Publicada
Actualizada
Las claves

La gran referencia macroeconómica de la semana ya está aquí y los analistas de mercado lo tienen claro: el Banco Central Europeo (BCE) no tocará los tipos de interés en su próxima reunión, que tendrá lugar este jueves 23 de julio. Sin embargo, las nuevas tensiones en Irán complican la hoja de ruta de su política monetaria.

La institución monetaria se enfrenta a su cuarto encuentro del año y llega a la cita en medio de un contexto agridulce y lleno de incertidumbre.

Por un lado, el índice de precios al consumo (IPC) de la eurozona se moderó en junio tras cuatro meses consecutivos al alza, lo que da un respiro al banco central. Por otro, la reanudación de los ataques entre EEUU e Irán en Oriente Próximo vuelve a poner en jaque a la institución monetaria por el repunte del precio de la energía y los riesgos inflacionarios que esto conlleva.

Pese a ello, el consenso del mercado es tajante. El guardián del euro esperará a septiembre para realizar ajustes en su política monetaria y mantendrá congelados los tipos en el 2,25% en la reunión de este jueves.

De hecho, este es el mantra que articula el informe de Bank of America sobre la inminente decisión del BCE. Sus analistas estiman que el banco central no tocará el precio del dinero en esta ocasión y que pospondrá un posible movimiento en la política monetaria hasta la primera reunión tras el verano, la del próximo 10 de septiembre.

Asimismo, exponen que en el momento actual "no hay una sensación de urgencia" lo suficientemente grande como para subir las tasas y calculan que, aunque la institución monetaria eleve el precio del dinero en hasta dos ocasiones en lo que resta de año, los tipos no superarán el 2% a finales del 2027.

Mismo consenso para los expertos de casas de análisis y gestión como Ebury, Natixis, Pimco, Julius Baer, Link Securities, Renta 4 o Santalucía AM. Sus analistas descuentan que la institución presidida por Christine Lagarde mantendrá los tipos en el 2,25%, nivel en el que se encuentran tras la subida que hizo el banco central en su última reunión.

Reaparecen los riesgos

Sin embargo, los estrategas ponen el foco en los riesgos —principalmente inflacionarios— a los que se enfrenta el Banco Central Europeo, especialmente después de que EEUU e Irán hayan vuelto a lanzarse ataques mutuamente tras terminar con el alto el fuego que acordaron en el memorando de paz a 60 días que pactaron hace algo más de un mes.

El repunte de las tensiones en Oriente Próximo ha vuelto a poner al estrecho de Ormuz en el punto de mira de los inversores. De hecho, los ataques a buques, algunos petroleros, en el enclave estratégico llevan sucediéndose desde hace poco más de una semana.

Esto, sumado al encarecimiento de los precios del petróleo desde que se reanudó la ofensiva entre Washington y Teherán, obliga al BCE a reajustar las expectativas de inflación que actualizó en su último encuentro.

Por ello, y aunque esta vez el banco central no emitirá proyecciones macroeconómicas, habrá que estar atentos al tono de la rueda de prensa posterior a la reunión y esperar a ver cómo evoluciona la situación en Oriente Próximo, en el contexto de un conflicto que ya obligó al banco central a subir los tipos de interés por primera vez en tres años en su último encuentro.

Último movimiento

En dicha reunión, la del pasado 11 de junio, la institución de Lagarde elevó las tasas en 25 puntos básicos, hasta llegar al 2,25%. Fue la primera vez que el BCE tocó la política monetaria en un año, en una decisión que se tomó por unanimidad ante el shock energético provocado por la guerra en Irán.

Así lo destacó Lagarde en su comparecencia posterior a la reunión, donde también advirtió de que este movimiento se trataba de una subida preventiva y aseguró que no iba a ser el inicio de un ciclo de alzas rápidas como el que prosiguió al estallido de la guerra en Ucrania.

Freno a la inflación

La subida del precio del dinero fue la respuesta de la institución monetaria al repunte de la inflación en el Viejo Continente. El índice de precios al consumo (IPC) de la eurozona se disparó en marzo hasta el 2,5% —desde el 1,9% que tocó en febrero— tras el estallido del conflicto en Irán y el simultáneo bloqueo de Ormuz.

De hecho, la inflación se ha mantenido cuatro meses al alza —desde febrero hasta mayo— en el conjunto de la zona euro.

Una presión para el banco central que se alivió el pasado mes de junio, cuando el dato de IPC se moderó hasta el 2,8% desde el 3,2% que había llegado a alcanzar en mayo, motivado principalmente por la pausa del encarecimiento energético.

La relajación del aumento de los precios hubiera sido la justificación perfecta para que el mercado pronosticase que el BCE pausaría las alzas en los tipos y que la subida de junio se quedase en un movimiento aislado. Sin embargo, los analistas exponen que el recrudecimiento de las tensiones en Oriente Próximo provocará un giro hawkish en la política monetaria.

Con todo, el endurecimiento en la hoja de ruta del BCE se traduciría, según el banco de inversión Natixis, en dos subidas adicionales de 25 puntos básicos de aquí a final de año. Pimco, Julius Baer o Renta 4 se muestran algo más prudentes y sólo descuentan un alza en las tasas, la que vendría en la reunión de septiembre.