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La inflación de la eurozona volvió a acelerarse en septiembre hasta alcanzar el 3,8%, seis décimas más que el mes anterior y el nivel más alto en tres años, debido al encarecimiento de la energía por el enquistamiento de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán, que ha disparado los precios del petróleo y del gas.

La inflación subyacente -el indicador que mide la evolución más estructural de los precios al excluir los componentes más volátiles, como la energía, los alimentos, el alcohol y el tabaco- también repuntó, aunque de forma más moderada: del 2,4% de agosto al 2,5% en septiembre, según el dato adelantado publicado este viernes por Eurostat, la oficina estadística de la UE.

Este nuevo aumento de los precios intensifica la presión sobre el Banco Central Europeo (BCE) para que continúe subiendo los tipos de interés tras el incremento de un cuarto de punto ejecutado el pasado 10 de septiembre, que sitúa ya la tasa de referencia en el 2,5%. La institución dirigida por Christine Lagarde ha insistido en que hará todo lo necesario para devolver la inflación a su objetivo del 2%.

En un discurso esta semana, la representante alemana en el Comité Ejecutivo, Isabel Schnabel, defendió que el BCE debe actuar de forma preventiva para evitar que los elevados precios de la energía se contagien a otros bienes y servicios y alimenten una subida de los salarios.

"Los bancos centrales no pueden esperar a que estos efectos se materialicen. Si los responsables de la política monetaria esperaran a que las empresas subieran visiblemente sus precios y concluyeran las negociaciones salariales, actuarían demasiado tarde", alega Schnabel.

La mayoría de los analistas anticipan que el BCE volverá a subir los tipos un cuarto de punto en su última reunión del año, el 17 de diciembre, aunque el repunte de la inflación podría forzarle a mover ficha ya en octubre.

El principal motor del incremento de la inflación en septiembre vuelve a ser la energía, cuyo encarecimiento cobra impulso hasta el 18,8% interanual en septiembre, frente al 14,3% de agosto.

Pero también cobraron fuerza los alimentos, el alcohol y el tabaco, que pasaron del 1,1% al 1,4%, y los servicios, del 3% al 3,2%. La única excepción fueron los bienes industriales no energéticos, cuya inflación se moderó del 1,2% al 1,1%.

España se desmarca por arriba entre las grandes economías de la eurozona. Su índice de precios de consumo armonizado alcanzó el 5% en septiembre, cuatro décimas más que en agosto y más de un punto por encima de la media del área del euro, ampliando la brecha de inflación con sus principales socios y deteriorando su competitividad.

A continuación se sitúa Italia, donde la inflación sube nueve décimas, hasta el 4,1%; Alemania, con un repunte de cuatro décimas, hasta el 3,3%; y Francia, donde el nivel de precios también se dispara del 2,6% al 3,4%.

Los países de la eurozona que registraron una inflación más alta en septiembre fueron Lituania (6,1%), Bulgaria (5,6%) y Chipre y Luxemburgo (5,2%). En el extremo contrario de la clasificación, los Estados miembros con menor presión de precios son Malta (2,4%), Finlandia (2,6%) y Letonia (2,9%).