Comprar una vivienda es cada vez más difícil por la incesante subida de los precios.
Sin embargo, este encarecimiento está impulsando nuevas fórmulas para invertir en el mercado inmobiliario sin necesidad de comprar una casa.
Es el caso de la financiación colectiva, una alternativa que permite a las promotoras conseguir dinero para sus proyectos sin depender únicamente de los bancos. Para ello, recurren a particulares que aportan pequeñas cantidades a cambio de una rentabilidad.
Según el primer Observatorio de inversión y financiación inmobiliaria, elaborado por PwC y wecity, el 72,8% de los profesionales del sector prevé que estas nuevas formas de financiación ganen peso durante los próximos doce meses.
Y es que este modelo permite a los particulares invertir desde 500 euros y acceder a un mercado tradicionalmente reservado a quienes disponen de un gran capital.
Esta tendencia llega en un momento en el que comprar una vivienda es algo impensable para muchos.
Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el precio de la vivienda subió un 12,2% entre abril y junio de 2026 respecto al mismo periodo del año anterior.
Una subida que fue todavía mayor en las viviendas de segunda mano, con un incremento del 12,9%.
Además, sólo entre abril y junio, los precios aumentaron otro 3,4%. Un escenario que exige cada vez más ahorros a quien quiera comprar una propiedad, lo que dificulta todavía más el acceso al mercado inmobiliario.
Esta fórmula se conoce como crowdlending inmobiliario. Se trata de un sistema de financiación colectiva donde varios particulares prestan dinero para sacar adelante un proyecto inmobiliario y, a cambio, esperan recuperar su inversión con intereses, en un periodo de tiempo pactado.
De esta manera, los inversores pueden financiar la construcción de viviendas, la compra de inmuebles o proyectos de rehabilitación y reforma sin convertirse en propietarios.
La principal diferencia respecto a la inversión tradicional está en el desembolso inicial. Comprar una vivienda exige una cantidad elevada de dinero. También implica asumir impuestos, gastos de mantenimiento y la gestión del inmueble.
En cambio, este sistema permite repartir el dinero entre varios proyectos y elegir distintas operaciones. No obstante, la rentabilidad no está garantizada y existe el riesgo de perder parte o toda la inversión.
"Durante mucho tiempo hemos asociado invertir en inmobiliario con comprar una vivienda, pero hoy ambas cosas ya no tienen por qué ir necesariamente unidas", explica Javier Villaseca, fundador y consejero delegado de Segofinance.
Para las promotoras, esta alternativa supone otra vía para conseguir recursos. Y es que la financiación bancaria es algo que siempre sigue presente, sin embargo ahora pueden complementarla con estas pequeñas aportaciones.
Desde la Asociación de Promotores Inmobiliarios de Madrid (ASPRIMA) destacan el crecimiento de estas nuevas fórmulas de financiación.
La patronal asegura que su uso ha aumentado de forma exponencial en los últimos años, con buenos resultados tanto para los pequeños inversores como para las promotoras.
El auge de estas nuevas formas de inversión ya se refleja en el crecimiento de las plataformas que ofrecen este servicio.
Un ejemplo es Sego Real Estate, la división inmobiliaria de Segofinance, que ha multiplicado por más de ocho el dinero invertido por particulares en menos de dos años.
En concreto, ha pasado de superar los dos millones de euros en 2024 a rebasar los 17 millones en el primer semestre de 2026. Sólo durante esos seis meses cerró 15 operaciones de financiación inmobiliaria.
Su modelo permite participar desde 500 euros en proyectos de construcción, adquisición o reforma de inmuebles y, antes de aportar su dinero, los inversores pueden consultar las características y condiciones de cada proyecto.
Así, desde ASPRIMA consideran necesario seguir explorando estas alternativas y captar el ahorro de los particulares para facilitar la financiación de nuevas promociones inmobiliarias, que tanta falta hacen.
Y es que es un momento complicado para el sector. La falta de viviendas sigue siendo uno de los principales problemas del mercado y continúa presionando los precios al alza.
El Banco de España mantiene su estimación de que el déficit de viviendas en España alcanzará el millón en 2028.
Para hacer frente a esta escasez, la Confederación Nacional de la Construcción (CNC) considera necesario construir unas 250.000 viviendas nuevas al año, más del doble del ritmo actual.
Sin embargo, el problema no es sólo la falta de viviendas. El sector también reclama más suelo disponible, menos trabas burocráticas y mayor agilidad en la concesión de licencias para poder construir.
Con estas necesidades sobre la mesa, la financiación se convierte así en otra de las claves para impulsar nuevas promociones. De ahí el creciente interés por fórmulas alternativas como esta que permitan captar capital más allá del método tradicional.
