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Las claves

España sufre, de nuevo, una inflación disparada por la situación de los mercados energéticos. Los precios han registrado las mayores subidas de los últimos dos años por los problemas de abastecimiento de petróleo y gas que está provocando la guerra en Irán y el cierre del estrecho de Ormuz.

¿Se solventará este escenario si Washington firma una suerte de paz con Teherán? Quién sabe. Sin embargo, la haya o no, las instituciones económicas alertan de que ya hay una crisis cocinándose a la vuelta de la esquina y que amenaza con eclosionar en 2027: la de los precios de los alimentos, cuya inflación se llegará a triplicar el próximo año.

En el fondo, es una consecuencia del encarecimiento de la energía, que impacta directamente en la producción de alimentos. Pero a esto hay que sumar más elementos, como los fenómenos meteorológicos extremos y la guerra en Ucrania (el mayor granero de Europa sigue sin poder funcionar a pleno rendimiento), que reducen la capacidad de elaborar comida.

La alarma, en Europa, ya está activada. El economista jefe del Banco Central Europeo (BCE), Philip Lane, avisaba esta semana de que la subida de precio de los alimentos "será uno de los principales impulsores de la inflación durante el próximo año".

Las previsiones de la institución comunitaria apuntan, en cualquier caso, que este encarecimiento comenzará ya en el corto plazo.

De hecho, este mismo año ya se podrá observar este fenómeno, que tocará su punto máximo durante el segundo trimestre de 2027.

En ese momento, el BCE espera que la subida de precios media en la Unión Europea llegue al 3,7%.

Una cifra que supone triplicar los niveles actuales de inflación de los alimentos en Europa, que está en el 1,2%.

Se trata de un fenómeno al que no escapará España, que además tiende a sufrir en un grado mayor los fenómenos inflacionistas.

De hecho, en estos momentos tanto la inflación general (3,6%) como la de los alimentos (1,6%) españolas están por encima de las medias europeas.

La clave es que esto no sucede sólo por el impacto de los efectos de segunda ronda del encarecimiento de la energía. El cierre de Ormuz también limita el acceso a los fertilizantes nitrogenados (como el amoníaco o la urea) y encarece la producción de cultivos.

Pero hay más. Uno de los principales graneros del mundo, Ucrania, sigue sufriendo los efectos de su guerra con Rusia y no puede abastecer a pleno rendimiento los mercados mundiales.

De hecho, el ejército ruso atacó la semana pasada el puerto de Izmail, que más cereales exporta desde Ucrania. Este bloqueo, sumado al de otros enclaves, ha llevado a que las exportaciones ucranianas de cereales hayan caído un 76% interanual en agosto, según las autoridades del país.

Funcionarios rusos denuncian, por su lado, que sus instalaciones y buques de exportación de cereales también están sufriendo ataques de los ucranianos.

Todo esto se está dejando notar en la inflación internacional de los alimentos.

Así lo indican los datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la FAO. Su índice de precios de los alimentos alcanzó en julio los 131,1 puntos, su dato más elevado desde 2022.

Cabe recordar que, aquel año, la inflación alimentaria se disparó por el inicio de la guerra en Ucrania. El conflicto en el país europeo vuelve a ser la causa de ello en esta ocasión según la FAO.

Concretamente, "las continuas interrupciones en los flujos de exportación del Mar Negro y los daños a la infraestructura exportadora, agravados además por el impacto de las recientes olas de calor en los rendimientos de los cultivos en varios países productores clave", indican desde la agencia de Naciones Unidas.

¿Se elevará este índice y romperá su techo en 2027? Veremos. Pero está claro que los hogares europeos, los españoles incluidos, tendrán que rascarse más el bolsillo para poder llevar alimentos a sus casas.