El pequeño Manuel cogió unas baquetas antes que un chupete y prefería escuchar coplas al tres por cuatro a canciones infantiles de Cantajuego. Es malagueño, tiene cinco años y es hijo de Nono Quiñones, uno de los miembros de la Comparsa de Marbella.

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Hace tan solo unos días la comparsa publicó un vídeo de la presentación de 'La Vacuna' en Ardales. En él, el menor mostraba sus magníficas dotes a la percusión, generando mucha repercusión en redes sociales. 

Su padre asegura que "ha flipado" con las reacciones al tuit. "Se subió la noche que cantamos y cuando me desperté por la mañana y vi a todo el mundo compartiéndolo en sus redes me quedé a cuadros", cuenta a este periódico. Además, para él, resulta todo un orgullo que ilustres del Carnaval de Cádiz como Perico o Kike Remolino se hayan hecho eco del talento de su pequeño.

El carnaval para Manuel es un juego. "Él no usa sus juguetes, su juego es el propio carnaval de la mano de su bombo, su caja y su guitarra", dice Quiñones. De hecho, Nono no ha enseñado a Manuel a tocar, todo lo que hace lo saca de oído y tras pasarse el día pegado a las baquetas practicando.

"A veces, cuando he intentado enseñarle algo, no sé si es porque se agobia o incluso porque le da vergüenza, pero le cuesta más aprender. Lo hace mejor por su cuenta", explica su padre. 

Pese a que es bastante autónomo tocando, a veces también requiere la atención de su padre musicalmente hablando. Tras un "papi, ¿tocamos un rato?", Nono teclea en YouTube la comparsa que le apetece tocar a Manuel ya que esta les sirve de base para practicar.

El carnaval lo lleva en la sangre conformando la tercera generación de carnavaleros en la familia. "Creo que el día que nació le puse carnaval, lo lleva tan adentro como yo gracias a mi padre", apunta Quiñones. Tanto, que a veces le sorprende mientras juega "fingiendo que está grabando la comparsa para mandárselo al que toca la caja", algo que su padre suele hacer a menudo.

El amor de Manuel por la percusión viene desde que su padre, tras una actuación, le compró un tambor de plástico, típico de las ferias. Con tan solo un año, el pequeño tocaba el redoble perfecto, según cuenta su progenitor. 

"Tenía que poner la caja en plano, porque no podía con ella, y las baquetas parecían dos palos de fregona para él, le quedaban muy largas. Imagina unas baquetas de adulto en las manos de un niño de un año", dice su padre entre risas.

La anécdota

Los días previos a la actuación en Ardales, Manuel no se encontraba muy bien y tenía tos y fiebre. Su padre le alertaba que si "estaba malito" no podía llevarle porque en el pueblo, por la noche, acabaría refrescando. El mismo día de la actuación, temprano, le espetó: "¡Papá, ni tengo fiebre ni tengo tos, yo voy a cantar contigo!".

Nono no podía hacer otra cosa, su hijo adora el carnaval y lo disfruta como nadie, como se puede comprobar en los vídeos. "Yo no dudo en traérmelo a cantar ya que en Marbella no hay comparsa infantil. Disfruta mucho con nosotros", afirma.

"Me haría mucha ilusión que siguiera no solo mis pasos, sino los de su abuelo como yo los seguí en su día", reconoce su padre emocionado. Quiñones cree que lo que está consiguiendo Manuel con tan solo cinco añitos a nivel musical es algo que él, a su edad, fue incapaz de conseguir. "¡Ya hubiese querido yo!", dice.

Quién sabe si Manuel se acabará convirtiendo en el futuro en uno de los grandes de la fiesta en Málaga. Mientras que siga con esa sonrisa en el escenario y esas ganas de aprender, su padre siempre lo apoyará. "Ahí estaremos con él en el carnaval hasta que él quiera", concluye.