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Las claves

Las novedades de las últimas semanas han sido nocivas para la economía. La guerra en Irán está prolongando las tensiones en los mercados de hidrocarburos, disparando el coste de la electricidad y de los combustibles. La inflación se ha desbocado y está empobreciendo a marchas forzadas a las familias españolas. Una serie de fenómenos agravados por una incertidumbre que cada vez debilita más el PIB español.

El último golpe para los hogares, la economía y su crecimiento ha sido la subida de los tipos de interés decretada por el Banco Central Europeo. Un cuarto de punto más, hasta situar la tasa de referencia en el 2,5%. Y la segunda subida aplicada en 2026.

El objetivo de este incremento es tratar de frenar la inflación, que está desbocada por el bloqueo del puerto de Ormuz y la escasez de hidrocarburos en los mercados internacionales.

Sin embargo, el primer efecto de las subidas de los tipos es "negativo. Es un instrumento cuyo objetivo es mantener las expectativas ancladas, un control de riesgos por así decirlo. Pero esto va a tener un impacto negativo sobre la actividad económica", explica Miguel Cardoso, economista jefe para España y Portugal en BBVA Research.

Esto va a suponer un "mayor coste para la financiación de las empresas y de las familias", tanto para quien tenga, por ejemplo, hipotecas variables, como para quien pide nuevos préstamos.

Todo esto va a provocar una "desaceleración y un freno de la economía española".

Con todo, el daño de la subida de tipos va a ser relativo para los hogares y las empresas españoles. Cardoso y María Jesús Fernández, economista senior de Funcas, coinciden en que están poco expuestos, con tasas de endeudamiento históricamente bajas. Sobre todo comparados con otros estados de la UE.

Comparten, también, que este fenómeno va a provocar que "la vivienda sea más inaccesible", como indica Fernández. "Sube el coste de las nuevas hipotecas, y se va a reducir la demanda de vivienda y enfriar el mercado inmobiliario".

A su vez, Cardoso avisa del impacto de las subidas de tipos de interés en la deuda soberana de los estados, que ya lanza señales apocalípticas. "En la medida que suben los tipos, también lo hacen los intereses que pagan los países por su deuda".

Las subidas de tipo pueden "deteriorar" estos pagos, que ya están en niveles muy altos, y volver a una situación similar a la "crisis soberana europea".

"Hay que romper este ciclo de alguna manera". Las vías para ello son los aumentos de impuestos y reducir el gasto público. "Pero esto es, de nuevo, malo para el crecimiento".

Con todo, no está nada claro que las subidas de tipos puedan poner límite a la inflación, que en agosto tocó niveles que no se veían desde hace más de tres años.

La clave está en que los precios se han disparado por un factor exógeno, que son los precios de los hidrocarburos. El barril de petróleo y el gas, particularmente, que han sembrado a los gurús económicos de nuevo en la incertidumbre.

Esto está causado por la situación del estrecho de Ormuz y una guerra entre Irán y Estados Unidos, que está llevando al barril de Brent de un extremo a otro. Si antes de que acabara agosto estaba en los 90 dólares, esta semana ha superado los 107 dólares por primera vez desde mayo.

"Si supiéramos cuál va a ser el escenario más probable del precio del petróleo…", lamenta María Jesús Fernández. "Pero esta situación complica mucho las previsiones. Nos movemos en la imprevisión y la incertidumbre".

Y "hay muchos otros escenarios que habría que abrir si el conflicto se agrava", avisa la economista de Funcas.

Por ahora, y pese a las medidas fiscales activadas por parte del Gobierno, la inflación ya ha alcanzado cotas que no se veían desde 2023 por el encarecimiento de la energía.

Las consecuencias de la subida de los tipos de interés del BCE

En agosto, los precios subieron un 4,3% interanual y encadenan cinco meses de ascensos por encima del 3%.

De hecho, en lo que va de 2026, el precio de la gasolina ha subido casi un 13% y el diésel un 13,6%. Y los precios del gasóleo, especialmente, van a seguir subiendo ante la escasez de capacidad de refino en Europa. Y la paralización de estas mismas capacidades en el Golfo Pérsico con el conflicto bélico entre Estados Unidos e Irán.

Por su parte, el gas está disparado. El gas natural europeo TTF ha superado ya los 80 euros/MWh, el doble que el año pasado. Y con él se dispara la factura eléctrica.

En agosto, la factura de la luz se encareció más de un 19% interanual, convirtiéndose en el recibo más caro para este mes desde 2022.

Todos estos aumentos están muy por encima de los que experimentaron los salarios. Crecieron un 2,8% en agosto, según CaixaBank Research. Así las cosas, los hogares españoles ya están perdiendo poder adquisitivo y se están empobreciendo. "Las rentas bajas lo están pasando especialmente mal", avisa Cardoso.

Algo que, por cierto, puede provocar un frenazo del consumo. De nuevo, otro motivo de desaceleración para la economía.

Y quedan por resolver aún los temidos efectos de segunda ronda de los precios energéticos, que suelen provocar que se dispare el coste del resto de los productos, particularmente de los alimentos.

De hecho, el BCE activó las alarmas este verano, precisamente, por el temor a que en los próximos meses se dispararan los precios de la comida.

Un pánico que tienen sus causas en los nuevos ataques a los puertos de Ucrania (granero del mundo) y los citados efectos de segunda ronda.

Sin embargo, la situación ahora parece mucho más bajo control que hace un mes. "Se tenía mucho miedo. Pero los precios de la urea y los fertilizantes, que marcan los costes de la industria alimentaria, se mantienen a niveles normales", apunta Fernández.

"No parece que se venga una crisis inflacionaria de alimentos... Otra cosa es que se agrave la escasez de combustibles y recrudezca la situación", aclara.

Es decir, que no hay que descartar ningún escenario. Y eso es lo que hace el BCE, que en sus últimas previsiones económicas alerte de que la inflación se puede poner en el 5,4% en 2027 en Europa si el petróleo y el gas siguen subiendo.

Una cifra que sería muy superior en España, donde los precios tienen la tendencia a crecer más que en el resto de Estados miembro de la Unión Europea. O, al menos, así ha sido este 2026.

El índice de precios de consumo armonizado (IPCA), que es el indicador que permite comparar la inflación entre países europeos, creció en agosto (según el dato avanzado por el INE) un 4,5% interanual. Se trata de la inflación más alta en la UE (según los datos disponibles en Eurostat), sólo por detrás de Lituania (5,8%), Chipre (5,2%) y Bulgaria (5,1).

De esta manera (y a falta de referencias salariales), la pérdida de poder adquisitivo de los hogares españoles es mucho más alta que la de la mayoría de las familias comunitarias.

En este contexto, el Gobierno ya está trazando planes para prorrogar (o no, no está claro) las medidas fiscales para atenuar el impacto del coste de la energía en las familias españolas.

Un conjunto de rebajas fiscales sobre la electricidad y los combustibles que se activaron en abril y que se han ido desactivando, como se ha dejado notar en el IPC. Terminarán de morir a finales de este mismo mes.

Miguel Cardoso, del BBVA Research, se muestra a favor de retomar estas bonificaciones. "El esquema está bien planteado. Si se mantiene, debe ser temporal y sujeto a la evolución de los precios de combustibles", argumenta.

María Jesús Fernández, de Funcas, no está de acuerdo con ellas. "Tienen un coste fiscal muy alto. Y muchos de los que se benefician con estas medidas no lo necesitan", críticas que comparte el Fondo Monetario Internacional (FMI). Por eso, demanda concentrarlas en los sectores más afectados, como los profesionales.

Pero la respuesta a esta pregunta no llegará hasta finales de mes, cuando Carlos Cuerpo y su equipo decidirán qué hacer. Mientras, los hogares siguen sufriendo una inflación que los empobrece. Y unas subidas de tipos que tienen como fin moderar los precios, pese a que eso depende más de Donald Trump y su guerra contra Irán.