Vicente Losada tiene 70 años y llegó a Madrid desde Segovia para acompañar a su prima Maricarmen en el proceso de ser desahuciada de la casa en la que había vivido durante más de siete décadas.
Durante la mañana del desahucio estuvo pendiente de ella, de sus medicamentos y de los pocos recuerdos que pudieron sacar de la vivienda. Ahora, mientras Maricarmen continúa recuperándose en el hospital, él la acompaña.
Antes del desahucio y en las horas posteriores, Vicente dijo que Maricarmen sería acogida en su casa. Vive con su mujer y dos personas más en un piso de 58 metros cuadrados en Segovia. En una entrevista con El Intermedio, Maricarmen dijo que si la desahuciaban quería vivir cerca de sus primos por si le pasaba algo.
La solución, sin embargo, está lejos de ser sencilla. Con la llegada de Maricarmen serían 5 personas en la casa y la mujer desahuciada tiene que moverse en silla de ruedas. La vivienda tendría que reorganizarse para adaptarse a las necesidades de Maricarmen, que salió del edificio de la calle Alcalde Sainz de Baranda en camilla al Hospital Gregorio Marañón.
Su primo dijo que él y su mujer estaban dispuestos a cederle la cama. Ellos dormirían en el sofá para que Maricarmen pueda disponer de un espacio propio. Es una solución familiar y provisional ante la ausencia de una alternativa habitacional que ella considere adecuada.
“Ella dice que no tiene dónde ir, no tiene alternativa. La única alternativa por ahora somos nosotros”, explicó Vicente. El hombre ha estado a su lado durante el proceso por conservar la vivienda. Para él, no se trata únicamente de una cuestión judicial o inmobiliaria. “Es un proceso muy largo, son siete años de lucha y hemos estado a su lado”, relataba. También señalaba el desgaste físico que ha supuesto para Maricarmen todo este tiempo.
El miércoles, durante las horas previas al lanzamiento, intentaba mantener una cierta normalidad dentro de una situación extraordinaria. Maricarmen contaba que iba a desayunar una magdalena que le había traído su primo y tomar un café. Poco después llegaría el momento de abandonar la vivienda.
Mientras en el exterior cientos de personas trataban de impedir el desahucio, Vicente permanecía pendiente de las últimas cosas que podían sacar de la casa. Con una mochila y algunas pertenencias de Maricarmen, ayudó a recoger recuerdos, medicamentos y objetos personales. La preocupación era también que no se llevara la impresión de que estaba siendo abandonada a su suerte.
Vicente insistió aquel día en que Maricarmen no tenía que ser sacada por la policía. “Ella no es una delincuente”, decía, mientras la policía quería sacarla. Si tenía que salir de la vivienda, lo debería hacer acompañada por los servicios sanitarios y no por la Policía.
Al día siguiente, Vicente seguía preocupado por su estado. La mayor inquietud de la familia era que no quería comer, “está exhausta y agotada”, explicaba, pero lo que más les preocupaba era que hubiera perdido las ganas de alimentarse después de lo ocurrido.
Para Vicente, lo sucedido con su prima tampoco termina en el portal de Alcalde Sainz de Baranda. Considera que el problema va más allá de su caso. “Esto no es algo puntual, es algo estructural”, defendía. En sus intervenciones ha cuestionado que viviendas destinadas a cubrir una necesidad básica estén en manos de fondos y ha extendido esa crítica a otros servicios esenciales.
También quiso reconocer públicamente el papel del Sindicato de Inquilinas durante los años de lucha de Maricarmen. “El comportamiento es para hacer un monumento”, dijo en una entrevista con TVE, en referencia al acompañamiento que, según la familia, han recibido durante el proceso.
Ahora comienza para Vicente una etapa distinta. Maricarmen dejará atrás la casa en la que entró siendo una niña y en la que vivió durante 71 años. Y la idea inicial de Vicente de acoger a Maricarmen se complica, "nuestra vivienda no reúne las condiciones mínimas".
