Las claves
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Madrid es una ciudad que tiene una idiosincrasia muy particular. Es una ciudad con una fuerza como pocas otras en España y como casi ninguna en el mundo. Una ciudad que te envuelve y, sobre todo, que te absorbe. Que tiene un ritmo de vida, y que obliga a llevar un nivel de vida, que es casi imposible de aguantar desde cualquier ámbito.
Y no solo desde el punto de vista económico, sino también desde el punto de vista social y vital. Madrid es una urbe que te obliga a salir, a entrar, a estar y a conocer todo lo que a su alrededor se mueve. Sin embargo, ¿quién tiene la culpa del ritmo habitual que se lleva en Madrid? ¿La ciudad o los madrileños? Y es que muchos se dejan llevar por una vorágine que ellos mismos han creado junto a su entorno.
Es por ello que esta naturaleza se puede analizar desde un punto de vista más externo, intentando abstraerse y mirando con perspectiva lo que pasa en Madrid cada día. Como desde un plano en otra dimensión, como viendo la ciudad desde arriba. Y eso es lo que hace el pensador Sergio Fernández, quien valora la polémica filosofía de vida de los madrileños.
Para expresar ese ansia de ir siempre a por más, de quererlo todo, de no frenar y de perseguir cada cosa corriendo, Sergio utiliza el término "gula vital". Es decir, esa necesidad de querer tenerlo y de querer hacerlo todo, ya que la gula no solo se limita a lo material. También puede ir en el plano más espiritual.
Por eso, los madrileños no paran nunca y siempre van de un lado a otro. Al trabajo, a casa, al gimnasio, al bar, a los recados... y todo sin perder ni un solo segundo. Una gula que en muchas ocasiones puede acarrear problemas como el estrés o la ansiedad. "El problema no es la ambición. El problema es la falta de elección. No se trata de hacerlo todo, sino de hacer lo que hay que hacer".
¿Qué es la gula vital?
No se trata de hacerlo todo, efectivamente. Pero sí se trata de hacerlo bien. Y por ese foco llegan la exigencia y a veces la inseguridad y la ansiedad. Y también esa sensación de quedarnos fuera de algo que se nos escapa tras haber tomado una decisión. Un momento de la vida necesario para, precisamente, ir aprendiendo.
El pensador Sergio Fernández explica que esta sensación de no tomar buenas decisiones y de pensar siempre que nos quedamos fuera es fruto de esa "gula vital" tan repetida en Madrid, la ciudad en la que todo pasa frente a nuestros ojos. Una situación que nos cansa, aunque no sea solo de manera física. "Estamos agotados, pero no por trabajar demasiado, sino por vivir sin dirección".
Para un experto en la mente humana como Sergio Fernández, la manera más clara de detectar este cansancio vital es por la falta de claridad mental. Por ello, los madrileños, por regla general, tienen mayores dificultades para concentrarse, están más irascibles o se irritan más fácilmente a medida que avanzan las horas del día o los días de la semana. Solo el fin de semana sirve como una especie de borrador.
Aunque la realidad es que la mente no descansa nunca porque siempre se mantiene activa. Incluso cuando dormimos si tenemos muchas cosas en la cabeza. Además de nuestras preocupaciones, nuestro trabajo o nuestros problemas, también bombardeamos nuestra psique con contenido constante.
"La mente necesita cuidado y descanso. Y descansa cuando no está siendo distraída todo el tiempo". Además, este experto señala que la solución es más sencilla de lo que parece, aunque incómoda. Basta con eliminar o reducir la mayoría de los estímulos que tenemos. Y va más allá, ya que explica que Madrid no es el problema, sino una prueba que muchos no son capaces de superar.
En su libro Los 10 poderes para diseñar tu vida (Planeta) enseña pequeños trucos para hacer del día a día un entorno más sano para nuestro cerebro con trucos tan básicos como dormir mejor, reducir el ruido, cuidar relaciones que recargan energía, trabajar con sentido y aceptar que no todos los planes ni todas las oportunidades caben en una sola vida.
Y es que en ciudades como Madrid, el silencio o la reducción de la ansiedad y el estrés son hábitos contraculturales. "Levantarse descansado lo cambia todo" porque cuanto más cansados estemos, peores decisiones tomaremos en nuestra vida.
