Mario Draghi pone fin este jueves a sus ocho años en la presidencia del Banco Central Europeo (BCE). ¡Y menudos ocho años! Han sido tan intensos, tan desafiantes, tan laberínticos, que su mandato, sin duda, será estudiado, analizado y diseccionado hasta el extremo. La historia ya le ha hecho un hueco, porque lo acontecido desde aquel 1 de noviembre de 2011 en el que sucedió al francés Jean-Claude Trichet para convertirse en el tercer presidente de la institución ha quedado grabado a fuego. 

Noticias relacionadas

A decir verdad, eso sí, Draghi se irá fisicamente, pero su obra aún perdurará un largo periodo de tiempo. Se ha encargado de dejarlo todo atado y bien atado a su sucesora, la francesa Christine Lagarde, que desde este viernes será la primera presidenta de la entidad y que, en lo que respecta al campo monetario, se lo encontrará todo prácticamente hecho. 

Así lo quiso el banquero central italiano con la batería de medidas que anunció en septiembre, varias de las cuales o acaban de entrar en vigor o lo harán en noviembre. En ese cónclave monetario, el BCE bajó los tipos de interés de la facilidad de depósito del -0,40% al -0,50% y anticipó que incluso pueden bajar más o que, como poco, estarán donde están hasta 2022; reactivó las compras de activos en el mercado (QE2), aparcadas en diciembre de 2018 y que volverán a escena desde el 1 de noviembre; instauró un nuevo sistema para que los bancos paguen menos intereses por su exceso de reservas ('tiering'); y mejoró las condiciones de su programa de financiación bancaria a largo plazo condicionada (TLTRO III), cuya primera operación trimestral tuvo lugar en septiembre y que celebrará la última en marzo de 2021.

"Draghi es el hombre que realmente entiende cómo funciona nuestro sistema económico y afortunadamente para Europa pudimos contar con él en los momentos más delicados"

Toda un andamiaje monetario que sobrevivirá al mandato de Draghi y que, en todo caso, exigirá retoques por parte de Lagarde, que podrá centrarse así en el terreno donde está llamada a ser protagonista y a generar un nuevo impulso para el BCE: el de presionar a los políticos y las autoridades europeas para que den un paso adelante con la política fiscal y no dejen sola a la monetaria en el cometido de revitalizar el decadente crecimiento de la Eurozona. Completar la Unión Bancaria será otro de sus cometidos. Iniciada bajo los años del italiano, aún dista de estar sellada. La ausencia de un Fondo de Garantía de Depósitos (FGD) constituye el principal escollo que resta por definir. Todo ello es un asunto de despachos, de pasillos y conversaciones en zonas nobles, en las que Lagarde está más que curtida 

"EL SALVADOR DEL EURO"

Draghi, por tanto, pervivirá en las medidas activadas en su mandato que permanecerán en el de Lagarde. Pero su marcha es un hecho, y entre los expertos no se duda de la talla y de la relevancia adquirida por el banquero central italiano en estos ochos años. En especial, por el ya legendario mensaje que pronunció el 26 de julio de 2012, cuando se comprometió a "hacer todo lo que sea necesario para salvar al euro". "Y créanme, será suficiente", remachó. 

"Con su compromiso de 2012 salvó al euro. Cualquier europeísta debería estar agradecido a Draghi. Es el personaje más decisivo del siglo XXI en el proyecto de construcción europeo"

Y lo ha sido. El euro continúa con vida y cuenta con un banco central más equipado para protegerlo. "La valoración de los años de Draghi es muy positiva", afirma Josep Prats, gestor de los fondos Abante European Quality y European Quality Pensiones. Y añade de manera clave: "Lo que ha hecho Draghi trasciende lo que es estrictamente la política monetaria. Está claro que con su compromiso de 2012 salvó al euro. Cualquier europeísta debería estar agradecido a Mario Draghi. Es el personaje más decisivo del siglo XXI en el proyecto de construcción europeo". 

"Mario Draghi será recordado por haber contribuido, gracias a su política monetaria, a evitar una crisis en la zona euro que podía haber provocado su disolución", sostiene igualmente Juan Ramón Casanovas, de Bank Degroof Petercam Spain. "Mario Draghi es el hombre que realmente entiende cómo funciona nuestro sistema económico y afortunadamente para Europa pudimos contar con él en los momentos más delicados", afirma sin rodeos Mondher Bettaieb, director de crédito de Vontobel AM. "Nos deja un sistema financiero mucho más saludable con tipos muy asequibles y programas que permiten seguir estimulando la actividad económica y el consumo de los consumidores", añade.

El balance, por tanto, es positivo. Principalmente, por las extremas dificultades con las que tuvo que lidiar en el primer año de su presidencia y la presteza con la que las solventó. Ser capaz además de protagonizar un acto tan concreto como el del 26 de julio y apuntalar de una manera tan colosal su autoridad lo han convertido prácticamente en una leyenda viva

TRES HERENCIAS EN UNA

Ahora bien, no deja una herencia sencilla. Sobre todo, por tres motivos. El primero, que precisamente su 'obra' aún sigue y seguirá vivia durante un tiempo, pero ya no será él quien la conducirá, con las toneladas de responsabilidad que eso supone para Lagarde.

Aunque ella ya se ha alineado con las medidas de Draghi, incluso con las más recientes, en el campo monetario no cuenta con la autoridad ni las credenciales del italiano para sostenerlas. Y con las grietas abiertas en las últimas semanas en el Consejo de Gobierno de la entidad, puesto que las iniciativas de septiembre no fueron acordadas por unanimidad, Lagarde tendrá que hilar muy fino para marcar su terreno desde el principio, porque 'otros' ya se lo están marcando. En este cometido, el papel del economista jefe de la entidad, Philip Lane, se antoja clave para la nueva presidenta

El segundo motivo reside en la división del Consejo. Draghi ha sido un 'maestro' a la hora de sacar al BCE de los terrenos y los ritmos en las que estaba acostumbrado a moverse; ha sido capaz de empujar al Consejo hacia decisiones impensables, incluso. Y lo ha hecho con la determinación de quien sabe que no se puede esperar, que hay que hacer lo que hay que hacer sin aguardar a que todos estén de acuerdo y sin importar sl 'alguien' disiente o se queda por el camino. Es decir, no ha dudado en hacer prevalecer su criterio sobre el del Consejo o sobre la búsqueda de consensos cuando lo ha entendido preciso. Lagarde deberá edificar ahora su estilo de gestión, y el Consejo de Gobierno ya la espera 'con ganas' tras las recientes tensiones.  

Y el tercero no es otro que la sombra de Draghi, su autoridad, tan alargada que hoy parece infinita. Soportarla, tolerar las comparaciones y construir su propio relato constituirá posiblemente el primer gran desafío de Lagarde. 

Lo hará desde mañana, cuando empezará una nueva era. La suya, la de Christine Lagarde. Hoy acaba otra, una que parecia que nunca tendría fin, pero que expira este jueves. La de Mario Draghi, el banquero central que, dentro de su mandato, por supuesto, ha esculpido un nuevo BCE.