La actualidad empresarial se solapa con la política. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, está valorando en estos momentos la posibilidad de convocar elecciones generales tras el fracaso en la aprobación de los dos decretos de vivienda.
No está claro si efectivamente se decantará por una convocatoria electoral inminente pero, incluso si no lo hace, en el mundo empresarial se asume que la legislatura está muerta.
Empresarios del Ibex consideran que el rechazo de Junts, Vox y PP a los decretos 'Maricarmen' es solo la puntilla y que -tarde o temprano- alguna crisis derivará en elecciones.
"Si no es la vivienda, serán los presupuestos, y si no son los presupuestos, serán las municipales de mayo", dice un consultor que suele susurrar a los CEO de las grandes corporaciones.
De hecho, entre los directivos del selectivo, Sánchez lleva varios meses amortizado, lo que les ha hecho mover ficha para acercarse al entorno del líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo.
Un movimiento quizás natural en un mundo empresarial que siempre ha tenido un carácter conservador y que, además, ha vivido en primera persona la hostilidad de Sánchez hacia el Ibex durante toda esta legislatura.
Pero no han sido los únicos. En las últimas semanas han comenzado a moverse discretamente un pequeño grupo de presidentes de grandes empresas participadas y vinculadas al Estado.
Incluso algunos han llegado a reunirse con el propio Feijóo y su equipo. El objetivo es mantenerse en el cargo y sobrevivir a una eventual caída del Gobierno de Pedro Sánchez.
Por supuesto que son movimientos que se han mantenido en el más absoluto secreto, pero que se han acelerado desde antes del verano con la certeza de que la convocatoria de elecciones será inminente, si no en 2026, a comienzos de 2027.
Este diario ha podido confirmar la existencia de acercamientos de al menos tres de estos directivos con Feijóo. Desde estos entornos se habla de reuniones protocolarias para analizar el sector y enmarcadas dentro de la normalidad.
Aunque, desde otras fuentes, se apunta a reuniones de gran calado para tratar el futuro de las compañías en cuestión y de los beneficios de mantener una dirección continuista y alejada de la política.
Estos directivos también han trasladado que esta gestión no tiene influencias del actual Gobierno y que está absolutamente marcada por un carácter técnico e industrial. Estos encuentros han coincidido con movimientos en sus propias dinámicas organizativas para reforzar esta idea.
Y es que en estas compañías existe la certeza de que el presidente del PP no tiene previsto desmontar (toda) la estructura de empresas participadas bajo el alero de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI).
Es verdad que parte de su equipo de asesores, en especial los del ala más liberal, le sugieren que se desprenda de todas las participaciones del Estado en grandes cotizadas, pero la realidad es que el ADN democristiano de Feijóo puede imponerse para mantener este control.
Por otro lado, lo más normal es que cuando llegue al poder -si lo hace- es que se haga una limpia completa en todos los presidentes de la SEPI, consejos de administración y jefes de cotizadas.
Aunque -nuevamente atendiendo a su espíritu no intervencionista- en algunos sectores creen que podría mantener algunos puestos clave para no afectar la marcha operativa en estas compañías.
En estos momentos, la SEPI tiene bajo su alero participaciones en Indra (28%), Redeia (20%), Telefónica (10%), Ebro (10%), Talgo (7,8%), Enagás (5%) y Airbus (5%).
En prácticamente todas estas empresas el holding público -por órdenes de Moncloa- decide al presidente de estas compañías. Los casos más sonados han sido el del presidente de Telefónica, Marc Murtra.
El directivo fue designado en febrero del año pasado, en sustitución de José María Álvarez Pallete, y pocos meses después de que el Estado comprara el 10% de la compañía.
Pero también ha pasado en Indra, que vivió una importante batalla, precisamente entre los dos nombramientos del Gobierno, el primero en febrero de 2025, a cargo de Ángel Escribano; y el segundo en marzo de este 2026, con Ángel Simón.
También está el caso de Beatriz Corredor, presidenta de Redeia desde 2020 tras ser entre 2008 y 2010 ministra de Vivienda de José Luis Rodríguez Zapatero.
En el caso de Enagás, su presidente Antonio Llardén, ha sobrevivido a Gobiernos del PP y del PSOE, aunque en este caso el apoyo de Moncloa se volcó con Arturo Gonzalo Aizpiri, nombrado en 2022.
En cuanto a Talgo, su presidente es el dueño de Sidenor, José Antonio Jainaga, quien asumió el cargo en enero de 2026. El empresario vasco lideró al grupo de inversores españoles que compró un porcentaje de control del fabricante de trenes.
Y lo hizo de la mano de la SEPI, Moncloa y el apoyo del Gobierno vasco. Jainaga fue la solución española al intento de compra de la húngara Magyar Vagon y, posteriormente, de la polaca Pesa.
Contó además con todo el apoyo del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y del lehendakari Imanol Pradales. Es decir, Jainaga es un presidente que cuenta con toda la confianza del Ejecutivo.
Otro de los presidentes de una gran cotizada designados por Sánchez es Maurici Lucena. Presidente del gestor aeroportuario AENA desde julio de 2018, pocos días después de que el PSOE llegara a La Moncloa.
Es, además, el directivo más longevo al mando de una sociedad estratégica del Estado y cuenta con plena confianza de los socialistas catalanes (PSC) y del Ministerio de Transportes de Óscar Puente.
Difícil posición
Dentro de todas estas empresas algunos altos directivos han optado por significarse con el Gobierno y han sido más proclives a aceptar las demandas de La Moncloa.
Pero hay otros que han intentado distanciarse en los últimos meses de Sánchez, de la SEPI y del Gobierno. Y han puesto en marcha estrategias alejadas de la gestión de los políticos. Algo que en el PP se valora de cara a un cambio de ciclo.
En cualquier caso, todo sigue abierto. Y hablamos de gestiones a medio plazo. Incluso en el mejor de los casos, si Sánchez convoca elecciones la próxima semana, como pronto empezaría la sustitución de estos directivos a primeros del próximo año.
Entretanto, los directivos de las empresas vinculadas al Estado que han contactado con Feijóo deben hacer encaje de bolillos para no decantarse públicamente por ninguna de las partes. Y resistir hasta después de las elecciones.
Urgencias de Moncloa
No es fácil, pero la clave pasa por abstraerse del ruido político y de las presiones el tiempo que quede. A su favor juega la debilidad de Moncloa que no tiene entre sus prioridades cambiar piezas en las empresas con una campaña electoral ad portas.
Con todo, las campañas de méritos ya están en marcha y el tiempo está corriendo.
