Un informante anónimo fue quien dio el pistoletazo de salida al estudio de la nueva cueva descubierta en la cantera de La Araña, Málaga. La fábrica de cemento de la multinacional FYM-Heidelberg descubrió la gruta durante la actividad ordinaria de la fábrica, pero tuvo que ser una persona ajena a la organización -a la que llegó la información de forma casual- quien avisó a la Junta de Andalucía para que estudiara su valor.

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Así lo ha podido saber EL ESPAÑOL de Málaga por fuentes implicadas en la inspección arqueológica de la Delegación Territorial de Cultura del gobierno autonómico. Cuestionado por este periódico sobre si pretendían dar cuenta del descubrimiento posteriormente, la cementera se remite al comunicado enviado en la mañana de este jueves.

En él, aseguran que la oquedad apareció hace unas semanas en el transcurso de la actividad ordinaria de la fábrica de cemento y que fue la Delegación Territorial de Cultura quien pidió que se hiciera el estudio arqueológico. De acuerdo con las fuentes consultadas por este periódico, el movimiento de la Junta de Andalucía no se produjo hasta después de que esa persona ajena a la cementera diera la voz de alarma.

Mientras concluye el estudio del gobierno regional, la cementera prepara un informe paralelo de la mano de la empresa Arqueotectura, también todavía en proceso. Esta compañía de estudios arqueológicos, afincada en la localidad malagueña de Manilva, está especializada en la puesta en valor de yacimientos, estudios de patrimonio arqueológico y planeamiento urbanístico.

Difícil conservación

Fuentes cercanas a ese estudio señalan que las fotografías difundidas en redes sociales de la gruta fueron realizadas con una iluminación y unas condiciones profesionales que la favorecen, pero que -de tener la oportunidad de verse la cueva en persona por dentro- resulta decepcionante en comparación con las imágenes viralizadas.

Otros testimonios cercanos a la investigación de la caverna señalan que esta se encuentra en una situación muy delicada, seca y "reventada" por las explosiones y los trabajos cercanos a ella: "Es una cueva complicada para su conservación".

Estas mismas fuentes dan ya por prácticamente imposible el mantenimiento de esta caverna, pero señalan a qué se puede cambiar en el futuro para que algo así no vuelva a ocurrir: que este tipo de explotaciones del terreno en zonas susceptibles de tener patrimonio geológico o arqueológico tengan una vigilancia más continua.

"En un sitio donde es susceptible la presencia de cuevas, que haya una vigilancia arqueológica cada equis tiempo. Todas las canteras deberían tener un seguimiento, ir aunque sea una vez al mes. En un mes pueden cargarse una cueva, sí, pero es menos probable que si no se vigila nunca", plantean.