Telefónica España navegará en solitario para desarrollar su red de 5G en España. La operadora desplegará su propia tecnología y utilizará sus torres para cumplir sus objetivos inmediatos de llegar al 75% de la población española ubicada en núcleos urbanos de como mínimo 20.000 habitantes.

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La compañía entabló acercamientos muy preliminares para explorar vías de colaboración con Vodafone y Orange. Incluso estuvo sobre la mesa la posibilidad de que se sumara al pacto que firmaron estas dos últimas compañías en abril del año pasado para compartir emplazamientos, pero no se siguió por este camino.

De esta manera, fuentes del mercado indican a este diario que Telefónica y sus dos principales competidores tendrán hojas de ruta separadas. Razones comerciales, técnicas y de timming han hecho que los 'azules' hayan decidido utilizar sus propios recursos para el despliegue.

En primer lugar, Telefónica prefiere tener control sobre su tecnología, tanto de radio como core. Una decisión estratégica en tiempos de pandemia y en medio de la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Vodafone y Orange comparten parte de su red móvil y a su vez Orange tiene acuerdos de wholesale y de despliegue con MásMóvil y de alquiler de redes con Euskaltel. 

En este sentido y como ya adelantó Invertia, la operadora eligió a Ericsson y Nokia para su despliegue 5G. Las primeras en encenderse serán las grandes urbes y ahí será protagonista Ericsson, para luego recibir el refuerzo y la capilaridad de Nokia. La elección de estos proveedores apunta a la utilización de la actual infraestructura desplegada por ellos para Telefónica, que será clave en el nuevo 5G.

Diferentes estrategias

Por otro lado, en diciembre del año pasado Telefónica adjudicó el despliegue core a Huawei. El core es el sistema central de la red donde está la información de los clientes y las funciones principales, mientras que el radio es transmisión pura de datos. No obstante, el objetivo es que a corto plazo el core se pueda abrir a más proveedores y que todos ellos compartan su tecnología.

En segundo lugar, Telefónica quiere tener control sobre sus fases de despliegue. El objetivo de la operadora es llegar al 75% de la población en cuatro meses cubriendo todas las ciudades de más de 50.000 habitantes, casi todas las de 30.000, al menos la mitad de las de 20.000 y algunas de 10.000. En cambio, Orange espera llegar al 40% en 2021, para subir al 70% en 2022, al 90% en 2023 y finalmente al 95% en 2024, nivel similar al de la cobertura actual del 4G. 

El acuerdo que Vodafone y Orange cerraron hace más de un año tenía por objetivo compartir y desplegar conjuntamente los equipos electrónicos y los sites futuros. El despliegue compartido que se acordó fue el de mayor coste, el de las ciudades más pequeñas que requieren más inversión en zonas más remotas. Hablamos de ciudades de hasta 175.000 habitantes.

Ambas compañías manifestaron su decisión de mantener sus propias estrategias de red en las grandes ciudades, donde las eficiencias de la compartición son limitadas. Estamos hablando de unas 23 ciudades entre las que se encuentran Madrid, Barcelona o Valencia. 

Son las primeras ciudades en las que Vodafone ya desplegó redes hace un año y donde espera hacerlo ahora Orange. Una hoja de ruta muy diferente a la que se ha marcado Telefónica.

Coste del despliegue

En tercer lugar, desde el punto de vista comercial, en Telefónica entienden que podrán dar un mejor servicio si tienen el control completo de su red, así como de la supervisión de sus procesos y de respuestas ante eventuales averías.

Los defensores de un gran pacto a tres bandas entre Telefónica, Vodafone y Orange alegaron la reducción de costes en el despliegue de 5G. Fuentes del sector cifran entre 4.500 y 5.000 millones de euros el coste del despliegue total, a lo que hay que sumar al menos otros 1.000 o 1.500 millones por los costes de la subasta del espectro de 700Mhz que se adjudicará el primer trimestre del próximo año.

Se trata de no menos de 5.500 millones de euros que deberán sufragar Telefónica, Orange y Vodafone para abordar la llegada de la nueva tecnología. No obstante, en el caso de Telefónica, juegan a su favor su gran generación de caja durante la pandemia, que le permite asumir estos costes, y la fórmula en la que ha comenzado el despliegue, en base a emplazamientos ya establecidos.

Las fuentes consultadas indican que las grandes compañías deberán gastar unos 75.000 euros en cada una de las 20.000 torres que deberá adaptar para el 5G, lo que arroja unos 1.500 millones de coste total para cada una de ellas.

Telefónica ha utilizado una estrategia que le permite utilizar sus actuales emplazamientos con un coste de adopción más reducido. La operadora está instalando 5G sin el máximo potencial de desarrollo ni de velocidad, que espera incorporar en un plazo de uno o dos años. Esto le permitirá repartir el coste total de despliegue en varios ejercicios.

Situación de liquidez

Por otro lado, la liquidez de la compañía se ha visto incrementada por el retraso de las subastas por espectro de 5G que ya se ha confirmado en Reino Unido, España y Brasil, tres de sus cuatro mercados estratégicos. Para las tres subastas, la operadora había previsto invertir entre 1.000 y 1.500 millones de euros, que ahora podrá gestionar de otra manera.

Así, al cierre del primer semestre de este año, Telefónica tenía una posición de liquidez de 23.698 millones de euros. También tiene una posición de activos líquidos de 10.000 millones, cubiertos los vencimientos más allá de los
próximos dos años.