Comienza 2026 y Europa vuelve a enfrentarse, casi sin transición, a una nueva crisis geopolítica con implicaciones económicas profundas. Cuando parecía que el debate sobre los aranceles quedaba atrás, resurgen las amenazas de subidas comerciales ligadas al control de Groenlandia. Un recordatorio incómodo de que la estabilidad económica, la competitividad y la autonomía estratégica siguen estando en el centro del tablero global.

No es casualidad que este contexto marque la agenda del Foro Económico Mundial de Davos, donde líderes políticos, empresariales y sociales volverán a reunirse bajo una premisa tan ambiciosa como necesaria: “mejorar el estado del mundo mediante la cooperación público-privada”. Este año, además, el lema elegido, El espíritu del diálogo, no puede ser más oportuno. Dialogar hoy no es solo escucharse, sino decidir con rapidez, ejecutar con eficacia y actuar con visión de largo plazo.

Uno de los ejes recurrentes en Davos, y cada vez más determinante, será el impacto de la innovación y la digitalización en la economía, en la sociedad y en el equilibrio geoestratégico global. Innovación y digitalización no son conceptos aspiracionales, son palancas estructurales que condicionan la competitividad industrial, la sostenibilidad ambiental, la defensa, la cohesión social y, en última instancia, el posicionamiento de los países en el mundo.

Europa invierte en innovación y digitalización, y gracias a ello crece. Pero no lo hace al ritmo ni con la eficiencia de otros competidores globales. Estados Unidos y Asia están movilizando más recursos, con menos fricción regulatoria y con mayor agilidad en la ejecución. El resultado es evidente: crecen más rápido y refuerzan su liderazgo tecnológico.

Si Europa -y España dentro de ella- aspira a tener una voz relevante en el diálogo global, necesita reforzar de forma decidida su apuesta por la innovación y la digitalización, tal y como apuntan los informes de Draghi y Letta. Y, hacerlo, además, simplificando una burocracia que hoy penaliza la eficiencia de la inversión pública y privada en ámbitos estratégicos.

Davos debe ser un espacio de reflexión, sí, pero también un punto de inflexión. Pensar dónde estamos y hacia dónde queremos ir es imprescindible, pero el tiempo para planificar sin ejecutar se agota. Europa y España deben actuar con sentido de urgencia, facilitando la innovación y la digitalización mediante políticas eficaces, valientes y, cuando sea necesario, disruptivas. Tenemos talento, un tejido empresarial sólido, universidades y centros tecnológicos de primer nivel, y una historia de éxito que nos avala. Lo que no tenemos es tiempo que perder: cada segundo cuenta en esta carrera del siglo XXI.

La industria y la sociedad están preparadas. Ahora necesitamos una legislación europea y española más ágil, inversiones potentes en tecnologías clave y administraciones públicas con visión de país, capaces de mirar más allá de una legislatura. Administraciones que colaboren activamente con las empresas que innovan, crean empleo y generan el valor necesario para sostener el estado del bienestar que tanto ha costado construir.

Creo firmemente en el diálogo y en la fuerza de la colaboración: público-privada, privada-privada y, por supuesto, pública-pública. La coordinación entre ministerios, entre el Gobierno y las comunidades autónomas, entre estas y las administraciones locales es esencial para que las políticas sean coherentes y efectivas. Sin esa coordinación, cualquier estrategia pierde impacto.

El año arranca, además, con tecnologías que ya están marcando el presente y definirán el futuro. La inteligencia artificial avanza con fuerza y se integra de forma acelerada en empresas y administraciones públicas. La ciberseguridad seguirá siendo una prioridad de inversión, no solo por su impacto económico, sino por su valor estratégico y su dimensión dual en el ámbito de la defensa. Las tecnologías cuánticas, declaradas por Naciones Unidas como foco internacional en 2025, comienzan a mostrar resultados tangibles, también en España, donde se han realizado inversiones relevantes.

La combinación de robótica e inteligencia artificial abre un nuevo horizonte de oportunidades en todos los sectores, especialmente en la industria. Los gemelos digitales evolucionan y facilitan el mantenimiento predictivo, la eficiencia operativa y el despliegue de nuevos servicios tanto en entornos urbanos como industriales. Todo ello exige, además, seguir invirtiendo en infraestructuras críticas: conectividad, centros de datos y redes eléctricas, sin las cuales ninguna de estas tecnologías puede desplegarse con éxito.

Si hablamos de sectores donde la innovación y la digitalización son ya determinantes para la competitividad en España, destacan claramente la salud, la agricultura, la movilidad sostenible y el turismo. Y precisamente esta semana se celebra Fitur, una de las ferias más significativas del calendario internacional.

España es el segundo país del mundo en recepción de turistas (97 millones en 2025), pero también lidera y exporta soluciones digitales para la gestión del turismo en todas sus dimensiones. Desde los destinos turísticos inteligentes hasta la optimización de flujos y servicios, muchas de esas tecnologías estarán presentes en Fitur y reflejan una fortaleza poco reconocida.

Arranca 2026 con retos evidentes y oportunidades extraordinarias. Estoy convencido de que, con esfuerzo colectivo, visión estratégica y decisiones valientes, saldremos más fuertes. El diálogo es imprescindible, pero debe ir acompañado de acción. Porque el futuro no se debate: se construye.

*** Francisco Hortigüela, presidente de Ametic.