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Las claves

El conflicto entre Estados Unidos e Irán en Oriente Medio se recrudece. El estrecho de Ormuz sigue cerrado. El petróleo y el gas no llegan a los mercados occidentales, que tienen que tirar de reservas y abastecerse de otros proveedores alternativos. La inflación sube. El interés exigido a los bonos también se dispara, y se contagia de EEUU a Europa. Los inversores descuentan que, con los precios actuales, los bancos centrales (la Fed y el BCE) tendrán que subir tipos para contener el encarecimiento de la vida.

Y quienes tienen renta fija en cartera, sobre todo bonos públicos europeos y americanos, pero también japoneses, empiezan a venderla masivamente para que no se deprecie con el contexto de tipos crecientes. Et voilà! La tormenta perfecta está delante de nuestros ojos. Al mercado financiero le han entrado los nervios y cunde el pánico entre los inversores.

Esta situación es la que se ha vivido en la segunda mitad de agosto y el comienzo de septiembre. Y no parece que vaya a revertirse así como así. De ahí que muchos grandes bancos, brókeres y fondos de inversión ya empiecen a deslizar consejos sobre cómo invertir ante la tempestad en los bonos.

Lale Akoner, estratega de mercados globales de eToro, cree que "la ola de ventas de bonos a nivel mundial podría prolongarse aún más".

Los elevados precios del petróleo y el gas mantienen vivas las preocupaciones sobre la inflación, mientras que los gobiernos y las empresas tecnológicas recurren a un fuerte endeudamiento para financiar la inteligencia artificial.

En su opinión, "los rendimientos de los bonos podrían mantenerse altos incluso si las economías se desaceleran, ya que los bancos centrales podrían retrasar los recortes de tipos y habría más bonos compitiendo por el dinero de los inversores".

Su consejo a los ahorradores e inversores es comprar bonos a corto plazo, "ya que deberían ser más estables", según Akoner, así como los bonos protegidos contra la inflación (ajustan el valor de su capital principal y el pago de sus intereses según sube o baja el IPC), determinados valores del sector energético y empresas con solidez financiera.

Efecto en la bolsa

"Adoptaríamos una postura más positiva respecto a los bonos a largo plazo una vez que los precios de la energía se estabilicen y los bancos centrales puedan empezar a plantearse de nuevo recortes de los tipos de interés", deja entrever la experta de eToro.

Aunque, a corto y medio plazo, el mercado seguirá reaccionando con sensibilidad a los movimientos de tipos y a las noticias macroeconómicas, lo que anticipa nuevos episodios de volatilidad, desde Payden & Rygel confían en que los bonos de alto rendimiento (high yield, de menor calidad) continúan ofreciendo oportunidades atractivas para quien invierte con un horizonte amplio.

"Tres factores respaldan esa lectura. Unos fundamentales de los emisores sólidos, unos niveles de endeudamiento manejables y un rendimiento en torno al 7% en el mercado estadounidense en términos absolutos", resume Jordan López, director de estrategia de High Yield de Payden & Rygel. Un buen colchón y con las tasas de impago contenidas en su previsión.

En un contexto marcado por las tensiones en los mercados de deuda, las expectativas sobre los tipos de interés y la incertidumbre geopolítica, Thomas Hempell, responsable de Análisis Macro y de Mercados de Generali Investments, considera que el crecimiento global y la fortaleza de los beneficios empresariales siguen respaldando a los activos de riesgo.

No obstante, advierte de que el principal foco de vulnerabilidad continúa estando en el tramo largo de los bonos, especialmente en EEUU, por lo que mantiene una visión favorable al crédito y una ligera sobreponderación en renta variable, aunque con cautela en duración ante el riesgo de nuevas tensiones en los mercados de deuda.

Bank of America calcula que el aumento de unos diez puntos básicos de la rentabilidad real del Treasury americano a diez años durante la última semana explica toda la caída registrada por el Stoxx Europe 600 en ese periodo. Y descuenta que una subida de tipos de la Fed podría provocar una caída adicional del 5% en las bolsas europeas.

Y el banco mantiene una visión bajista más allá del riesgo inmediato: su escenario apunta a un descenso cercano al 10% del selectivo bursátil europeo, hasta los 580 puntos, de aquí al segundo trimestre, por el aumento de las primas de riesgo y el deterioro de las expectativas de beneficios, conforme al análisis de Sebastian Raedler, responsable de Renta Variable Europea de BofA.

Entre sectores, aerolíneas, bancos y energía serían los más favorecidos por unas rentabilidades más altas, mientras que semiconductores, bienes personales y del hogar y utilities serían los más perjudicados, separa su experto.