Málaga

Más de 8.000 hectáreas de suelo quemadas; unos 2.700 vecinos desalojados de sus casas; un bombero fallecido en la labor de extinción. Estos son algunos de los parámetros objetivos que vienen siendo objeto de atención en el incendio de Sierra Bermeja, que desde hace cinco días arrastra una parte preciada del patrimonio ambiental de la provincia de Málaga.

Pero más allá de sus efectos directos sobre la población y el territorio, hay una vertiente de análisis del fuego de indudable valor. El mismo consejero de Presidencia de la Junta de Andalucía, Elías Bendodo, se atrevía a asegurar ayer que será objeto de estudio. Y probablemente lo será por la dimensión del fenómeno.

Una de sus particularidades es que es un incendio denominado de "sexta generación". Esta es la referencia técnica que se le aplica desde que empezó a tomar fuerza en la noche del pasado miércoles, multiplicando de manera exponencial su potencia con el paso de las horas. 

Juan Carlos Gómez Méndez, decano en Andalucía del Colegio de Ingenieros Forestales.

Un término pocas veces empleado. Pero ¿qué es un incendio de sexta generación? "Es un incendio que por su envergadura y su capacidad calórica es capaz de crear un microclima interno", explica el decano en Andalucía del Colegio Oficial de Ingenieros Forestales, Juan Carlos Gómez Méndez.

Una circunstancia que le confiere una peligrosidad muy elevada. "La característica fundamental y más peligrosa es que debido a la elevada temperatura se levanta una corriente de aire que arrastra pavesas de cierto tamaño, ceniza, polvo en suspensión y sube a la atmósfera; si hay humedad, se forma una nube, pero llega un momento en que el fuego ya no da más y esa nube baja y cae", relata.

Y es ese momento cuando el riesgo es mayor. "Es como si soplamos una chimenea; hay mucho oxígeno que provoca que la incandescencia de las pavesas u otro material sea mayor, cayendo en lugares inesperados y pueden provocar nuevos focos", agrega. 

Precisamente esto es lo que ocurrió en la madrugada del pasado domingo, cuando una pavesa provocó un nuevo incendio que se adentró por el Valle del Genal, obligando a desalojar con el paso de las horas hasta seis localidades.

"Eso es peligroso para todos, porque los equipos de extinción que están distribuidos pueden quedar encerrados", añade. Un episodio de lo aquí descrito se produjo cuando se formó un pirocúmulo en la zona del incendio, lo que forzó al centro de mando del incendio a retirar a todo el personal de tierra para evitar males mayores.

Cuando se le pregunta de manera directa por el incendio de Málaga, destaca que se trata de un fuego de final de verano, que se localiza en una zona con mucha pendiente y en un momento con mucho viento.

"Se han puesto muchas cosas en contra", confirma. Pero añade un detalle no menor: "Es una zona en la que los tratamientos selvícolas preventivos hace tiempo que no se ejecutan y en la que la estructura de defensa contra incendios se puede decir que es algo escasa para lo que es la complejidad del territorio".

A juicio de este experto, la complejidad de la intervención de actuación contra las llamas es enorme. Porque sostiene que cuando en un incendio que toma la envergadura que ha tomado el de Sierra Bermeja, "un ataque directo de extinción es inviable; nos podemos dedicar a defendernos contra él y hacer ataques indirectos".

"Es imposible atacar directamente; ir al foco para apagarlo no se puede, es imposible", dice de manera contundente, para añadir de manera gráfica: "Es un monstruo que está avanzando; lo que podemos hacer es actuar de manera indirecta". 

Y ello con el objetivo de minimizar los daños. "Se puede trabajar en mitigar lo máximo posible el avance y la destrucción pero no se puede decir 'vamos a apagarlo'; se pueden concentrar los medios para decidir qué salvamos pero ante un fuego tan grande o cambian las condiciones meteorológicas o cambian las condiciones de continuidad de combustible, que es lo que hace que el fuego sea incontrolable", apostilla. 

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