Málaga

Cuando uno entra ahora a las librerías Proteo y Prometeo, en pleno centro de Málaga, es imposible imaginar cómo quedó en mayo del año pasado. El emblemático espacio, situado en Puerta Buenaventura, quedó reducido a cenizas tras una subida de tensión en la primera planta. Lo ocurrido conmocionó a la ciudadanía malagueña y produjo una ola de solidaridad sin precedentes en toda España. 

Las cajas de cartón ocupan la entrada principal del tempo cultural malagueño, así como las diferentes plantas del edificio con 120 años de antigüedad. El ajetreo es constante desde la semana pasada, momento en el que les entregaron las llaves tras la veloz reforma hecha en cuestión de nueve meses. Sus trabajadores no paran de llenar las estanterías de libros (al fin) y todo parecer haber sido un mal sueño. 

El ESPAÑOL de Málaga visita la librería recién reformada en compañía de su director, Jesús Otaola, quien recuerda lo sucedido como si fuera ayer. "Tocabas los libros y se deshacían. Todo estaba negro y destrozado. Los ordenadores estaban en las mesas derretidos. Aquí no quedó nada. Parecía que había explotado una bomba", relata mientras cuenta cómo una corriente de aire de 1.000 grados salió por las ventanas.

Otaola tenía un cuadro colgado en la última planta bastante premonitorio. En él se podía ver la imagen de una biblioteca de Londres bombardeada por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Se la regaló un cliente tras ver en varios escaparates protesta una foto de mala calidad parecida donde se veía una biblioteca destruida mientras había gente dentro leyendo libros. 

"Me trasmite la potencia del libro. En la foto se veía la biblioteca destrozada pero con personas consultando los libros y leyéndolos. Esa es la fortaleza del libro de papel. A pesar de la destrucción ha sobrevivido. A los dos o tres días llegó este cliente con una imagen original de la época enmarcada. La tenía por lo positivo. Ahora podría representar ese resurgir de las cenizas", cuenta entre risas. La imagen se ha salvado y colgará pronto de las paredes de Proteo. 

La estructura del edificio de 600 metros y cuatro plantas se salvó. Paco Puche, el fundador de la librería, decidió en la reforma de 2004 darle un tratamiento ignífugo a la estructura de madera y a la pintura de las paredes. Así, el corazón del inmueble centenario no sufrió daños irreversibles y eso evitó su derrumbamiento. "Hemos conseguido que con la reforma esté casi igual", asegura.

Puche pensó en una librería moderna, con todas las novedades, que respetara el medioambiente. Y así fue. Él dirigió la penúltima reforma de la sede donde puso placas solares y consiguió integrar un trozo de muralla del siglo XIII (lo que le valió multitud de premios). El trozo de muralla ha quedado prácticamente igual tras la reforma y si alguien la observa, puede verla un poco negruzca arriba. 

Una balda con libros quemados

El espacio ya reformado reabrirá este mes con 20.000 ejemplares dentro y una balda con libros quemados (clásicos en su mayoría) en recuerdo del desastre. "No sé hasta cuándo estará. Habrá gente que nos preguntará mil veces qué pasó. La imagen dice más que mil palabras. Esto dentro de un año lo quitaremos. Pero por ahora quiero que haya un recuerdo de lo que ha pasado. No es agradable", admite.

-¿Tiene ganas de reabrir?

-Muchísimas. Todos tenemos unos nervios tremendos y una ilusión brutal. Eso sí, aún quedan muchos libros por traer y colocar.

Para Otaola, "el libro siempre ha sido la herramienta para martirizar la cultura y el avance". "En la Edad Media a los libreros los quemaban si no tenían los libros que la Inquisición quería. Cuando se acomete una invasión lo primero que destruyen son las bibliotecas. En la Segunda Guerra Mundial, los nazis llevaron a cabo la noche de los libros y destruyeron las bibliotecas de Berlín", apunta. 

En su caso, un incendio se llevó por delante prácticamente todas las existencias del espacio. "Seguramente guardaré recuerdos del día de la reapertura, que será muy especial. Aunque al final lo que cuenta es el día a día. Ojalá esté la librería abierta 50 años más. Yo quiero que el negocio continúe y viva mucho tiempo", señala mientras se despide afirmando que "los libros no van a desaparecer nunca". Al igual que la huella que ha dejado ya Proteo en los corazones de los malagueños y sus visitantes. 

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