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Las claves

A pesar de que Ceuta empieza a recobrar la normalidad tras la crisis migratoria que ha sufrido estos últimos días, el panorama todavía está marcado por la incertidumbre. Por ahora, quedan alrededor de 2.000 migrantes irregulares en la ciudad autónoma después de que el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, haya anunciado que 70.000 de las 72.000 personas que entraron han regresado a Marruecos.

No obstante, todavía decenas de migrantes permanecen ocultos por los alrededores de la ciudad para evitar ser deportados. Esto ha elevado la preocupación de los médicos, quienes señalan que así es difícil contabilizar la asistencia sanitaria real porque muchos deciden no solicitar ayuda si no es una situación muy grave. Por eso, "no sabemos cuántos son ni en qué estado estarán", precisa a este diario Julián Manuel Domínguez, jefe del servicio de Medicina Preventiva del Hospital Universitario de Ceuta.

El especialista, que ha formado parte del dispositivo de refuerzo desplegado durante estos días, indica que la presión asistencial aún se mantiene, sobre todo en los servicios de urgencia y del 061.

"La actividad prácticamente se ha duplicado desde el pasado jueves. Lógicamente esos días se llegó al pico máximo. Atendíamos 100-200 por minuto. Y, ahora, ha ido reduciéndose. No obstante, los servicios de urgencias seguimos. Somos los más tocados, como es normal", cuenta.

Por ejemplo, "una compañera nos ha contado como llevan toda la tarde sin parar. Han tenido 24 asistencias de inmigrantes en aproximadamente una hora y media. Eso, para una ciudad tan pequeña como lo es Ceuta, es bastante", añade.

Domínguez matiza que la mayoría de las asistencias son leves: "pequeñas rozaduras, heridas...".

"Algunos vienen simulando una dolencia; otros, reclamando asistencia para situaciones que en realidad no son urgentes, solo para conseguir un papel que acredite su paso y les sirva en futuras diligencias. Son casos que, poco a poco, te van quitando tiempo y hacen que no atiendas como debieras los realmente graves".

Espigón del Tarajal del pasado viernes 31 de julio. Fotografía cedida a E.E

Ante esta situación, la Cruz Roja está desplegando pequeños dispositivos en playas o alrededores para poder atenderles. "Ayer, en la playa del Trampolín se atendió a unos 100 migrantes. Claro, si tú despliegas unos servicios donde están ubicados va a haber demanda. Pero, es muy difícil reforzar la asistencia porque no sabes dónde están".

"Mientras estén escondiéndose por ahí, pues, ¿dónde montas tú algo para atenderles de una forma más precisa? Así, entras en un bucle de no saber qué hacer".

En un primer momento, el Ministerio de Sanidad, que controla el Ingesa (servicio de salud del que dependen las ciudades de Ceuta y Melilla), indicó que los refuerzos se extenderían hasta el pasado lunes 3.

Ahora, el Ingesa ha decidido prorrogar esta orden, al menos, una semana más. En concreto, los servicios que se han reforzado han sido los de urgencias, Atención Primaria y el 061.

"Los peores días"

Siham Yakhloufi, especialista del servicio de Urgencias del Hospital de Ceuta, relata cómo ha vivido la sanidad de la región la llegada masiva de migrantes.

Tanto para ella como para el resto de sus compañeros, "estos días han sido los más duros que han pasado desde que el hospital está abierto", cuenta.

A pesar de ello, Yakhloufi defiende el esfuerzo y trabajo de todo el equipo. "Hemos estado ahí desde el primer día. Aunque hemos estado al límite, muy agobiados, sin comer, con carga asistencial, lo hemos sacado adelante. Ha habido mucha coordinación de todas las áreas", recalca.

Más que colapso -como lo catalogan los sindicatos médicos-, la especialista habla de un volumen ingente de asistencia sanitaria.

"A la actividad normal de los ciudadanos ceutíes hay que añadirle esta llegada de 70.000 personas. Esto supone una presión continua de mañana, tarde, noche, a todas horas, que se ha llevado a cabo con mucho esfuerzo", reflexiona.

"Hemos velado muchísimo porque esa asistencia se mantenga. Se ha abierto un triaje sólo para los ciudadanos ceutíes y otro se ha dedicado para los migrantes, así hemos podido cumplir de una forma más rápida, adecuada y eficaz". Asimismo, destaca la profesionalidad y el compañerismo con los que se organizaron, al menos, los servicios de urgencias tras el repunte migratorio.

"Llamamos a compañeros que estaban en casa, han venido algunos de forma voluntaria, otros que ya estaban de turno de mañana decidieron prolongarlo. Otros han hecho guardia, también se ha aumentado la plantilla de residentes. Por ejemplo, hemos pasado de tener entre un médico en críticos, a tener tres y dos en observación".

Así, la especialista indica que a pesar de que la intensidad ha bajado, todavía "se siguen atendiendo unos 200 migrantes al día", según calcula.

Yakhloufi denuncia que detrás de estas cifras se están detectando graves problemas."Hay muchos menores que no están bien ubicados, muchos de ellos están enfermos, son diabéticos y necesitan tratamiento", cuenta.

Por eso, "necesitamos una continuidad poshospitalaria, es el problema que tenemos que no podemos ofrecerlo en las urgencias. Hay que ubicarlos para ofrecerles un seguimiento. Igualmente, tengo constancia de que este tema se está tratando de solucionar junto con la gerencia para ofrecer las instalaciones públicas pertinentes", termina la especialista.

Asistencia

Con todo, los datos del Ingesa del pasado 3 de agosto (los más recientes) sostienen esa caída de la presión asistencial.

Según el servicio de salud, se continúa prestando asistencia sanitaria con normalidad en el marco del dispositivo especial activado en coordinación con la Delegación del Gobierno.

Los dispositivos asistenciales de Atención Primaria y Atención Especializada realizaron un total de 340 asistencias, frente a las 305 registradas en la jornada anterior.

No obstante, para el Ingesa, los datos reflejan este descenso de las asistencias sanitarias, con una evolución a la baja sostenida en las tres últimas jornadas (1.149, 463 y 305 asistencias, respectivamente).