Este miércoles, 24 de febrero, se cumplió un año desde que la Covid-19 comenzó su rápida expansión por España tras haber registrado dos casos previos en Canarias. Desde entonces, la economía española es la que más ha sufrido por la pandemia entre los países desarrollados, sin que la respuesta del Gobierno en materia de ayudas directas haya sido equiparable a la de otras grandes economías.

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Coincidiendo con ese aniversario, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció ayer en el Congreso de los Diputados que pondrá sobre la mesa otros 11.000 millones de euros para ayudar a las empresas y los autónomos de los sectores más afectados por la Covid-19. Se trata del turismo, la hostelería, la restauración, el pequeño comercio o la cultura.

Lo hizo sin ofrecer detalles sobre cómo se articulará ese dinero. Pero solo con la cifra ya es posible extraer una conclusión clara: España seguirá a la cola de los países desarrollados en el esfuerzo de su Gobierno para sostener el tejido productivo.

En el caso de que ese dinero se materialice en ayudas directas, en marzo se habrá puesto sobre la mesa lo equivalente al 6% del PIB sin contar con los avales. Eso según la metodología de Economía, ya que el FMI (5,1%) y el BCE (2,1%) son menos generosos al no incorporar ni las transferencias a las comunidades, ni los ERTE.

Se aprueba en marzo

A la espera de conocer la letra pequeña de este plan que la vicepresidenta Nadia Calviño llevará a Consejo de Ministros probablemente en las dos primeras semanas de marzo, los empresarios valoraron de forma positiva que se ayude a las empresas de esos sectores porque ya sufren problemas de solvencia.

Sin embargo, hay varias preguntas que están sin responder. La primera es si los 11.000 millones serán ayudas directas similares a las que Alemania ha activado para ayudar a la hostelería. La segunda es si con esa cuantía será suficiente para evitar la ola de quiebras empresariales que anuncia la banca.

Es más, dada la delicada situación que atraviesa el tejido productivo español, el plan podría quedarse corto si se atiende a las comparativas que organismos internacionales han hecho sobre las ayudas aprobadas por otros países para sostener a sus empresas.

Según los datos que el FMI actualizó el 4 de febrero, España habría puesto sobre la mesa ayudas que equivalen al 4,2% de su PIB. El fondo con sede en Washington puntualiza que esa cuantía está sujeta a la duración de las medidas aprobadas y en ella, no se incluyen los 24.000 millones de euros transferidos a las comunidades autónomas para Sanidad, Educación y ayudas a empresas.

Tampoco se incorporan los avales o garantías activados por el Ministerio de Economía para dar liquidez a las empresas y los autónomos a través del ICO.

Aún con esas puntualizaciones, en la comparativa internacional, España no sale bien parada. En ese mismo periodo y según la misma fuente, Italia ha movilizado el equivalente al 8,7% de su PIB en ayudas, Alemania el 8,9% del PIB y Francia el 8%.

"Son países muy austeros. Pero estamos ante una crisis nunca vista y no puede ser que la lucha contra la pandemia, que beneficia a todos, la paguen solo los sectores más afectados", explicaba recientemente a este periódico el responsable de Economía de Foment, Salvador Guillermo.

Si al cálculo del FMI se le añaden los 11.000 millones de euros que anunció este miércoles Pedro Sánchez, España todavía seguirá lejos de esos paquetes de ayudas con un esfuerzo fiscal equivalente al 5,1% de su PIB.

Más drástico es aún el Banco Central Europeo que al no incluir ni los ERTE, ni las ayudas a los autónomos coloca a nuestro país en el último lugar de las ayudas aportadas para el tejido empresarial por la Covid-19 con una inyección que representa solo el 1,3% del PIB. Todo ello, en un año en el que se han subido algunos impuestos.

Como recuerda el economista, Daniel Lacalle, los ERTE también ayudan al Gobierno, dado que de convertirse en despidos, todo el coste de ese empleo perdido recaería sobre el Estado.

El Ministerio de Economía, que no comparte la metodología de ninguna de las dos instituciones, eleva el importe de las ayudas inyectadas como consecuencia de la pandemia hasta el 5,2%. Con la nueva aportación anunciada en el Congreso, el importe se elevaría al 6% del PIB cuando el paquete recién anunciado se apruebe.

Se trata de un cálculo más generoso, pero que sigue dejando a España lejos de las grandes economías del euro. Quizás por ello, el presidente elevó en el Congreso el importe de las ayudas hasta los 200.000 millones de euros (próximos al 20% del PIB) al incorporar el dinero que se ha movilizado con los avales y las garantías para los préstamos del ICO, los ERTE y las transferencias a comunidades autónomas.

Precisamente en la fotografía, que también hace el BCE, de los países más generosos en provisión de líneas de crédito para empresas en apuros España sale muy bien parada, muy próxima a Francia, aunque por debajo de Alemania e Italia.

Esa movilización de liquidez solo tendría un impacto negativo en las cuentas del Estado el caso de que las empresas y los autónomos que han recibido los préstamos avalados por el ICO incurran en impagos.

Se trata de un escenario muy posible en este momento y que ha obligado al Ministerio de Economía a buscar fórmulas, junto con la banca, para buscar una salida con posibles quitas (que también impactarían en la deuda pública) sobre la mesa.

Una economía vulnerable

La fuerte dependencia de nuestro modelo productivo a negocios que se basan en la interacción social, junto con la situación vulnerable de las finanzas públicas han hecho que la pandemia afecte más a España que a otros países. Si el histórico desplome del PIB en 2020 no ha tenido el impacto social que hubiera cabido esperar, ha sido gracias a medidas como los ERTE.

Sin embargo, la situación de muchos negocios es agónica y cuando ya se habla de que habrá una cuarta ola, instituciones como el Banco de España han advertido que es urgente aprobar nuevas medidas de apoyo para evitar una oleada de quiebras en España.

Los autónomos acumulan unas pérdidas de 70.000 millones de euros y 300.000 miembros de ese colectivo prevén cerrar su negocio este año, según los datos del último barómetro mensual de la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA).

Su presidente, Lorenzo Amor, reclamó tras escuchar el anuncio de Sánchez que esas ayudas sean "directas" y que lleguen ya en marzo.

También desde la CEOE fuentes consultadas por este periódico subrayaban la importancia de que las ayudas sean directas, dado que los sectores más afectados por la Covid-19 "ya tienen problemas de solvencia".

En este caso, esos 11.000 millones de euros fueron descritos como "una buena noticia", pero las fuentes consultadas evitaron entrar a valorar si la cuantía será o no suficiente para que un volumen importante de empresas aguante hasta el tercer trimestre, cuando el Gobierno prevé que el 70% de la población esté vacunada.

Que no se pierda ese tejido empresarial será clave para acelerar la recuperación cuando la pandemia esté controlada. Por ello, aunque el déficit y la deuda pública estén desbordados hay casi unanimidad entre los economistas a la hora de defender más generosidad con las ayudas directas para las empresas.

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