Banco Santander ha dado con sus cuentas semestrales un auténtico baño de realidad sobre el impacto del coronavirus en la economía y, como consecuencia, en el beneficio y en la valoración de los activos del sector. La entidad sorprendió al mercado, y de qué manera, al anunciar un ajuste contable de 12.600 millones de euros, que ha derivado en pérdidas de 10.780 millones en el semestre, las primeras en toda la historia del banco.

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Este ajuste no afecta ni al capital, ni a la solvencia, ni tampoco supone una salida de caja para la entidad cántabra, ratios que, por cierto, han presentado una tendencia mucho mejor de lo esperado a tenor de la crudeza con la que esta crisis ha golpeado a los distintos países en los que está presente.

Sin embargo, la cifra es abrumadora y refleja la urgente necesidad que había por llevar a cabo nuevas valoraciones de las inversiones del pasado para ajustarlas a la nueva realidad económica.

Mirando al futuro

Eso es lo que precisamente ha hecho Banco Santander con el brutal ajuste contable de los seis primeros meses del año, con la esperanza de que el saneamiento suponga un punto y aparte para emprender la nueva senda de crecimiento. De hecho, el consejero delegado de la entidad, José Antonio Álvarez, ha descartado nuevos ajustes de este tipo en los próximos trimestres, reconociendo que con los ya acometidos, será imposible no cerrar el año en pérdidas contables.

El gran agujero en libros del banco se ha producido sobre la valoración del fondo de comercio. Un indicador que mide el valor de activos intangibles de las inversiones del banco y que en estos meses se ha visto golpeado por los bajos tipos de interés y el parón económico provocado por la crisis, lo que ha llevado al Santander a esperar una evolución de los resultados futuros en sus filiales por debajo de lo que hasta ahora estaba anotado en sus libros.

Es decir, los negocios e inversiones históricas han perdido valor ante la virulencia de la crisis y los últimos años de tipos de interés en mínimos.

En concreto, de los 12.600 millones de euros de ajuste contable, 10.100 millones se producen sobre el mencionado fondo de comercio, divididos entre Reino Unido, con 6.101 millones, EEUU, con 2.330 millones y, ya lejos de estas cifras, Polonia, con 1.192 millones de euros, y Santander Consumer Finance (477 millones).

Ajuste contable de Banco Santander en el primer semestre de 2020.

¿Por qué ahora?

Pero, ¿por qué sacar a la luz ahora este ejercicio de ajuste? Según indican desde la entidad, esta revisión suele hacerse siempre en el último trimestre del año, "pero con el entorno económico diametralmente diferente que nos rodea (con fuerte impacto a la baja en las proyecciones económicas), hemos preferido adelantar".

En concreto, el banco vincula el ajuste a un incremento de la la tasa de descuento en sus inversiones en las áreas mencionadas, por la mayor volatilidad y el mayor riesgo ante la caída de los PIB mundiales. Una situación que reduce, como es lógico, las expectativas de retorno de dichas inversiones. Como se ha mencionado, la mitad de ese ajuste de valor corresponde a inversiones realizadas en el pasado en Reino Unido, donde Banco Santander se coronó con la compra de Abbey National en 2004.

Una operación por la que, a juzgar por la evaluación que ahora se actualiza, la entidad habría pagado un precio demasiado elevado. Sobre todo en un mercado que se ha convertido en el verdadero quebradero de cabeza del banco en los últimos trimestres por la enorme competencia en el mercado hipotecario, el Brexit y, de nuevo, los bajos tipos de interés. 

De hecho, la rentabilidad sobre fondos propios tangibles (ROTE) en la región apenas alcanza el 2% a cierre de junio, con una caída de 5,9 puntos respecto al primer semestre de 2019.

El beneficio de la filial británica también cayó en el primer semestre, un 76%, hasta los 139 millones de euros, afectado no solo por los efectos de la pandemia, sino por los cambios regulatorios en materia de comisiones. Desde 2015, la filial del Grupo no ha visto mejorar sus beneficios en Reino Unido ni en un solo ejercicio.

Para EEUU, el otro gran ‘culpable’ de las dotaciones para cubrir pérdidas del fondo de comercio, Banco Santander registró un beneficio ordinario atribuido de 211 millones de euros en el semestre, un 56% menos que el año anterior por las provisiones para hacer frente al impacto del coronavirus (con dotaciones totales de 1.800 millones de euros).

¿Es buena la diversificación geográfica?

Antes de la presentación de resultados, algunas casas de análisis ya habían cuestionado si la diversificación geográfica que hasta ahora había salvado las cuentas de entidades como BBVA o la propia Santander, podía convertirse ahora en su talón de aquiles ante una crisis que es de carácter global.

Tras las cuentas del miércoles, la agencia de rating S&P emitió un informe que precisamente apunta en esa dirección, advirtiendo de que la pandemia supone un serio desafío para la entidad, ya que “por primera vez, el banco enfrenta una desaceleración sincronizada en todos sus mercados, que pondrá a prueba los beneficios de su amplia diversificación geográfica”.

Ante esa sensación de que al Santander le está costando más de lo deseado sacar adelante sus negocios en Reino Unido y EEUU, Álvarez defiende que, en el caso británico, “está en el punto más bajo de generación de resultados y mejorará en los próximos trimestres, mientras que en EEUU también hemos doblado resultados en los últimos dos años”.

Una cosa es la valoración histórica en los libros y otra la dinámica de negocio”, insiste.

DTA, el otro gran ajuste

El otro gran ajuste llevado a cabo por la entidad, además del fondo de comercio, llega de la mano de los activos fiscales diferidos (DTA) con 2.500 millones de euros que, tal y como explicó José Antonio Álvarez durante la presentación de resultados, se concentra sobre todo en España.

En concreto, el ajuste se deriva de las provisiones de la última crisis del mercado inmobiliario, que generaron a la entidad derechos a pagar menos impuestos y que aún no han utilizado. Nada que ver con el Popular, según indican desde el banco. “No renunciamos a los DTA, simplemente les damos una valoración distinta”, explican, recordando que no hay límite temporal en la ley para aplicarse esos límites fiscales.

Sin impacto en el capital

Pese a lo escandaloso de las cifras, desde Santander insisten en que sus indicadores de negocio se han mantenido estables en los primeros seis meses del año, a pesar del parón de la actividad económica.

El margen neto creció un 2% en euros constantes, con un beneficio ordinario que cayó un 48% tras provisionar 7.000 millones de euros frente a la pandemia. Provisiones que podrían ampliarse en los próximos trimestres según evolucione la morosidad que, de momento, se mantiene controlada en el 3,26%.

Evolución de margen y beneficio en el semestre.

“La capacidad de generar un resultado de 1.900 millones (sin contar las provisiones) en la peor crisis que hemos visto en nuestras vidas tiene mucho mérito”, defienden desde el banco, destacando también su fuerte posición de capital hasta el rango alto del objetivo establecido por la entidad, acercándose al 12%.

Una fortaleza de balance que, si el BCE no lo impide, ayudará a sacar adelante la propuesta para el reparto de un dividendo en acciones con cargo a 2019 que se pagará este año. A él se sumará otro pago en efectivo con cargo a los resultados de 2020 para el que la entidad ya ha reservado 400 millones de euros.