Enrique Molina.
El Gobierno ha sorprendido a todos y ha decidido retrasar un año la llegada de Verifactu y el cambio en los sistemas de facturación de pymes y autónomos. Ha sido una de las noticias económicas más comentadas de las últimas semanas. En el nuevo escenario, será a partir del 1 de enero de 2027 cuando todas las empresas que no estén adscritas al Suministro Inmediato de Información (SII) de la Agencia Tributaria, obligatorio para las medianas y grandes compañías con ingresos superiores a los seis millones de euros anuales, tendrán que contar con sistemas de facturación que cumplan con la llamada ‘Ley antifraude’ y que permitan conectarse con el sistema Verifactu, diseñado para remitir de forma instantánea y automática las facturas a Hacienda. Esto supone que casi tres millones de pymes tendrán que adaptar sus programas de contabilidad a lo largo de 2026.
El objetivo de la ‘Ley antifraude’ y Verifactu, como se ha dicho tantas veces, es reducir el fraude fiscal de las empresas eliminando las dobles contabilidades y los registros en ‘B’. Y en este caso el combate tiene como piedra angular el software. Y por eso la normativa obliga a las pymes a adoptar programas que permitan seguir la trazabilidad de los registros contables e impida la manipulación de los datos a espaldas de Hacienda.
En un segundo acto, a partir del 1 de julio de 2027 según los nuevos plazos, serán los autónomos (unos 3,5 millones en España) los que tendrán que adaptarse a la ‘Ley antifraude’ y Verifactu. Estamos, pues, ante un cambio colosal de los procesos de facturación del tejido productivo de este país. De una magnitud nunca vista desde la entrada del IVA en 1986, hace casi cuatro décadas.
Sin embargo, y a pesar del inesperado retraso del Gobierno, en el medio plazo Verifactu dejará de ser una novedad y un motivo de inquietud para las pymes y autónomos de este país. Y las compañías volverán a poner como gran prioridad la automatización, ese concepto que sobrevuela la historia de la innovación empresarial y que ahora vuelve a entrar en ebullición. No queda otra en los tiempos que corren.
Por eso, según avance 2026 y 2027 una pregunta volverá a tener el protagonismo que debe en la mente de los gestores empresariales, más allá de los cambios normativos en curso: ¿qué está haciendo mi empresa para aprovechar la ola de automatización que vivimos, que tiene su mayor referente en la llegada y el desarrollo de la inteligencia artificial? No es una cuestión baladí y en juego está la competitividad futura de las compañías de este país. Pues las empresas de otros países no se van a quedar estancadas y también están abordando todas estas innovaciones. La aplicación de la IA a los procesos sigue siendo hoy una ventaja diferencial, pero a medio plazo se convertirá en un requisito básico para la supervivencia del negocio.
Las cifras son esperanzadoras. El II Barómetro europeo de IA de EY, publicado hace unos meses, confirma que la actitud positiva hacia la IA es generalizada entre el empresariado español (hasta un 75% hace una lectura favorable) y los resultados ya se empiezan a ver. Así, un 70% de las empresas reporta a estas alturas beneficios o ahorro de costes y un 77% afirma haber mejorado la productividad gracias a esta tecnología. Estas cifras, además, sitúan a España como uno de los mercados más avanzados del continente, y muy por encima de la media europea. Por su parte, el Índice de Tendencias Laborales de 2025 de Microsoft corrobora que los gestores empresariales en España han visto claramente los beneficios de la IA, y casi un 90% planea recurrir a medio plazo a agentes autónomos para ampliar la capacidad operativa de sus empleados. De todas formas, no hay que confiarse. Europa está por detrás de Estados Unidos y China, sobre todo en desarrollo y aplicación de IA. Y en este ámbito vuelve a reproducirse también la brecha entre compañías en función de su tamaño. Y es que en las grandes empresas el grado de penetración de la IA multiplica el que exhiben las pymes y las microempresas, que sufren en este aspecto por el desconocimiento, la falta de recursos financieros y la escasez de profesionales.
A grandes rasgos, el uso de la IA en las empresas españolas se concentra principalmente en la optimización de procesos internos (automatización de tareas) y en marketing y ventas. Los españoles y las empresas de este país se han lanzado a usar la IA, aunque la innovación pura y el desarrollo de soluciones propias basadas en esta tecnología tiene menos recorrido que en otros países, como nos lleva advirtiendo la propia Microsoft en los últimos años.
Yendo un poco más al detalle, y en el ámbito de los departamentos comerciales y de marketing, la inteligencia artificial y la automatización a la que da lugar sobre todo aportan personalización y análisis del comportamiento de los clientes. Así, los chatbots, por ejemplo, generan respuestas inmediatas y personalizadas a consultas frecuentes, mejorando la satisfacción y liberando a los agentes humanos, que pueden dedicar su tiempo a la resolución de problemas más complejos. En internet, los algoritmos analizan el historial de navegación y compra de los usuarios para crear campañas de marketing muy segmentadas y ofrecer recomendaciones de productos a medida, aumentando las tasas de conversión. Y, por otra parte, la IA es capaz de pronosticar tendencias de mercado y el comportamiento futuro de los clientes, permitiendo a los equipos de ventas adelantarse a los acontecimientos.
En el mundo de las finanzas y la contabilidad, la automatización es sinónimo sobre todo de precisión, velocidad de procesamiento de la información y prevención de riesgos. Así, el procesamiento de facturas, las conciliaciones bancarias y la generación de nóminas se vuelven tareas automáticas, reduciendo errores y costes operativos. Los sistemas de IA también permiten detectar fraudes con mayor rapidez que los métodos tradicionales gracias al análisis de patrones. Y, por último, genera informes financieros detallados y es capaz de predecir presupuestos y simular diferentes escenarios de mercado (what-if scenarios), facilitando la toma de decisiones a nivel directivo.
En la parte de gestión de operaciones y logística, la automatización sobre todo mejora la eficiencia. La IA aplicada a la cadena de suministro permite predecir con precisión la demanda y gestionar inventarios, minimizando el exceso o escasez de stock en los almacenes. También ayuda a optimizar rutas de envío y distribución, con los consiguientes ahorros de tiempo, combustible y duración de las entregas. A nivel de fábrica, una Inteligencia Artificial que se conecte a los sensores y sea capaz de analizar sus datos permitirá anticipar fallos en la maquinaria y disminuir tiempos de parada y costes de reparación.
Y un último ámbito donde la IA está provocando una revolución es la gestión de recursos humanos, con la automatización del cribado y evaluación inicial de currículums, por ejemplo. O con evaluaciones más objetivas de los datos de rendimiento de cada empleado y el diseño de rutas de aprendizaje personalizadas.
Todos estos beneficios de la IA ya están al alcance de las empresas que quieran invertir en soluciones específicas y en formar a sus plantillas para dar este salto tecnológico. Porque, una vez pase la marejada de la adaptación de las compañías a la ‘Ley antifraude’ y Verifactu, la automatización generada por la IA quedará como el gran tema en la conversación de los empresarios de este país. El futuro está en juego.
*** Enrique Molina es Data & Prodware Director en Prodware