“No compres bulos, no te los tragues”. Es la campaña de la Confederación Andaluza de Empresarios de Alimentación y Perfumería (CAEA) para evitar la “desinformación” de la que se consideran víctimas.
Y sustentan su campaña en un dato que les preocupa: más del 30 % de las fake news que circulan por internet son sobre alimentación.
Bulos que vuelan de teléfono en teléfono con efectos perjudiciales para el consumidor, las empresas, las ventas y los precios de los productos, lamentan en la patronal.
El secretario general de CAEA, Álvaro González Zafra, pone un ejemplo: el 87% de los jóvenes ha hecho consultas sobre compras de alimentación en Tik Tok. Pero sólo el 2,1% de la información en esta plataforma tiene rigor científico.
Las respuestas que se dan por interés patrocinado o a la buena de Dios en Tik Tok, en otras redes sociales o en medios que buscan desesperadamente el click tienen sin embargo repercusión en las decisiones de compra.
Decisiones en las que los consumidores confían su dinero o incluso su salud, pues frecuentemente se usan ganchos como dietas milagro o superalimentos.
Ante todo este tipo de situaciones, el sector recomienda no compartir la información si no se está seguro de su veracidad; contrastar la noticia a través de distintos medios; buscar fuentes fiables y oficiales; y analizar objetivamente, evitando los sesgos.
Tópicos falsos
Los bulos que afectan al sector de la distribución, explica CAEA, incluyen afirmaciones tópicas, como “los supermercados se forran”, “los alimentos son muy caros y los márgenes del comercio son abusivos”, “los supermercados especulan y se ponen de acuerdo en los precios” o “pagan por debajo del coste del productor”.
Desde la patronal insisten en que muchas de estas informaciones confunden cifras millonarias de facturación con márgenes netos, en un sector que trabaja con un beneficio del 5% en minoristas y que llegan al 3% en cadenas de supermercados.
Durante los años 2022 y 2023, como consecuencia de la Guerra de Ucrania, se produjo un contexto de inflación de costes récord en décadas. Los precios altos elevaron la facturación de las empresas de la distribución alimentaria, que fueron acusadas de “forrarse”.
Sin embargo, el incremento de los costes de producción (materias primas, fertilizantes, carburantes, energía, etc.) en agricultura, transporte, logística o almacenamiento hizo que el beneficio neto de la distribución comercial minorista se mantuviese o, incluso, disminuyese.
El sector apela a los datos oficiales del Observatorio de Márgenes Empresariales del Gobierno de España para defender este argumento.
Además, España cerró 2025 con 26.068 establecimientos de distribución alimentaria organizada, entre supermercados, autoservicios e hipermercados, pertenecientes a 326 cadenas de distribución.
Las siete primeras cadenas de supermercados en España concentran una cuota del 57,2 %. En Francia, superan el 91 % de mercado, en el Reino Unido está en torno al 80% de cuota y en Alemania alcanzarían en 70%.
“Estos datos desmienten que exista concentración. Al contrario, la competencia es máxima al haber múltiples cadenas y formatos comerciales compitiendo entre sí. España es uno de los países con más opciones para hacer la compra”, dice CAEA.
Según Eurostat (año 2024), España se sitúa por debajo de la media de la Unión Europea en el precio de los alimentos con un índice 95, mientras la media de la UE se sitúa en 100.
El aceite o la fresa, víctimas
CAEA explica el caso del aceite de oliva en 2023, en plena sequía y con precios altos en España. Se hizo viral la noticia de que era más barato en países como Irlanda que en España, con grandes titulares.
Pero no se explicó que mientras que en España es un producto de alta rotación y muy afectado por la escalada de precios en esas semanas, en terceros países la rotación es muy baja y esa botella podía haber llegado al supermercado irlandés meses antes.
La patronal alerta de que algunos bulos y desinformaciones proceden o se traducen en falsas alertas sanitarias que no están contrastadas desde un punto de vista científico en todos los casos, o no poseen un riesgo real para la salud desde la vertiente de la seguridad alimentaria.
A modo de ejemplo, en marzo de 2024, una notificación de la Unión Europea (RASFF) desató la alarma por una partida de fresas procedente de Marruecos con norovirus en un punto de entrada a España.
El producto no llegó a entrar en España, ni siquiera traspasó las fronteras. Pero la difusión por parte de una organización agraria local, en plena campaña de la fresa, afectó al consumo de este fruto rojo en España.
Sobre las ventas a pérdidas, los supermercados argumentan que la Ley de la Cadena Alimentaria en España prohíbe a los distintos eslabones comprar por debajo de los costes efectivos de producción del proveedor inmediato anterior.
También prohíbe vender “a pérdidas”, es decir, por debajo del precio de compra, salvo para productos perecederos cercanos a su fecha de caducidad.
Durante el año 2025 se detectaron 991 infracciones por parte de la Agencia de Información y Control Alimentario (AICA), de las que solo 37 fueron cometidas por operadores del eslabón comercial minorista (un 3,7 %).
Y solo hubo una referida a la destrucción de valor en la cadena, lo que supone solamente el 0,01 % del total de infracciones, “descartándose por tanto prácticas abusivas o desleales del sector de la distribución con respecto a los eslabones precedentes”, según CAEA.
La leche, el pollo y el limón
La campaña incluye estudios elaborados por el catedrático de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla sobre cómo se crean los precios, analizando varias cadenas de valor.
En el sector lácteo, considerado un sistema ultraeficiente, la leche parte de un precio en origen de 0,49 euros por litro que percibe el ganadero.
La industria láctea asume el procesado UHT, la esterilización y el envasado en brik, lo que supone una adición de 0,23 euros para fijar el precio de transformación en 0,72 euros por litro.
La etapa mayorista agrega 0,12 euros por distribución y cadena de frío, situando el valor en 0,84 euros.
Por último, el punto de venta minorista incorpora 0,17 euros para ofrecer el producto al consumidor a 1,01 euros por litro, con un multiplicador global de 2,06 veces.
En el caso de la cadena de valor del pollo, se articula bajo un modelo de integración vertical que optimiza los costes entre eslabones. El coste de producción en la granja se sitúa en 0,92 euros por kilogramo.
El paso por el matadero para el sacrificio, despiece y envasado añade 1,08 euros, elevando el valor a 2,00 euros por kilogramo. La plataforma logística de distribución suma apenas 0,06 euros adicionales.
La comercialización final en carnicería o supermercado incorpora 0,84 euros por personal, mermas y refrigeración, derivando en un precio al consumidor de 2,90 euros por kilogramo, lo que representa un multiplicador de 2,60 veces.
En el caso del limón, caracterizado por una alta especialización citrícola y variabilidad estacional, el agricultor percibe 0,37 euros por kilogramo por la venta "sobre árbol".
La entrada en la central hortofrutícola para su recolección, clasificación óptica y envasado añade 0,53 euros, fijando el precio en 0,90 euros por kilogramo. La subasta en alhóndiga y distribución mayorista agrega 0,20 euros hasta alcanzar 1,10 euros.
La venta final en la sección de frutería del supermercado suma 0,50 euros para situar el precio al consumidor en 1,60 euros por kilogramo, lo que arroja un multiplicador de 4,57 veces.
Factor de riesgo
En la presentación de la campaña, el presidente de la Confederación de Empresarios de Sevilla, Miguel Rus, ha señalado que la desinformación “trasciende el ámbito social y se ha convertido también en un factor de riesgo para las empresas”.
Rus destacó que los bulos tienen el poder de alterar la percepción sobre su actividad y condicionar las decisiones de consumidores, inversores y otros agentes económicos.
La presidenta de CAEA, Virginia González Lucena, ha indicado la compra es para todas las familias un acto habitual.
“Cualquier noticia sobre alimentación que incluya la palabra supermercado o precio multiplica el tráfico digital y la viralidad de la información y, con ello, los ingresos publicitarios”, ha destacado.
“Esto hace que el sector sea especialmente sensible para los algoritmos que utilizan las plataformas digitales y las redes sociales, que suelen priorizar titulares marcados por el clickbait y noticias sensacionalistas”, ha expresado González Lucena.
La campaña cuenta con el respaldo de la Junta de Andalucía. El delegado de Comercio en Sevilla, Antonio Augustín, ha hecho un llamamiento a “el periodismo riguroso y el contraste de fuentes son la mejor vacuna para garantizar la salud de la población y el equilibrio económico frente a la desinformación”.
