El pánico inversor desatado por la irrupción del coronavirus no ha sido solo de huida. El miedo a un eventual desabastecimiento alimentario ha provocado el encarecimiento de varias materias primas agrícolas y ganaderas. Aunque se trata de activos poco frecuentados por los inversores no especializados, hay fórmulas al alcance de las carteras más modestas.

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Este repunte de precios en futuros como los de la carne de bovino o el zumo de naranja es el reflejo en los mercados financieros de las largas colas que se formaron en las puertas de los supermercados de todo el mundo justo al arrancar las medidas de confinamiento para combatir la expansión del coronavirus. Los productos básicos de alimentación, que son precisamente los que se negocian en los mercados de derivados, llenaban las cestas y carritos de la compra.

Más allá de este primer repunte con los anuncios de reclusión de varios países, sobre todo europeos, hacia mediados de marzo, la mayoría de estas materias primas han atravesado otro fuerte repunte de cotización en estas últimas semanas. Este, más reciente, se viene produciendo desde finales de abril, coincidiendo con las primeras medidas hacia la reapertura planteadas en muchas economías.

El campo no se cierra

En ambos casos, los inversores han descontado picos de demanda sobre una oferta sin grandes alteraciones, ya que en el campo se ha seguido trabajando durante todo este tiempo, aunque en algunos casos a medio gas. En esta línea, los analistas de la firma especializada Wisdom Tree apuntan que “las materias primas agrícolas podrían ver ganancias sustanciales cuando la actividad global retorne a la normalidad mientras que las cadenas de suministro permanezcan dañadas”.

Desde mínimos de finales de marzo, cuando los mercados financieros sufrieron el mazazo más profundo por la expansión del coronavirus fuera de las fronteras de China, los futuros sobre carne de vacuno han subido un 20%, mientras que los de cerdo son ahora un 61% más caros que entonces. En la soja estadounidense, la subida es del 3%, pero en plena euforia compradora antes de que se decretase el confinamiento de varios estados del país la subida llegó a ser del 8,5%.

Uno de los casos más paradójicos es el de los futuros sobre el zumo de naranja, que además de ser unos de los contratos agrícolas más negociados habitualmente, han disparado su popularidad hasta acumular una revalorización del 25% en este tiempo. En este caso, el acopio venía inducido, tal y como señala Diego Morín, analista de IG.

“Surge como consecuencia de la rueda de prensa de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en la que recomendó consumir vitamina C”, subraya el experto para recordar que en este contexto no es de extrañar que “supermercados como Mercadona han duplicado sus ventas en zumos”.

Evolución asimétrica

Con este acelerón y la perspectiva de que las subidas puedan consolidarse conforme se vayan reabriendo las economías, los expertos aconsejan dos vías para tomar posiciones en este sector. Eso sí, como advierten desde Wisdom Tree, “todavía está por ver si habrá una recuperación tan rápida como en la renta variable”, donde a pesar de la debilidad que muestra un dato macro tras otro, la remontada va tomando cuerpo.

El analista y bróker especializado Andrew Hecht explica desde Investing.com que “cada año es una nueva aventura” en estos activos. Aquí señala que, a pesar de la remontada experimentada en las últimas semanas, “los precios del ganado vivo y del cerdo magro se situaban en 2 dólares y 1,33 dólares por libra, respectivamente, cuando en abril del año pasado ascendían a 2,75 y 1,87 dólares”. Una comparativa que desluce la remontada conseguida en estos últimos días.

ETF y fondos especializados

El primer método, y quizá el más obvio, pasa por invertir en fondos cotizados indexados (ETF) sobre una cesta de materias primas agrícolas, ya que la regulación europea impide la distribución entre minoristas de productos de inversión referenciados a un único activo, a diferencia de lo que ocurre en EEUU donde esta práctica sí está permitida.

En este caso, los gestores aconsejan vigilar cuál es la cesta de cada ETF, porque a diferencia de las tendencias globales que puede marcar la renta variable, en materias primas agrícolas, cada activo tiene sus propias circunstancias, empezando por la calidad y cantidad de sus cosechas o crianzas. El cacao, por ejemplo, está afectado por las dificultades para su transporte desde las escasas regiones que lo producen a escala industrial, Morín señala que “Ecuador estimó una pérdida de 30 dólares por quintal” por este concepto.

Del café señala que la drástica caída de demanda global por el cierre de la hostelería y grandes distribuidores como Starbucks, Luckin Coffee o Tim Hortons. Aunque “las reservas de café en EEUU están en mínimos de cuatros años, la Organización Mundial Internacional del Café (OIC) estimó un descenso del grano del café de manera continua, hasta situar la producción en los 500.000 sacos de 60 kilos”. El resultado son bandazos de hasta el 25% de un día para otro en el mercado de futuros.

Un agricultor examina la evolución de su cultivo. Paintec Omicrono

En cualquier caso, los gestores consultados recomiendan medir muy mucho qué parte de la cartera se puede comprometer a una inversión con la que, a menudo, se está poco familiarizado. La convención es que el patrimonio confiado a materias primas agrícolas no suponga mucho más de un 10% del total invertido. Esta referencia que también vale, aunque con matices, a la inversión en este segmento a través de fondos especializados en compañías vinculadas con el mundo agrícola y la distribución y comercialización de sus productos.

Esta última opción resulta más equilibrada y diversificada que la toma de posiciones directamente a través de acciones de una o varias de estas compañías.

Entre las habituales de estas cestas están el holding alemán Bayer, la química canadiense Nutrien, la cárnica estadounidense Sanderson Farms, la francesa Danone, la suiza Nestlé y el fabricante de tractores y maquinaria Deere & Co, entre otras muchas.