Malas noticias para la banca europea. El sector empieza a hacerse a la idea de que tendrá que convivir con los tipos negativos incluso más allá de lo que duren los efectos de la pandemia sobre la economía global. Un lastre para los ingresos del sector y que, sobre todo, pone en riesgo los objetivos de rentabilidad que ahora se buscan con la nueva ola de fusiones.

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La pregunta ahora es si estas operaciones serán suficientes para acabar con el gran talón de Aquiles de la banca en los últimos años, el de la caída a plomo de la rentabilidad, que tan dura factura está pasando también en bolsa a las entidades cotizadas.

Los datos indican que los esfuerzos tendrán que ir mucho más allá de buscar nuevos 'compañeros de viaje' para atravesar el desierto de los tipos negativos. Al menos si se confirma un dato que puede calificarse casi de ‘espeluznante’ que Gonzalo Gortázar, consejero delegado de CaixaBank, desveló ayer durante su intervención en un encuentro financiero organizado por KPMG y Expansión.

La presidenta del BCE, Christine Lagarde

En concreto, el directivo aseguró que las proyecciones para el futuro que manejan sobre el €STR (euro short term rate), un indicador que refleja el interés al que los bancos y otros actores financieros se prestan entre sí, refleja que el indicador no pasa a terreno positivo hasta mediados de 2031.

“Lo único que podemos hacer es buscar nuevas vías de ingresos y ser más eficientes”, indican desde el sector, señalando a las fusiones como otra de las vías, pero no la única, para evitar la presión sobre la rentabilidad que los tipos negativos llevan ejerciendo durante años sobre el sector.

Demasiados años de lastre

Fue en 2016 cuando Mario Draghi, entonces presidente del BCE, decidía penalizar a los bancos por su exceso de liquidez (el dinero que tienen de más frente a las reservas exigidas) como fórmula para que el crédito fluyera. El tipo de facilidad de depósito se situó en el -0,40% y actualmente se sitúa en el -0,50%.

Pues bien, las proyecciones sobre el cálculo diario que manejan desde el sector bancario apuntan a que el €STR no volverá a positivo hasta dentro de once años.

Todo esto en un momento en el que, según ha indicado el propio Luis de Guindos, vicepresidente del BCE, los bancos españoles y los italianos son los que presentan un mayor golpe sobre sus ingresos por la crisis del coronavirus.

Desde la institución alertan de que las mayores provisiones durante la pandemia y esta caída de los ingresos no se han visto compensadas por el esfuerzo en reducción de costes de los últimos meses. Por eso, animan a las fusiones para seguir ganando en eficiencia. Sin embargo, no será suficiente, mucho menos con unas previsiones macroeconómicas que anticipan bajos tipos en la política monetaria durante un largo tiempo. 

La banca acelera las fusiones para ganar en rentabilidad ante el entorno de tipos negativos.

“El sector está obligado a redefinir la red de oficinas, impulsar estrategias de automatización, externalizar servicios, reducir costes, etc., para salir de la crisis”, explican desde KPMG.

El sector ya lleva tiempo poniendo el foco en negocios que generan mayores comisiones, como la venta de seguros, fondos o planes de pensiones. Intentan mover a sus clientes hacia ese tipo de productos a fuerza de comisiones en las cuentas tradicionales. En un entorno de tipos negativos, tener un mayor número de clientes que el resto no sirve de nada si estos no son clientes vinculados. 

Riesgo estructural

El sector empieza a tener claro ya que los tipos negativos deben convertirse en un elemento más dentro de la gestión de los balances. “Los tipos negativos son ya algo estructural y ese es uno de nuestros grandes retos”, explica Jaume Guardiola, consejero delegado de Banco Sabadell. En este sentido, el directivo cree que las entidades más enfocadas al ‘retail’ serán las más afectadas en este sentido para mejorar los márgenes de esos clientes.

Es un pensamiento lógico. Los bancos más centrados en el negocio básico, préstamos y depósitos, se verán más perjudicados pues el interés al que prestan es menor, lo que afecta directamente a su margen financiero y, por lo tanto, a sus beneficios.

Depositantes e hipotecados

El debate sobre la posibilidad de que los bancos puedan cobrar por los depósitos a los clientes particulares vuelve a estar, en este sentido, sobre la mesa del mercado, aunque desde el sector insisten en que, de momento, limitan su política de ‘cobro’ a grandes empresas e institucionales.

Si se cumplen las previsiones que maneja el sector, el euríbor (actualmente en negativo con su media en octubre se acerca ya al -0,5%) también permanecerá en niveles bajos durante largo tiempo, lo que será negativo para la banca en términos de ingresos por crédito hipotecario, pero positivo para los hipotecados y futuros propietarios.

De hecho, la propia Autoridad Bancaria Europea (EBA) dejó entrever la pasada semana que los bancos tendrían que pagar a sus clientes por las hipotecas con intereses negativos tras sumar euríbor más diferencial, “salvo que haya una restricción legal”.

La nueva ley hipotecaria aprobada en junio del pasado año deja claro que el tipo de interés “no podrá ser negativo”, pero desde las asociaciones de consumidores defienden que ese precepto solo se aplica desde la aprobación de esa ley sin carácter retroactivo.