Pablo Mazón, CEO y fundador de Movilia.

Pablo Mazón, CEO y fundador de Movilia. Movilia

Opinión FAST & FORWARD

Cambiar de software no es transformarse: es admitir que elegiste mal al 'partner'

Pablo Mazón
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Durante años, la respuesta automática ante cualquier problema operativo fue siempre la misma: cambiar de software. Si algo no escala, si los datos no alcanzan, si la operación se vuelve más compleja, se busca otra herramienta. El mercado tecnológico se encargó de reforzar esta lógica, ofreciendo “la solución definitiva” para cada nuevo estadio del negocio. El problema es que esa promesa rara vez se cumple. 

Hoy, en muchas grandes organizaciones, la transformación digital se parece más a una sucesión interminable de reemplazos que a una estrategia de largo plazo. Nuevas plataformas, nuevos proveedores, nuevos discursos… y los mismos problemas reapareciendo unos años después. No porque la tecnología sea mala, sino porque el enfoque es equivocado desde el inicio. 

El error está en pensar que el reto es elegir el software perfecto. No lo es. El verdadero reto es asumir que ese software, por bueno que sea hoy, quedará obsoleto mañana si no puede evolucionar al ritmo del negocio. Y ahí aparece una verdad incómoda: la mayoría de las soluciones del mercado están diseñadas para un momento concreto de madurez, no para acompañar una evolución real. 

Las empresas no crecen de forma lineal. Cambian sus operaciones, sus modelos de negocio, sus estructuras y su forma de tomar decisiones. Sin embargo, se les sigue ofreciendo tecnología cerrada, rígida y estandarizada, pensada para un cliente 'tipo' que no existe. Cuando esa solución deja de encajar, la recomendación es casi siempre la misma: migrar. Empezar de nuevo. Asumir el coste. 

El resultado es predecible. A medida que la empresa crece, el software, que alguna vez fue suficiente, empieza a quedarse corto. No es lo mismo gestionar una flota de cinco vehículos que operar cien, ni atravesar un crecimiento acelerado que lleve a pasar de cinco a cincuenta unidades en apenas dos años.

Entonces llega el momento del cambio, y con él, un coste que rara vez se mide bien: nuevos procesos, nuevas formaciones, resistencia interna, tiempo perdido y, en muchos sectores -como ocurre en la gestión de flotas- incluso el reemplazo de infraestructura o hardware instalado. 

Cada nuevo salto tecnológico promete resolver los límites del anterior, pero a menudo introduce una sensación conocida para quienes lideran operaciones complejas: volver a empezar. Otra vez. 

Lo paradójico es que esto ocurre en un momento en el que la tecnología nunca fue tan fácil de replicar. Hoy, las ventajas técnicas duran poco. Cualquier avance relevante se copia rápido. La inteligencia artificial acelera aún más este proceso. En este contexto, creer que la diferenciación está en una funcionalidad concreta o en una plataforma específica es, como mínimo, ingenuo. 

La verdadera diferencia ya no está en el software, sino en quién lo gobierna, lo adapta y lo hace evolucionar. En contar con un partner capaz de entender el momento exacto de la empresa, sus límites actuales y sus necesidades futuras. Un partner que no empuje una solución estándar, sino que construya una respuesta a medida y la transforme a medida que el negocio cambia. 

El futuro no será de las herramientas que prometen servir para todos, sino de los socios que asumen la complejidad real de las organizaciones. Los que entienden que la digitalización no es un proyecto puntual, sino un proceso continuo. Y que cambiar de software cada vez que el negocio crece no es una estrategia: es una señal de que algo falló antes. 

Porque, al final, la transformación digital no fracasa por falta de tecnología. Fracasa por elegir proveedores que no pueden -o no quieren- evolucionar con sus clientes. 

Y en un mercado donde el cambio es permanente, la ventaja competitiva ya no está en la herramienta. Está en quién es capaz de hacerla evolucionar contigo. 

***Pablo Mazón es CEO y fundador de Movilia