En menos de un mes, y tras una reciente racha de tres semanas consecutivas con bajadas, el precio del barril Brent (el que más nos afecta a los españoles) ha caído un 11% a pesar del fuerte repunte de este lunes. 

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Sin embargo, sube casi un 50% el último año y casi un 30% en lo que llevamos de 2021. Es por ello de su alta incidencia en el actual repunte inflacionario global

El motivo de tanta subida acumulada se explica por la recuperación económica mundial que ha conducido a un mayor uso del combustible rey de los transportes. 

El aumento de la demanda de crudo sorprendió a unos productores que habían rebajado las extracciones. Eso, y el aumento del consumo mundial, que ha incluido un verano menos malo de lo temido en turismo, llevaron al barril a marcar máximos anuales en junio por encima de los 78 dólares. 

Julio fue un mes muy volátil por el desacuerdo de la OPEP en aumentar la producción y cuando por fin se desbloqueó, los precios en lugar de bajar, subieron descontándose que el aumento no iba a ser suficiente. 

Cambio de tendencia 

El giro en los precios desde finales del mes pasado viene por varios factores: la presión política de Biden, que exhortó a la OPEP a que pusiera más petróleo en circulación para rebajar las presiones inflacionistas, el aumento de casos de la Covid-19 primero en Asia y últimamente en Estados Unidos, que hace temer por una reducción del consumo y, la última semana, por el miedo a un recorte de los estímulos de la Fed

La subida del precio del petróleo afecta a la inflación por tres vías distintas: impacto directo en el precio de los carburantes, efectos indirectos sobre otros componentes por el incremento de los costes de producción que están ligados a él (por ejemplo, los precios del transporte) y, por último, lo que los economistas llaman “efectos de segunda ronda”. 

Éstos se producen como consecuencia de los cambios en las expectativas de inflación de los agentes económicos y que, por ejemplo, pueden afectar a las negociaciones salariales. 

Los dos primeros desde luego ya se están notando en los IPCs de todo el mundo. Y como por estas mismas fechas del año pasado el barril Brent cotizaba entre los 40 y los 45 dólares por barril, su incidencia interanual alcista es importante. 

Esto supone que, salvo desplomes inesperados, el precio del petróleo seguirá sumando a los IPCs interanuales los próximos meses. 

El impacto en el Brent

Nos centramos en el Brent porque es el crudo de referencia para Europa y se le suma un actor inflacionista más: lo pagamos en dólares con nuestros euros por lo que según se fortalece el dólar, más euros pagamos. 

Respecto a las mismas fechas del año pasado, el cambio euro/dólar, aunque nos ha ido en contra (estaba a 1,18 y ahora a 1,17), no nos afecta demasiado. Pero como empezamos 2021 con el euro/dólar por encima de 1,23, esta bajada del euro/subida del dólar hasta los niveles actuales es otro factor que hace que importemos inflación

A esto hay que sumar que, como las grandes refinerías suelen comprar sus stocks de petróleo en el mercado de futuros con antelación, los efectos de estas reducciones de precio tardarán semanas, e incluso meses, en notarse en los precios que paga el consumidor. 

Aunque pueda interpretarse como que se espera que las previsiones tan optimistas de crecimiento económico y consumo globales, no vayan a ser acertadas, esta reducción de precios del crudo es, si se prolonga, una buena noticia económica. 

Pero tardaremos en notar sus efectos tanto a nivel micro (precio de la gasolina) como macro (IPC).

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