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Las claves

Decía el autor de la comparsa gaditana Desas3, Jesús Bienvenido, que mientras la salud mental siga siendo un estigma, seguiremos pagando el castigo de no acallar ese ruido cuando empiezan a gritar los silencios.

Silencios que gritaban, como el de Ángela, la adolescente de 14 años que el pasado 14 de febrero decidió acabar con su vida en el sótano de su casa en Benalmádena, sin que su familia, que la buscaba desde la tarde, pudiera imaginar el terrible desenlace.

Su hermano, de apenas 23 años, la encontró inconsciente cuando faltaban unos minutos para la medianoche. Aunque la Policía Local, que ya estaba alertada de su desaparición, pidió asistencia sanitaria urgente, nada se pudo hacer por salvar la vida de la niña, que se encontraba en tratamiento psicológico desde hace un año, según ha informado su familia a la prensa.

En un primer momento, la familia trasladó a los agentes que su hija estaba siendo víctima de un posible caso de acoso. Pero desde la Junta de Andalucía insisten en que “no constaba ninguna denuncia por parte de la familia sobre una posible situación de acoso en el centro” en el que estudiaba, el I.E.S Benalmádena.

De hecho, este martes por la noche, la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía ha enviado un comunicado a la prensa donde explican que los inspectores abrieron una investigación en el centro a raíz de la muerte de la alumna que contiene informes tanto de la dirección del centro, como de los tutores de los dos últimos cursos y del departamento de orientación, así como información sobre las reuniones mantenidas con el jefe de estudios y la maestra de Pedagogía Terapéutica.

En dicha investigación, dice el comunicado, todas las partes transmiten la misma información: no hubo ninguna alerta ni indicio de una posible situación de acoso escolar y en ningún momento, ni la familia ni la propia alumna, comunicaron al centro que lo sufriera. Tampoco consta ninguna comunicación de compañeros o de profesores advirtiendo de que sufriera acoso escolar.

Desde el I.E.S Benalmádena, este miércoles, han compartido en sus redes sociales un comunicado, acompañado de un crespón negro, donde expresan su "más profundo pesar" por la muerte de su alumna Ángela. "Toda la comunidad educativa —profesorado, alumnado, personal y familias— nos unimos en el dolor por su pérdida", han escrito.

Así, han añadido que este martes, en compañía del delegado territorial de Educación en Andalucía, Miguel Briones, y el alcalde de Benalmádena, Juan Antonio Lara, así como otros representantes institucionales llevaron a cabo un homenaje a mediodía con la participación de todo el alumnado del centro.

Cabe señalar que según han informado desde Educación, en la actualidad el IES Benalmádena mantiene abiertos cinco protocolos de prevención por conductas autolíticas y un protocolo de acoso escolar.

La información recabada sobre Ángela por los inspectores concluye que era una alumna bien integrada en el aula y su buena predisposición le llevó a ser elegida como delegada de clase por sus compañeros en el presente curso escolar. Las reuniones que ha mantenido el centro con la familia a lo largo de estos años han tratado, principalmente, sobre las justificaciones de algunas faltas de asistencia, así como sobre temas académicos y de su evolución escolar.

Descartado supuestamente un caso de acoso en el aula, Educación abría este martes la puerta a la hipótesis del ciberacoso, que está siendo investigada por la Policía Nacional. Los investigadores se encuentran trabajando en la inspección del contenido de los dispositivos digitales de Ángela: su móvil y una tableta con la que navegaba por Internet.

La menor tenía cuenta propia en redes sociales como TikTok o Instagram donde utilizaba su nombre. Pero según ha podido saber este periódico, también utilizaba al menos una cuenta de TikTok de manera anónima. Solo con un punto y coma, un símbolo que en redes sociales es mucho más que una herramienta de puntuación.

El punto y coma en redes no siempre implica ideación suicida directa, pero sí suele estar vinculado a una narrativa de dolor o resistencia de aquel que lo usa en Internet. Una forma silenciosa de decir “sigo aquí”, aunque lo esté pasando mal. Si en su perfil con nombre y foto Ángela daba algunas pinceladas de su situación en sus posts compartidos, en este, directamente, contaba sus intenciones a gritos.

Ángela difundía en su perfil 'secreto' publicaciones vinculadas a la muerte y a pensamientos autolíticos, un contenido que apunta a un malestar emocional sostenido en el tiempo y que refuerza la hipótesis de que atravesaba una situación de profundo sufrimiento.

Sus propias publicaciones en su perfil tienden a este tipo de pensamientos desde mediados de enero, aunque llevaba más tiempo mostrando inseguridad, como se puede ver en todo lo que compartía.

Un cartel de antiguos compañeros del colegio en el que era su instituto. EFE

Una compañera de su entorno escolar relata que en los últimos meses Ángela atravesó una ruptura sentimental que habría afectado a su autoestima por los comentarios que le hacía su ex. Parte de las publicaciones que compartía giraban en torno a su imagen corporal y la percepción negativa de su físico. De hecho, la joven pedía consejos para engordar a otras jóvenes.

Así, otra con la que compartía aula insiste en que Ángela no sufrió acoso "por parte de nadie en el instituto", sino que lo que le sucedió fue "a nivel virtual". "Se sentía sola, pero nadie lo sabía; prefería disimular y no contarle a nadie nada, por eso todo el mundo está en shock. Ella era muy diferente a lo que sentía y ocultaba", sostiene.

Resulta llamativo que sus publicaciones en la cuenta oculta están repletas de mensajes de otros internautas que le rogaban que pidiera ayuda. Que la solución no estaba en la muerte y que seguro que su familia estaba muy orgullosa de ella. Que si estaba o se sentía sola, se apoyara en ellos, aunque no los conociera de nada.

No es la primera vez que adolescentes que se suicidan utilizan perfiles en redes sociales ocultos como válvula de escape ante situaciones complicadas, normalmente a espaldas de su familia y de su entorno más cercano.

Creen que pueden ser juzgados por la sociedad si lo exteriorizan literalmente. En el caso de las niñas de Jaén del pasado mes de diciembre pasó exactamente igual que con Ángela. Ninguna de las dos chicas utilizaba su nombre real en TikTok.

Las redes

Hace unos meses, la oenegé Amnistía Internacional en Francia concluyó tras una investigación que el feed 'Para ti' de TikTok estaba empujando a niños y niñas, así como a jóvenes del país, a una espiral de contenidos que fomentan la depresión, las autolesiones y hasta el suicidio, lo cual es un auténtico peligro, según los expertos.

Casi el 90% de la juventud en España se conecta a Internet un mínimo de dos horas al día. De ellos, el 59% reconoce pasar más de 4 horas, una cifra que no deja de crecer, sobre todo entre los adolescentes de 15 a 19 años. Así lo muestra el Informe de la Juventud de España 2024, que constata un patrón generacional en el cual la conectividad es un rasgo propio de la juventud actual.

En cuanto al uso que hacen de Internet, la inmensa mayoría lo utiliza para pasar tiempo en redes sociales, donde acumulan varios perfiles para esquivar el control parental.

Hablando con ellos, algunos confirman que tienen una cuenta abierta donde no suben prácticamente nada, más allá de compartir contenidos de otras personas o stories en Instagram; y otra "privada" donde suben gran parte de contenido con "amigos de confianza". Aunque hay algunos que confiesan que tienen más "cuentas falsas" para ver perfiles que le bloquean "y cotillear".

Y es que pese al peligro de las redes sociales y que se ha alertado en varias ocasiones de que no son una cosa de niños, el 92,5% de los adolescentes utiliza al menos una red social, y el 75,8% gestiona tres o más cuentas, según Save the children.

El debate sobre si los menores deben estar o no en redes está más activo ahora que nunca, después de que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunciara que España está planeando la prohibición del acceso a plataformas digitales a menores de 16 años.

El suicidio constituye, según la Organización Mundial de la Salud, un grave problema de salud pública en el que intervienen múltiples variables y no una única causa. Factores sociales, culturales, biológicos, psicológicos y ambientales pueden confluir en un proceso complejo en el que, en la mayoría de los casos, la persona no desea morir, sino poner fin al dolor que experimenta.

Pide ayuda

Si necesita ayuda o atraviesa pensamientos suicidas, puede contactar con el 024, línea de atención a la conducta suicida; con el Teléfono de la Esperanza en el 717 003 717 o a través de WhatsApp en el 666 640 665. También presta apoyo la Fundación ANAR en el 900 20 20 10.