Bruselas

El Eurogrupo vuelve a discutir este jueves los detalles del fondo de reconstrucción de 750.000 millones de euros basado en la emisión de deuda a gran escala que ha propuesto la Comisión de Ursula von der Leyen para salir al rescate de Italia y España, los países más golpeados por el coronavirus. Los debates preliminares han reabierto la brecha entre los países del Norte y del Sur, con Alemania en una posición intermedia.

Los dos bandos enfrentados discrepan sobre el tamaño del fondo de reconstrucción, sobre los criterios de reparto, sobre si las ayudas deben ser préstamos o subvenciones a fondo perdido y sobre las condiciones que deben exigirse a los beneficiarios. Una fractura que complica y mucho cualquier acuerdo, que debe alcanzarse por unanimidad de los 27 Estados miembros.

De la reunión del Eurogrupo no se espera ningún avance concreto: las discusiones presupuestarias están por encima del nivel salarial de los ministros de Finanzas. La primera gran escaramuza tendrá lugar durante la videoconferencia de líderes europeos programada para el próximo viernes 19 de junio. Pero la batalla final no se espera hasta una cumbre presencial en Bruselas cuya fecha provisional es el 9 de julio.

Para calentar motores, los primeros ministros del autoproclamado club de los frugales (Holanda, Austria, Dinamarca y Suecia) han celebrado este miércoles una videoconferencia con el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel. Se trataba de escenificar que mantienen una unidad sin fisuras justo cuando empiezan los rumores de divisiones internas.

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Von der Leyen sorprendió a propios y extraños al proponer una dotación de 750.000 millones para el fondo de reconstrucción, por encima de los 500.000 millones que acababan de pactar Angela Merkel y Emmanuel Macron. En los primeros debates entre los Veintisiete, Alemania ha defendido volver a su propuesta original, pero de momento no ha dicho que la cifra de Bruselas sea inaceptable. Por su parte, los frugales consideran también que 500.000 millones es el tope máximo que debe tener este fondo.

En contraste, España, Italia y Francia respaldan la propuesta de la Comisión, pese a que inicialmente pedían el doble de dinero, hasta 1,5 billones de euros, para hacer frente a la crisis del Covid-19. "Los 750.000 millones son un tamaño razonable y en todo caso en la franja de las necesidades. Nos preocuparía mucho ir a cantidades inferiores y pensamos que se puede justificar ir algo por encima", explican fuentes del ministerio de Economía.

Criterios de reparto

Según los criterios de reparto que ha propuesto Bruselas, España sería el segundo país que más se beneficiaría del fondo de reconstrucción, ya que podría acceder hasta 140.000 millones de euros entre préstamos y subvenciones. Italia está en primer lugar con 173.000 millones. Al Gobierno de Sánchez, este cálculo le parece "razonable" teniendo en cuenta el tamaño de la economía española, así como el impacto de la pandemia.

Sin embargo, el club de los frugales se queja de que el Ejecutivo comunitario ha utilizado datos antiguos que no están directamente relacionados con esta crisis. Por ejemplo, usa cifras de paro de 2015. Para los países del Norte, el reparto debe basarse única y exclusivamente en el daño económico causado directamente por el coronavirus, puesto que el objetivo de este fondo extraordinario es amortiguar la caída.

Al ministerio de Economía no le preocupa que se cambien los criterios en el sentido de lo que reclaman los nórdicos, puesto que España es uno de los países más afectados económicamente por la pandemia. "Nuestra cuota sería parecida a la que sale ahora", afirman las fuentes consultadas

¿Préstamos o subvenciones?

De los 750.000 millones de euros, Bruselas ha propuesto que 500.000 millones sean subsidios a fondo perdido y 250.000 millones se otorguen en forma de préstamos. El objetivo es evitar que se dispare el ya abultado endeudamiento de Italia y España y que se desencadene otra crisis de deuda. Una preocupación que ya estaba en el plan original de Merkel y Macron, que preveía que el medio billón de euros se distribuyera íntegramente en subvenciones. 

La canciller Angela Merkel, en rueda de prensa virtual con Emmanuel Macron Kay Nietfeld/Reuters

"Las transferencias tienen que ser una parte muy importante del fondo para limitar el impacto en deuda para los países receptores", defienden en el ministerio de Economía. Sin embargo, los miembros del club de los frugales insisten en que las ayudas a Madrid y Roma deben ser únicamente préstamos a devolver. Alegan que tanto la Comisión como el Banco Central Europeo han certificado que la deuda de ambos países es sostenible y que los tipos están en mínimos históricos.

"Creemos que las subvenciones son indeseables, no entendemos por qué se necesitan. En este momento, nos parece que los préstamos son un instrumento perfecto. No vemos ningún problema en los mercados de capital en un futuro próximo", explica un diplomático de un país nórdico.

Condicionalidad

De acuerdo con la propuesta original de la Comisión, si el Gobierno de Pedro Sánchez quiere ayudas para la reconstrucción deberá presentar una solicitud acompañada de un plan de inversión y reformas antes del 15 de octubre. Las reformas deben basarse en las recomendaciones de política económica que la UE dirige cada año a España: por ejemplo, profundizar la reforma laboral para reducir la temporalidad, garantizar la sostenibilidad de las pensiones o firmar un pacto educativo.

"Pensamos que es razonable que se combinen inversiones con reformas que permitan mejorar el crecimiento potencial", explican desde el ministerio de Economía. A la vicepresidenta Nadia Calviño también le parecen bien las prioridades que ha marcado Bruselas: la doble transición digital y verde.

El club de los frugales quiere endurecer las condiciones a cambio de las ayudas. Considera que Bruselas ha flexibilizado excesivamente sus exigencias a los Estados miembros debido a la crisis del Covid-19. Además, sostienen que las recomendaciones de la UE son insuficientes porque no abordan de forma adecuada la cuestión de la resistencia de la economía a largo plazo.

Pedro Sánchez y Giuseppe Conte conversan en una reunión del Consejo Europeo UE

Finalmente, los países del norte piden tener más peso a la hora de decidir si las reformas que propongan España o Italia son o no suficientes y si se concede o se deniega la ayuda. Es decir, que la última palabra no la tenga la Comisión sino los Gobiernos de la UE en el Ecofin o el Eurogrupo.

Devolución de la deuda

Para constituir el fondo de 750.000 millones de euros, Bruselas emitirá por primera vez deuda a gran escala garantizada por el presupuesto plurianual de la UE. España había propuesto que esto se hiciera mediante deuda perpetua, que no tiene que devolverse nunca y de la que se pagan sólo los intereses. El Ejecutivo comunitario desestimó esta opción porque es tabú para los nórdicos y ha propuesto que la deuda tenga un vencimiento a 30 años y se devuelva entre 2028 y 2058.

El club de los frugales ve prioritario el reembolso de la deuda y reclama que empiece a pagarse inmediatamente después de que la crisis haya quedado atrás, es decir, ya desde 2023. Al mismo tiempo, rechaza los nuevos impuestos de la UE que ha propuesto Bruselas para hacer frente a los vencimientos, en particular la tasa a las multinacionales. Eso significa que todos los países tendrían que aumentar su contribución al presupuesto de la UE.

En lo que sí están de acuerdo España y los frugales es en que las ayudas a la reconstrucción deben desembolsarse cuanto antes. Si es posible, ya desde el segundo semestre del año y concentradas en particular en 2021 y 2022. De lo contrario, llegarán tarde para hacer frente a la crisis.

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