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La construcción de vivienda industrializada está avanzando como una palanca para abordar los problemas estructurales de productividad, sostenibilidad y control de costes pero no cumple con las expectativas que el Gobierno tenía el año pasado.
En 2025, Pedro Sánchez puso sobre la mesa la vivienda industrializada como la gran baza para abordar a corto plazo la crisis habitacional por la que atraviesa España. Anunció entonces que se dedicarían 1.300 millones de euros a esta iniciativa durante 10 años.
Sin embargo, la implantación de esta manera de construir sigue siendo reducida: apenas representa en torno al 2% de la edificación, aunque las previsiones apuntan a que alcance el 10% en 2030.
Pese a su potencial, el modelo aún se enfrenta a barreras. Roberto Silguero, planificador de vivienda en la Sociedad Pública de Infraestructuras y Medio Ambiente de Castilla y León (Somacyl), reconoce que la construcción industrializada sigue siendo más cara que la tradicional.
Silguero explica a EL ESPAÑOL-Invertia que “esto sigue siendo así porque no hay suficientes fábricas. Es un problema de oferta y demanda”.
A su juicio, esta situación podría cambiar en los próximos años. La progresiva escasez de mano de obra encarecerá la construcción tradicional, mientras que el aumento de capacidad productiva permitirá abaratar los costes de la industrializada.
En Castilla y León, además, el acceso al suelo no es un problema estructural, a diferencia de lo que ocurre en las grandes ciudades. “En muchos municipios de esta comunidad hay suelo disponible y no se está especulando”, señala.
Sin embargo, el principal cuello de botella sigue siendo administrativo: los plazos para obtener licencias son los mismos que los de la construcción convencional, lo que reduce parte de la ventaja en tiempos. “Se puede tardar más en empezar que en construir”, resume.
La comunidad de Castilla y León prevé desarrollar más de 1.000 viviendas industrializadas (con un 65% de industrialización) en un plazo aproximado de tres años y medio, principalmente en formato de vivienda adosada.
Silguero explica que este modelo es aplicable en otras comunidades autónomas, pero presenta limitaciones en grandes ciudades. “Es difícil trasladarlo a zonas en las que el precio del suelo es más elevado”, señala Silguero.
Pero, insiste en que la industrialización aporta mejoras claras en calidad, eficiencia energética y sostenibilidad. “El proceso es mejor, aunque eso no significa necesariamente que sea más barato: también estamos elevando el estándar de la construcción”, concluye.
Desde el ámbito privado, Juan Manuel Rojas, director del estudio de arquitectura Hombre de Piedra, destacó en el debate que se llevó a cabo en Rebuild que “es imposible hacer el mejor edificio posible si no es de forma industrializada”, refiriéndose principalmente a zonas rurales.
El sector sigue arrastrando importantes barreras culturales. Rojas denunció la persistencia de prejuicios que asocian la industrialización con soluciones de baja calidad. “Se ha instalado la idea de que es una arquitectura peor, cuando en realidad ocurre lo contrario”, señaló.
Pere Amora, presidente del Clúster de Construcción Industrializada de Cataluña (CICC), subrayó que la industrialización no es un concepto nuevo. “La Sagrada Familia es industrializada: cada pieza se fabrica y luego se ensambla”, apuntó.
Sin embargo, reconoció que el sector aún se encuentra en una fase inicial. “Está claro que está avanzando pero la verdadera competitividad llegará con la estandarización”, aseguró.
Los expertos coinciden en que la construcción industrializada crece pero necesita estandarización, agilidad burocrática y financiación para ser una opción que realmente pueda aliviar la crisis de la vivienda.
