos más importantes de su vida: elegir a qué quiere dedicarse. Cuando toma la vía universitaria, tras la temida Selectividad, la nota de corte de la carrera elegida comienza a ser una tortura. ¿Llegaré o no llegaré?, te preguntas. Pablo, Alberto y Laura, tres jóvenes malagueños, obtuvieron un 13,77, 13,69 y 13,67 sobre 14, respectivamente. Con su nota, podían hacer absolutamente lo que quisieran. Eligieron el doble grado de Matemáticas e Ingeniería Informática, que este año pandémico, casualmente, ha superado en nota de corte a Medicina en la que fuera la primera adjudicación de plazas en la Universidad de Málaga

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Pese a que pueda parecer que el empeño de los tres chavales por conseguir la mejor nota posible en la Selectividad fuese la gran vocación que tienen desde pequeños, nada que ver. “A mí me gustan las Matemáticas desde siempre y, pese a que sé que las de la carrera son mucho más difíciles que las que he dado en Bachillerato, me gusta complicarme la vida. Quería hacer un doble grado donde se las incluyera y, al final, me decanté por Ingeniería Informática. Es el futuro”, dice Pablo Campoy, joven pizarreño del colegio Europa.

Pablo Campoy y Laura Medina posando frente a Urbanismo Alba Rosado Málaga

Laura Medina, del Sagrado Corazón, reconoce que durante toda su vida ha cambiado qué quería ser de mayor. Elegir el doble grado ha sido gracias a su abuelo. “Cuando decidí que me iba a meter a Matemáticas solo, mi abuelo se empeñó en que hacer un doble grado no me haría nada malo. Al final me convenció él. Y menos mal, de pequeña decía que quería ser pediatra y mírame ahora. Odio la medicina y odio a los niños”, dice entre risas. Por su parte, Alberto Ramírez, del instituto Litoral, asegura que es un amante de la física y las matemáticas". A veces pienso cómo de una integral se puede calcular un área. Es muy curioso y disfruto mucho haciendo matemáticas. Entonces, si sumaba las matemáticas y la física por un lado y mi afición a los ordenadores por otro, el resultado era entrar a esta carrera si tenía nota y así ha sido".

¿Se ven trabajando en el PTA?

“Sé que están llegando nuevas empresas, pero yo siempre he tenido claro que me voy fuera, quiero ver mundo”, dice Campoy muy convencido. Medina, por su parte, está de acuerdo en que pasará unos años fuera, pero después quiere volver a casa. “Aquí tengo a toda mi familia y, si Málaga avanza para entonces, mejor aún”, cuenta. Lo mismo piensa Ramírez, cuya familia le ha inculcado que debe estudiar idiomas para poder irse fuera, (está preparándose un intensivo de inglés de nivel C1). “Cuando acabe la carrera quiero irme unos años fuera, pero acabaría volviendo a Málaga, por mi familia y por su maravilloso clima. ¿Quién quiere perderse un paseo por el Muelle 1?”, dice entre risas.

Alberto Ramírez en la plaza de Mozart, en la barriada de La Paz. Alba Rosado Málaga

Un Bachillerato pandémico

Los tres jóvenes están de acuerdo en que la Covid les ha beneficiado a nivel académico antes que perjudicarles. “Este año las notas han sido muy altas y puede ser que alguien que tenga mucha vocación se haya quedado fuera por haber tenido un mal día en Selectividad”, dice Campoy. Medina, en este sentido, cree que el sistema educativo es “un poco injusto”. “Somos un número y ya está, no valoran en qué somos buenos más allá de los exámenes que hacemos”, recalca la joven. Por su parte, Ramírez reconoce que ha vivido de cerca esta experiencia. “Tengo una amiga que ha sacado peor nota que yo en selectividad pero es mucho más inteligente que yo. Ya quisiera hacer yo sus razonamientos. Un número no dice nada”, concluye el preuniversitario.