L. Broche
Publicada
Actualizada
Las claves

El Banco de Japón (BoJ) decidió este viernes subir hasta el 1,25% los tipos de interés de referencia a corto plazo, al término de su reunión mensual sobre política monetaria, el nivel más alto en casi 31 años en el país asiático.

El BoJ optó por elevar esta tasa desde el 1% por primera vez en tres meses, en una decisión ampliamente esperada por los analistas, ante los llamados a contener la debilidad del yen por parte de Estados Unidos.

Tomada por una mayoría de siete votos a favor y dos en contra, según un comunicado del BoJ, la decisión llega ante el riesgo de que la inflación "se desvíe al alza hasta un nivel superior al objetivo de estabilidad de precios del 2 %", debido al alza de los precios del petróleo por el conflicto en Oriente Medio.

Según cifras publicadas este mismo viernes por el Gobierno japonés, la inflación interanual aumentó un 1,7% en agosto, marcando una ligera desaceleración del índice de precios al consumidor (IPC) en el archipiélago respecto al 1,8% registrado el mes anterior.

No obstante, el BoJ consideró que la economía japonesa continuará creciendo moderadamente gracias a factores como las medidas gubernamentales para hacer frente a la subida de los precios de la energía por la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, así como al auge de la demanda de productos relacionados con la inteligencia artificial (IA).

Debido a que la inflación se ha mantenido en los últimos meses cercana al objetivo del 2%, el BoJ adelantó que continuará elevando la tasa de interés en el futuro.

La subida de tipos tiene lugar en medio de la insistencia del secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, en que Japón muestre a los mercados su compromiso con la sostenibilidad fiscal y el aumento de los tipos de interés.

Un mensaje que Bessent transmitió personalmente al gobernador del BoJ, Kazueo Ueda, y a la ministra de Finanzas, Satsuki Katayama, el pasado 1 de septiembre en los márgenes de una reunión del G20 celebrada en EEUU, casi un mes después de que Tokio y Washington llevaran a cabo una intervención conjunta en el mercado de divisas para frenar la persistente debilidad del yen.