S&P actualiza su visión sobre el sector bancario mundial con especial foco en la banca europea y, también, en la española. La agencia de rating reafirma su mensaje sobre que la recuperación del sector, que siguen sin ver hasta al menos 2023, dependerá en gran medida del rebote económico. Y advierten: la calidad de activos aún no ha sufrido el mayor impacto de la crisis, anticipando que los improductivos (NPAs) en cartera podrían elevarse al 9,6% a finales del próximo año.

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En concreto, S&P estima ahora que los problemas para los adjudicados y créditos dudosos "se harán más evidentes en 2021" ante el fin de determinadas ayudas a familias y empresas que hasta ahora habían sostenido la capacidad de pago de los clientes.

Así lo consideran también en el propio sector bancario, que desde hace tiempo advierten que, por mucho que se amplíen los plazos para devolver los préstamos ICO, el próximo año traerá graves problemas de solvencia a muchas empresas.

Saben que el control de la morosidad de los últimos meses es un puro espejismo y, por eso, piden al Gobierno un adecuado uso de los fondos europeos para salvar proyectos viables y de futuro. 

Más problemas en 2021

Bajo este escenario, S&P cree que el empeoramiento en la calidad de los activos será más real si cabe en un escenario en el que la fragmentación política en España no ayudará, precisamente, a paliar el riesgo que para la banca supone el impacto en la economía de un déficit y una deuda pública que ya están disparados.

“Hay poca evidencia de morosidad hasta el momento gracias al amplio apoyo, sin precedentes, brindado a hogares y empresas, pero esta acabará materializándose”, insisten los expertos.

Así, en su escenario base, S&P sigue calculando, al igual que el pasado mes de julio, que el coste del crédito de la banca española subirá 100 puntos básicos en 2021. La cifra de activos tóxicos rondaría ese 9,6% sobre el total del balance a finales de ese año. Un dato bastante superior al 7,3% registrado, según datos de la agencia de rating, a finales de 2019.

En su análisis sobre la banca española, fechado el 17 de noviembre, los analistas de la firma dejan claro el impacto de la pandemia en sus estimaciones. Antes del estallido de la crisis, S&P calculaba que la banca española terminaría este año y el siguiente de soltar casi todo el lastre del ladrillo para dejar el peso total de los activos tóxicos en el entorno del 4%, muy cerca de los niveles medios en la zona euro.

Pero el coronavirus, y su impacto en los préstamos al consumo y a pymes, es lo que hizo a la agencia dar un giro de 180 grados a sus perspectivas a mediados de año. Y ahora repite el mensaje, defendiendo por otro lado que la banca española cuenta con el colchón suficiente para absorber esta situación.

Las entidades de menor tamaño son las que siguen preocupando a la agencia, advirtiendo que son las que mayor riesgo presentan ante una posible rebaja de calificaciones en el sector, que podría llegar si la evolución económica presiona aún más la calidad de sus activos.

Rebajas de rating

Se trata de una advertencia para todo el sector, no solo para la banca española. De hecho, S&P indica que desde el inicio de la pandemia y hasta el pasado 9 de noviembre, últimos datos disponibles, ha llevado a cabo 236 rebajas de rating o cambios de perspectiva, a peor, en el sector bancario mundial.

La firma también advierte de que la rentabilidad del sector se mantendrá muy por debajo del coste de capital durante un tiempo, incluso anticipando que el shock económico de la pandemia será breve, aunque severo.

Con este panorama, la calificadora considera que a los bancos no les queda otra que “actuar con decisión para adaptarse al entorno de tipos de interés más bajos durante más tiempo”, con una firme apuesta por la digitalización y el medioambiente. Solo así, según indican, serán capaces de “generar más ingresos por comisiones para compensar la presión de los márgenes y mejorar su eficiencia”.