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El Banco de España ha lanzado la voz de alarma en su último informe trimestral de proyecciones económicas: la subida de la inflación, que permanecerá alta este año y el que viene, amenaza la competitividad de las empresas y puede frenar la expansión económica a medio plazo.

El efecto de los precios de la energía en el gas y la electricidad, unido a la subida de los carburantes y los alimentos, condenan a España a una inflación que seguirá en el entorno del 5% hasta final de año y cerrará con una media del 3,9% en 2026. Lejos de relajarse pronto, las tensiones seguirán en 2027, cuando la media de inflación será 3,7%.

El supervisor bancario asegura que ese es el mayor riesgo al que se enfrenta la economía española. Junto a un mercado de la vivienda en el que los precios no dejan de subir, porque la capacidad para construir nuevas viviendas "ha sido menor de lo esperado".

Es muy significativo el aumento de su previsión para 2027, hasta un 3,7% de inflación con un 3,5% de subyacente. A juicio del director general de Economía del banco, David López Salido, la causa por ahora es la persistencia en los precios altos del petróleo y el gas durante ese año, pero no se ven aún impactos de segunda vuelta en los alimentos.

En la previsión para este año, al 3,9%, se ha tenido ya en cuenta incluso los 0,25 puntos en que se reduce el impacto de la energía por los decretos del Gobierno.

Evolución del PIB. AC

A pesar de estas graves amenazas para la economía española, el Banco de España admite que el tercer trimestre del año ha generado un dinamismo económico mayor del esperado, gracias al turismo, al aumento de población (inmigrantes) y al consumo interno.

Esa evolución a corto plazo le ha llevado a alinearse con el Gobierno y revisar al alza su previsión de crecimiento para este año hasta el 2,6% (tres décimas más que hace tres meses), que seguiría en 2027 con un 2,2% de subida (medio punto más), avalada por la recuperación europea y la mejora del sector exterior (exportaciones).

A pesar de la subida de precios, el problema de la vivienda y la incertidumbre que genera el conflicto de Oriente Medio, el Banco de España asegura que la economía española presenta una fuerte "resiliencia", con el consumo interno en un 3% de subida, aunque la tendencia es a la baja en 2027. El incremento se quedará en el 1,9%.

En concreto, el crédito al consumo ha crecido hasta tasas interanuales superiores al 10% desde septiembre de 2025 y representó el 16,9% de la financiación crediticia de los hogares en agosto de este año, un punto más que en todo 2025. Todo ello con una tasa de ahorro del 11%, niveles que se consideran elevados y que pueden ayudar a soportar los efectos de la inflación.

El otro dato que ha sostenido la economía hasta ahora ha sido la inversión en bienes de equipo, en niveles de crecimiento del 7%, según la entidad. Pero ese dato poco a poco cederá hasta final de año por la subida de tipos para dejar paso a la inversión en bienes intangibles.

Lo que no se atisba por el momento es una mejora significativa de la inversión en vivienda. Se hacen menos visados y cae la tasa de finalización de nuevos inmuebles. Si a eso se le añade la subida del coste de los materiales y las dificultades de acceso a la red eléctrica, las condiciones para nuevas promociones no son buenas.

La clave está en lo que se tarde en reducir el gap que hay entre las 120.000 viviendas que se inician cada año respecto a las 85.000 de media que quedan finalizadas. Eso suele llevar dos años y medio, pero hay que añadirle el tiempo previo que se tarda en trámites burocráticos.

El Banco de España recuerda que en este sector, el de la vivienda pesan además sobremanera condicionantes estructurales, como la falta de mano de obra cualificada, la lentitud de los desarrollos urbanísticos y la escasez de suelo finalista, un cuello de botella persistente que mantiene maniatada la actividad.

El Banco de España evaluará el impacto de los dos decretos de vivienda, cuando haya datos para ello. Mientras tanto, mantiene las recomendaciones que se hicieron en el informe anual del mes de junio, sobre el riesgo de controlar precios y actuar sobre la demanda durante demasiado tiempo, porque puede tener efectos indeseados.

Incluso como dato de la falta de oferta, el banco reitera el cálculo hecho hace tres meses de 750.000 viviendas de déficit en España, que dentro de un año y medio pueden llegar fácilmente al millón si no se toman medidas.

El director general del supervisor bancario tampoco ha evaluado la situación política ni el calendario electoral que hay en marcha a nivel global. El informe trimestral se realizó antes de la convocatoria de elecciones y no incorpora ningún impacto al respecto.

En lo que respecta a la creación de empleo, el informe trimestral prevé una moderación hasta niveles de crecimiento del 2% este año (seis décimas menos que en 2025), si bien admite que ahora es complicado hacer previsiones en este campo por el efecto distorsionador de la regularización de inmigrantes.

Caería incluso al 1,8% en 2027, en una tendencia descendente que se podrá evaluar una vez se delimite de forma clara el efecto de la regularización.

El aumento de la población activa que genera la regularización se prevé menor que el ritmo de creación de empleo (afiliados), de forma que el banco estima una caída de hasta medio punto en la tasa de paro este año y de tres décimas más en 2027, para quedarse en el 9,7%.

Incertidumbre

En el análisis de los riesgos que acechan a la economía, el Banco de España sigue marcando la crisis energética derivada de las tensiones en Oriente Medio como la principal amenaza.

Sus analistas advierten que los mercados de futuros proyectan un encarecimiento del petróleo y del gas en los próximos meses, cuyo efecto en los costes energéticos, conduciría a unos niveles de inflación en el entorno del 5% hacia final de año, una vez descontados los efectos del paquete de medidas fiscales en materia energética.

La persistencia de tasas de inflación elevadas en España y, sobre todo, la ampliación del diferencial con el resto de la Eurozona, pueden "erosionar la confianza y el poder adquisitivo de los hogares, producir pérdidas de competitividad y lastrar la expansión de la actividad a medio plazo", alerta el banco.

"Los acontecimientos de los últimos meses han elevado la probabilidad de materialización de escenarios geopolíticos más adversos", señala el informe. En uno de sus análisis a futuro, sólo un "escenario de resolución diplomática del conflicto permitiría bajar la inflación y las amenazas de parón económico a niveles moderados, de poco más del 3%.

Si nos vamos a un supuesto en el que repunten las tensiones (como está ocurriendo ahora),las tensiones de precios en España seguirían cerca del 4% o por encima, y la amenaza sobre la actividad económica a medio plazo (dos años) sería una realidad.

El Banco no se olvida de la tendencia al alza que marcan ya los tipos de interés. En esos escenarios adversos, las condiciones de financiación de los hogares y las empresas podrían ser más restrictivas, se frenaría el consumo y la inversión, habría menos creación de empleo y la desaceleración económica se apoderaría de la situación.

Por último, hay que tener en cuenta que sobre economías muy endeudadas, como la española, sobrevuela una posible crisis de deuda internacional, que puede obligar a elevar el coste la financiación del Estado.

"Esto dificultaría la reducción de la ratio de deuda pública española, tanto por el aumento gradual de la carga de intereses, a medida que se refinancie la deuda, como por sus posibles efectos negativos sobre la actividad económica", alerta el banco.