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Las claves

La próxima gran crisis sistémica podría llegar antes de lo previsto, y podría hacerlo desde un flanco no contemplado hasta ahora por los libros de economía teórica.

Un reciente informe elaborado por Swiss Re Institute y la London School of Economics (LSE) advierte de que la próxima crisis sistémica -comparativamente, como la gran crisis financiera mundial que se desató en 2008 tras la quiebra de Lehman Brothers- podría depender menos del tamaño del shock inicial que de dónde se produzca, qué dependencias active y a qué velocidad se propaguen sus efectos.

El estudio, titulado 'The age of interconnected risks', concluye que los riesgos económicos y financieros están cada vez más interconectados. Esta interdependencia puede hacer que una perturbación inicialmente limitada se propague con mayor rapidez y alcance a empresas, sectores y economías aparentemente ajenos al problema original.

La inteligencia artificial, las cadenas de suministro, las infraestructuras críticas o los desastres naturales están creando nuevos canales de transmisión que exigen reforzar la resiliencia con antelación.

El análisis de Swiss Re Institute y LSE parte de la revisión de los informes 10-K de 91 empresas del Fortune 100, y detecta un 24% más de vínculos entre los riesgos comunicados que en la edición de 2019, previa a la pandemia de Covid-19.

Las menciones a riesgos relacionados con la IA y otras tecnologías aumentaron, aproximadamente, un 30% entre 2019 y 2026, extendiéndose desde las empresas tecnológicas a sectores como el comercio minorista, las aerolíneas, la industria farmacéutica y la alimentación.

Y es que buena parte del documento pivota sobre la relación entre tecnología y empresas, y sus riesgos derivados. Otra preocupación para los autores es su concentración. Y no sólo geográfica.

Tres proveedores controlaban el 70% de la infraestructura mundial de la nube en 2024, y tres empresas procesaban el 97% de las transacciones mundiales con tarjetas de crédito.

Pero no todo es tecnología, IA o la digitalización global de la economía. Los riesgos naturales pueden amplificarse por la concentración de infraestructuras críticas.

Por ejemplo, el informe señala que más de una cuarta parte de los centros de datos estadounidenses están en zonas con, al menos, tres días anuales de granizo intenso, mientras que más del 40% se sitúan en áreas con riesgo significativo de tornados. En Taiwán, al otro lado del mundo, el 88% de las plantas de semiconductores están en zonas de riesgo sísmico extremo.

Por tanto, la futura gran crisis sistémica, que podría llegar más pronto que tarde, será más imprevisible, virulenta e inatajable que las que conocemos. Y los mandatarios ya no tienen herramientas de defensa suficientes.

Sin 'escudo'

El estudio advierte de que los gobiernos tienen ahora menos margen para contener una futura crisis mediante las herramientas tradicionales de política económica. La elevada deuda pública de los Estados y los limitados márgenes de actuación monetaria y fiscal hacen que la resiliencia deba construirse antes de que llegue la perturbación.

En este sentido, Swiss Re recomienda que las compañías identifiquen dependencias comunes entre proveedores, clientes, plataformas tecnológicas e infraestructuras; y que reduzcan concentraciones excesivas, tanto geográficas como tecnológicas.

También que refuercen sus reservas y planes de continuidad operativa, así como que determinen qué riesgos pueden absorber y cuáles conviene transferir mediante seguros u otros mecanismos.